Aníbal, el inmortal - parte 3

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7- ANÍBAL, EL INMORTAL 

Pero al otro mes Aníbal volvió a morir y para en esta ocasión un canal de televisión capitalino vino a cubrir el evento, o mejor dicho, los eventos, porque se quedaron hasta el otro día donde transmitieron en vivo para todo el país la increíble nueva resurrección de Aníbal. 

   Pobre Aníbal, respondió como quinientas veces las mismas preguntas. ¿Es cierto que hay un túnel? ¿Vio la luz? ¿Habló con Dios? ¿Qué cara tiene? A las tres de la tarde Aníbal consiguió desvencijarse de los micrófonos argumentando que tenía ganas de ir al baño. A los tres días Estevanéz lanzaba el cuarto cuento: "Aníbal, el inmortal", otro suceso de ventas. 

8- EL ENIGMA ANIBAL

Para cuando sucedió la nueva muerte de Aníbal, al mes siguiente, ya dada por sentada de antemano por todo el mundo, un equipo de científicos alemanes apareció por el pueblo, cargando equipos modernos que nadie sabía para que servían pero que los alemanes dijeron que era para estudiar el "Enigma Aníbal", como lo llamaron. 

   En esta nueva muerte de Aníbal el clima ya no era de tristeza sino más bien festivo. Alrededor del gimnacio se llenó de carritos con choripán y parrillas donde no faltaban los chinchulines rellenos con chimichurri. Un vendedor de sanguches de milanesa tuvo la idea de bautizar a su producto y escribió en un pedazo de cartón: "Chegusán, como le gustaban a Aníbal" y, en seguida, el vendedor de choripán de enfrente se apresuró a copiarlo escribiendo, antes que a otro se le ocurriera: "Choripán, como le gusta a Aníbal". Este nuevo slogan más acertado, ya que Aníbal nunca moría completamente sino por unas pocas horas, como unas minis vacaciones de la vida. Ya en la entrada del gimnacio Estevanéz había montado una banca donde vendía como loco los cuentos del muerto no muerto del todo. Al otro día, cuando Aníbal volvió de nuevo de la muerte, una multitud lo esperaba afuera del cementerio con los cuentos en una mano y lapiceras en la otra para que les autografiara los cuentos. Aníbal ya era una celebridad. 

9- MÁS PORFIADO QUE LA MUERTE 

Aníbal pensó que amigos son los amigos y todo lo demás es negocio, así que tendría que conversar seriamente con Estevanéz, que ya escribía las primeras líneas del próximo cuento: "Más porfiado que la muerte". 

   Después de pasar quince días estudiándolo exhaustivamente los alemanes dijeron que Aníbal moría y resucitaba sin ninguna razón aparente, luego reunieron sus equipamientos y se marcharon. 

   Como era de esperarse, al mes siguiente Aníbal, ya socio de Estevanéz, volvió a morir. Para este velorio la humareda del festín fue tan grande que la nube de humo cubrió los cielos de varios pueblos vecinos, actuando como aviso, porque cuando esto sucedió todo el mundo pensó o dijo casi lo mismo: "Aníbal ha vuelto a morir otra vez". 

   Esta vez Santa Carmen fue invadido por centenares de ómnibus. Uno de ellos exclusivamente con  chinos. Ellos dijeron ser turistas, pero todo el mundo creyó que eran científicos disfrazados de turistas para intentar descubrir qué hacía resucitar a Aníbal. 

   ¿Cómo fue que se enteraron ustedes?, le preguntó el intendente a uno de los chinos. 

   Fue pol el olol de los cholipanes que llegó hasta Belglano "ELE", mientlas lecolíamos el balio chino, dijo el chino (confundiendo la "R" con la "C" que identifica al barrio capitalino con su homónimo, el cual no tiene barrio chino); cosa que nadie creyó, más bien pensaban que fuese una investigación secreta que encerraba un secreto mayor aún: hacer resucitar a Mao Tse Tung. Entretanto los chinos, entre sonrisas complacientes típicamente chinas, continuaban alabando los "liquísimos cholipanes". Ya entre los que no creían en conspiraciones descabelladas las preguntas que se hacían giraban alrededor del resucite de Aníbal; para la mayoría no había otra explicación que un milagro de Dios, pero un viejo discordaba y declaraba a los cuatro vientos que la única explicación posible era que Aníbal sufría de catalepsia crónica, 

10- UN AÑO DESPUÉS...   

Un año después de la primera muerte de Aníbal, el pueblo ya era otro. ¿Comprar zapatos, ropas, muebles?, solo yendo a otro pueblo, porque todos los comercios habían cambiado de rubro: ahora todos (menos los de alimento o servicios como los de mecánica, de electricidad, de construcción y, claro, los funerarios, que ahora promocionaban los ataúdes con dos criques hidráulicos botella incluidos) vendían los souvenires "Aníbal", que iban desde llaveros hasta estampitas. Estevanés ya producía los libros de cuentos sobre Aníbal en la imprenta propia a escala industrial, ya sea con nuevos cuentos o los mismos con ligeras alteraciones, al final la gente ya los compraba como recuerdo más que por la lectura en sí. La parte más difícil, decía él, era ponerles los títulos, ya que lo único que hacía Aníbal era morir y resucitar. Ya los amigos íntimos, a principios de año, habían abierto una agencia matrimonial porque todas las chicas y las solteronas querían casarse con Aníbal. La innovación matrimonial consistía en que era un casamiento que duraba solo un mes, con derecho a álbum de fotos del casorio y luna de miel en alguna estancia de los alrededores, hasta la próxima muerte de Aníbal donde una nueva agraciada era elegida, lógicamente, por el propio Aníbal, por las dudas, no vaya a ser que le tocara aguantar un mes entero un bagallo fulero. Ésto acarreó que el pueblo y los pueblos vecinos empezaran a llenarse de ex viudas momentáneas, pero lejos de crear una antipatía subjetiva por parte de los varones contra Aníbal, como se pensaría, al contrario, lo veían como una honra porque Aníbal les confería a las falsas viudas una especie de pedigree que las hacía especiales. 

   Y como una plaga, nuevos chinos o probablemente los mismos (¿cómo saberlo si son todos iguales?) se establecieron en el pueblo y abrieron supermercados (como no podía ser de otra manera), suscitando la vieja sospecha de que era otro plan para descubrir el secreto de Aníbal para resucitar al "Gran Timonero", aunque ellos negaban con la misma disculpa para todo el mundo: que habían venido a instalarse en el pueblo por causa de los "licos cholipanes con chimichuli". 

 


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