El otro mundo posible - parte 2

Por
Enviado el , clasificado en Drama
31 visitas

Marcar como relato favorito
Recomendación:
EntrenaEn.casa - Videos para hacer ejercicio en casa. Entrenamiento funcional, fitness, yoga, pilates... ejercicios para hacer con niños y adultos mayores.

II- EL MUNDO DE LAURA 2  

Laura tiene una amiga, Cristina; la única que conserva de la primaria, y que, de vez en cuando, pasa por la verdulerí­a para hacerle una visita. Antes iba con frecuencia a su casa, pero las miradas de su padre alcohólico, que parecían querer desnudarla, y las juntas de drogados de su hermano hicieron que se alejara. Hoy apareció por la mañana y se quedó esperando cerca de la puerta a que Laura terminara de atender a una clienta. Laura la ve diferente, lleva ropas nuevas y estrafalarias; se tiñó de rubio y está fumando un cigarrillo. Laura no puede evitar observarla con curiosidad. "¿En qué andará ésta?" Piensa. Terminando de atender a la clienta va hasta su amiga, se saludan y le pregunta lo mismo que pensó hace unos minutos: 

   "¿En qué andas tú?" Laura nunca habla como hablan los porteños, cuando alguien le dice que ella habla neutro, ella responde que habla el idioma como debe ser para que sea entendido en cualquier parte de América. Cristina, en cambio, no, pero ésto no hace que sean menos amigas; tienen puntos en común que las une por encima de todo; ambas tienen plena conciencia de cómo se diluyen sus jóvenes años entre la pobreza y la miseria.

   "Me cansé de ser pobre", le dice Cristina, con tono decidido y desafiante, "y dentro de poco, muy poquito, me mando a mudar de acá". Laura no sabe si alegrarse o ponerse triste, antes quiere saber en qué anda su amiga. La observa una vez más de pies a cabeza y la piensa con desazón. Cristina que nunca supo combinar muy bien la vestimenta, ahora con esas botas de cuero negras acharoladas, fuera de época; minifalda anaranjada fluorescente, muy mini para su gusto comportado, y una remera púrpura con garabatos plateados, se parece a una prostituta de cabaret.

   "¿Dime, Cris, en qué andas metida?, pues te desconozco", le dice. Aunque es inicio de primavera el sol ya hace sentir su rigor; Cristina parece llorar, pero no llora, es la sombra en sus ojos que dibujan dos hilos de falsas lágrimas negras que caen lánguidamente por sus mejillas. Sonríe, aunque parece una mueca torcida, y le confiesa: 

   "Estoy haciendo lo que debería haber hecho desde hace rato", le responde y se queda callada, como esperando que Laura, adivinando sus pensamientos, diga lo que ella no se atreve a confesarle. 

   "¡No lo puedo creer!", exclama Laura, que sí adivinó el mensaje mudo. Cristina deja caer la colilla del cigarrillo y la pisa con la punta del pie, girando el talón de lado a lado. A Laura la acción de su amiga la traslada imaginariamente a la noche pasada; la imagina parada en la entrada de un cabaret haciendo lo mismo, mientras arregla la transacción de un falso amor con un desconocido. 

   "No hay duda, se ha prostituido", piensa. "Pero ¿acaso ésto es suficiente para negarle mi amistad?", se pregunta y unos segundos después se dice que no, que cada uno lucha con las armas que dispone y de la forma que cree que ganará la batalla. 

   "¿Y cómo te sientes haciendo eso?" Cristina suspira por dentro, Laura aún es su amiga del alma. 

   "Y bueno, las primeras veces me sentí un poco rara, pero cuando vi que lo que ganaba en una semana era más de lo que gana mi vieja en dos meses limpiándole el culo a los viejos en el geriátrico, me sentí mejor", se justifica, "y ahora ya me acostumbré, y, además, iba a tener que hacerlo igual si me ponía de novio ¿no?" Qué puede contestarle Laura, ¿que sí­?, ¿que no? No le dijo ninguna de las dos cosas, abrazó a su amiga y le susurró al oído: 

   "Sólo quiero que no te pase nada malo". Cristina reconoce en el abrazo tibio de Laura la sinceridad de su amistad y le responde que no se preocupe. 

   "Nada malo me va a pasar, tonta". Antes de irse Cristina la obliga a aceptar quinientos pesos. Laura rehusa aceptar el dinero, pero su amiga insiste. 

   "Yo te comprarí­a un libro, de esos que a vos te gustan, pero no quiero meter la pata y comprarte cualquier cosa. Agarrá, dale y comprate uno que te guste". Laura no quiere ofender a su amiga, no vaya ella a pensar que no quiere aceptar su dinero por considerarlo sucio. Con ese dinero Laura compra un manual de gramática, un diccionario inglés-español y otro de sinónimos, los tres de segunda mano, y un par de chucherías dulces. Ahora se instruye por cuenta propia; podrá no tener un título de bachiller, piensa, pero el conocimiento nunca está de más.

III- EL MUNDO DESPRECIABLE 


¿Te ha gustado?. Compártelo en las redes sociales

Denunciar relato

Comentarios

COMENTAR

(No se hará publico)
Seguridad:
Indica el resultado correcto

Por favor, se respetuoso con tus comentarios, no insultes ni agravies.

Buscador

Diseño web para pequeños negocios, rápido y barato Zapatos para bebés, niños y niñas con grandes descuentos

Síguenos en:

Facebook Twitter RSS feed