Don Estaban y la leyenda de Buffalo Bill

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Estaba don Esteban, el sabio camino a la estación del pueblo para ver la llegada del tren de la mañana cuando al pasar delante del boliche "El Trago" fue interceptado por un grupito de parroquianos que discutían junto al palenque. Al verlo le salieron al paso para que les aclarara, ya que el hombre tenía fama de saberlo casi todo, sobre la duda que tenían acerca de la alusión al búfalo en el nombre de Buffalo Bill. Don Esteban los miró con gravedad por un instante, porque le intrigó de inmediato la inesperada y curiosa interpelación por parte de esos gauchos, ya que gauchos preguntando sobre Buffalo Bill no se los encuentra todos los días, cuando mucho una sola vez en la vida, pensó. Entonces don Esteban se acomodó contra la pared y con tono solemne empezó a contarles: 

   "Un día, en un día de caza de búfalos y a la hora del almuerzo, Bill Cody, tal era el nombre verdadero de Buffalo Bill, se atoró con un gran pedazo de carne asada de búfalo. Todos los que se encontraban alrededor compartiendo el asado vieron de pronto como su jefe se puso morado y empezó a agarrarse con desesperación la garganta, entre contorsiones y horribles morisquetas. Benjamin, su joven ayudante, se acercó a su patrón y con voz calma le dijo al oído: "jefe, expúlsalo". Pero Bill, maldiciendo a su ayudante por decirle lo que ya sabía lo que tenía que hacer pero que no podía en lugar de darle palmadas en la espalda, apenas si conseguía, con mucha dificultad, aspirar un poco de aire. Al inhalar parecía casi un silbido, y al exhalar, por la forma en que bufaba, se asemejaba bastante a un soplido de búfalo. Fue en ese instante que nació el que hoy conocemos como Buffalo Bill, porque Benjamin se acercó aún más al oído de su jefe y le dijo, casi ordenándole: "búfalo, Bill, búfalo". Y Bill entonces bufó con todas sus fuerzas y el pedazote de carne asada de búfalo rodó por el suelo a unos cuantos metros del lugar, yendo a parar debajo de una carreta. Pero no les voy a contar lo graciosa que fue la escena de la veintena de perros disputándose el pedazo de carne para no extenderme demasiado, porque sé muy bien que no están aquí para escuchar pavadas ni yo quiero perderme la llegada del tren. Bien, fue a partir de ese día que la leyenda de Buffalo Bill se extendió por todo el mundo, pues no pudo de ninguna manera sacarse el apodo de encima. Y para terminar, les cuento que después de reponerse del nefasto percance y de haber molido a patadas en el culo al inepto de su ayudante, Bill Cody decidió que la caza de búfalos de allí en más era una etapa superada en su vida, y les dijo a los vaqueros que prefería crear una compañía de circo que arriesgarse a morir atragantado por culpa de un ayudante inútil, ¿qué tal? Bueno, el resto de la historia todos ya la conocemos, ¿no? Al final, quién no vio alguna vez una película de Buffalo Bill". Terminadas las últimas palabras se escuchó el primer silbato del tren cerca del cementerio, con lo que don Esteban saludó al grupo y siguió viaje a pasos aligerados rumbo a la estación.  

                                                              Fin.


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