Wupy - parte 2

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III 

Wupy se mantuvo quieto en un rincón durante el resto del dí­a, observando a Sven que correteaba feliz por toda la casa con su nueva mascota, y a Fergusson, que los contemplaba con una sonrisa de fotografía. Y cuando Hanna llegó del trabajo la vio sumarse a su marido en la contemplación de su pequeño retoño que jugaba contento con su mascota de verdad. Cuando todos se fueron a dormir el robot se asomó al cuarto de Sven, el niño dormía plácidamente abrazado al perrito. Los contempló durante bastante tiempo y luego se retiró a su gabinete, donde permaneció en modo stand-by hasta el amanecer. 

Apenas el sol despuntó en el firmamento del planeta rojo, Sven saltó de la cama y corrió hacia la cocina cantando como solo un niño feliz consigue hacerlo; pasó delante de Wupy sin notar su presencia, seguido por el perrito que le hacía fiesta con la colita inquieta y dando graciosos saltitos. Así se la pasaron hasta que los padres del chico se fueron a trabajar. Inadvertido sobre la orden de no sacar a pasear aún a las mascotas verdaderas en los espacios públicos hasta que la ciudadela estuviera plenamente adaptada para recibirlos, a Sven se le ocurrió salir a pasear a la plaza, en frente de su casa. Sven y su simpático cachorrito, apenas llegaron a la plaza se convirtieron en la atracción de los paseantes, principalmente de los otros niños que jugaban allí­. Pero algo salió mal y el sistema perfecto de la colonia marciana dejó de serlo. El perrito corrió enloquecido a toda carrera detrás de las rueditas de luces coloridas de las patinetas de dos niñas que pasaron por ellos, no dando oídos a los llamados de Sven. En la esquina de la plaza la pequeña bolita peluda, al querer hacer la curva, perdió el equilibrio y resbaló, yendo a parar casi al medio de la calle. Un vehículo que no esperaba que nadie cruzara la calle, y mucho menos un perro, no consiguió frenar a tiempo y acabó arrollando al perrito. Wupy, que observaba a su pequeño amo y al perrito desde una ventana, apenas vio el accidente inmediatamente, a través de una alarma interna, informó lo ocurrido a los padres de Sven. 

   Sven lloraba desconsoladamente en los brazos de su madre como jamás lo habí­a hecho antes mientras que Fergusson le acariciaba la cabeza y le prometí­a encargar otra mascota ese mismo dí­a. Entretanto, ninguno de los tres notó la presencia plateada de Wupy, sentado junto a ellos en completo silencio, ni los dos pequeños hilitos de aceite que rodaban de sus sensores ópticos.

                                                           Fin. 


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