Pinchazo y sexo rápido. Escena.

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Marta se levantó de la cama, tenía el pelo revuelto y llevaba el pijama puesto.

- ¿Preparo la inyección? - Le dije levantándome de la cama en calzoncillos y camiseta de tirantes.

La mujer puso cara de fastidio y protestó. 

- Tengo que hacer un pis. No querrás que me mee encima. 

Suspiré. Cuando estaba nerviosa se ponía insoportable.

- Me pongo con ello. No tardes.

Quité el plástico a la jeringa y la aguja y me puse a mezclar el contenido de la ampolla y el frasquito. 

La casa estaba en silencio, silencio solo roto por el ruido de la orina golpeando las paredes de la taza y alguna que otra ventosidad. Mientras sonaba el agua de la cadena del retrete fui a buscar un trozo de algodón.

Marta se dirigió a la cocina desentendiéndose del tema. Mojé el algodón con alcohol, entré en la cocina y tras dejar el material en una mesa, acorralé a mi chica. Esta apoyó su trasero contra la encimera y mirándome a los ojos se puso en plan guerrero.

- ¿Qué pasa contigo?

- Nada. - respondí tranquilamente. - Es la hora del pinchazo.

- Mejor esta tarde.

- Eso dijiste ayer. Ya estamos casi fuera de plazo. Obedece.

Hizo una mueca y me dio la espalda apoyando las manos en la encimera.

Deslicé la punta de los pulgares bajo su pijama y tirando hacia abajo de pantalones y bragas, desnudé su trasero. El culito era delicioso, no importaba las veces que lo hubiera visto, me tenía obsesionado. 

Froté con el algodón la parte superior externa de la nalga derecha haciéndola temblar ligeramente. Luego cogí la inyección y quité la capucha de plástico a la aguja. Con tres dedos centrales de la mano libre golpeé suave y repetidamente el lugar elegido y rápidamente, como si de un dardo se tratase, clavé la inyección en el glúteo y empecé a inyectar el líquido. Al terminar, desinfecté la zona con alcohol.

Marta fue a subirse los pantalones, pero se lo impedí.

- Tu culo me ha puesto a mil. - Le susurré al oído mientras aspiraba el aroma de su cuello y mi entrepierna palpitaba como si tuviese un segundo corazón ahí escondido.

- De veras. - dijo con voz sensual girando la cabeza y besándome en la boca.

Acabado el beso me bajé los calzoncillos, saqué mi pene y pegándome a ella comencé a frotarle el culo con mi miembro, mientras que con mis manos jugaba con sus tetas y pezones haciéndola gemir.

- Oye. - dije dándome cuenta de repente. - me he puesto a tocarte el culo... pero la inyección...

- No te preocupes, duele un poquitín, pero me gusta que me sobes el pandero... es una sensación que me excita mucho. - me respondió.

Aliviado al saber que no estaba causándola incomodidad, intensifiqué el masaje. Incluso le di un azote, eso sí, en la nalga izquierda.

- Métemela. - imploró con deseo.

No me hice de rogar y la penetré. Cada embestida hacía que mis glúteos se contrajesen creando hoyuelos. Mi excitación iba en aumento mientras los huevos chocaban una y otra vez contra las nalgas haciendo un ruido de lo más erótico.

Al poco tiempo descargué dentro de ella.


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