La Proeza (II)

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La disponibilidad de ellas. La semana donde iba a estar solo estaba ya fijada en el calendario. Correcto. Se acercaba además peligrosamente al presente de ese momento. Me encontraba más nervioso gestando la estrategia que ante cualquier situación postgrado a las que me he enfrentado. Imbécil e inmaduro que es uno. Las cinco amigas iban a estar en la ciudad, a priori, me decía para animarme. Las había visto con cierta asiduidad la primavera previa y ya en ese agosto les preguntaba indirectamente por las fechas posibles de mi proyecto. Descarté rápido el fin de semana, que es cuando el personal se disipa hacia las playas. Correcto de nuevo. Pongamos... un martes. Dos de ellas trabajaban (Carmen I y Yolanda), iban a estar sí o sí en la ciudad. Otras dos estaban estudiando fuerte para septiembre (María y Julia), y me conocía hasta las bibliotecas donde iban. A una de ellas (Julia) incluso la llevé un par de veces en coche para cerciorarme de sus rutas y proyectos, ijoputa que es uno. Quedaba una, la más compleja, la más díscola, la más fermosa (con razón me quejo de la vuestra fermosura...). Compi de trabajo, Carmen II. En teoría, iniciaba sus vacaciones. Se pasaba el verano rascándose el ombligo y sus contornos inferiores, pero mis investigaciones iniciales indicaban que en esas fechas estaba en la ciudad. La llamé varias veces para preguntarle por sus planes veraniegos y le informé de que iba a tener una semana de soledad en mi casa, por si tenía a bien apuntarlo en su agenda y realizarme alguna visita. No lo olvides, Carmencita (Carmen II), ya te llamaré.

Convertido ya en un absoluto psicópata, frío y calculador, aseveré que las cuatro primeras amigas iban a estar en la city. La proeza podía continuar con solidez real, y con la última joven, me la jugaba; yo seguía con la táctica de recordarle mi semanita de gozosa libertad, y empecé a decirle abiertamente que el martes por la noche me haría mucha ilusión que durmiera conmigo, que hacía mucho que no compartíamos sueño (me ponía cursi para ganar adeptas). Utilicé el verbo dormir, lo recuerdo perfectamente. Ella simplemente decía, quejosa: ¡Qué pesado estás! (No lo sabes bien). Pero yo insistía en que memorizara en su cabeza la fecha susodicha.

El orden. Era otra de las grandes cuestiones a organizar concienzudamente. Suena grosero y feo, pero era necesario ordenar adecuadamente la secuencia de féminas que iban a desfilar chez moi, con sus horas de diferencia, y utilizando un asqueroso criterio de selección: la fermosura y la voluptuosidad de su espíritu (y sus carnes), porque yo soy muy espiritual. De menos fermosa y menos voluptuosa a más fermosa y más voluptuosa. De esta manera, Gorki lo tendría más fácil.

(Milagrosamente, vuelvo a una escritura de cuasipresente, como si tuviera 24 añazos y me preparara incluso físicamente para la proeza. Ya quisiera yo).

El Plan
Empecemos por Carmen I. Vivía cerca. Eso implicaba que podíamos quedar por la mañana, en mi casa, y como ya estábamos acostumbrados a ese horario, pues habíamos estudiado juntos muchas mañanas en nuestras respectivas casas,  nuestro ritmos circadianos se acoplaban como nuestros cuerpos. La clave era convencerla para que viniera a desayunar conmigo, antes de irnos los dos a trabajar. Carmencita, desayuna conmigo este martes, please, que estoy solo en casa, ¿no te lo he dicho? Bien. Primer coito antes de las 10 de la mañana: se iniciaría la cuenta atrás.

Nos vamos luego hacia Julia, jovenzuela insensata estudiante del último año de carrera. Le quedan dos para acabar y va a por todas. Es la que menos he frecuentado, vive lejos, y va a una biblioteca cerca de su casa a estudiar. ¿Te recojo a la hora de comer, cuando yo salga, y vienes a mi casa a comer? Te llevo después del café de nuevo a la biblio. Y te duchas si quieres. Estoy solo en casa. Funcionará. Le encanta relajarse tras los estudios. Grita mucho, eso sí. Su hermano, otrora amigo, no me habla desde que se enteró de que me la zumbaba. Segundo coito entre las 15 y las 16 horas.

Yolanda de mi vida. ¿Hace dos años que cortamos? Pues desde hace dos años copulamos más que cuando salíamos. No me lo explico. Querida Yoli, ¿te vienes a cenar después del trabajo? Te recojo del tuyo. Salgo entre las 8 y las 9, estoy solo en casa y me tengo que ir a las 11.30 con un amigo a la playa; así nos vemos y sabemos algo el uno del otro. Prepararé tu plato favorito. Mi Yoli era como una especie de ninfómana, y cualquier experiencia sexual en la que pudiera participar pasaba a ser lo primordial en su húmedo horizonte. Tercer coito, alrededor de las 22 horas.

María, tan alta y tan morena. Cuando practico sexo contigo me acomplejo un poco, como te dije, porque mides más que yo. Ya sé que eres baloncestista, pero entre tu altura y tu forma física, a veces uno no sabe si va a rendir adecuadamente escalando entre tus cimas y bajando por tus valles. Vives cerquita, más que Carmen I, y eres la más joven de mi particular grupo. No sé por qué te fijaste en mí, la verdad. Pero es lo que hay. María, guapetona, ¿podrías tomarte una copichuela en mi casa sobre las 00.00 horas? Una nada más. Mañana podrás estudiar sin resaca. Te recojo y te llevo en coche, no te preocupes por la hora. Es que estoy solo en casa, ¿no te lo he dicho? Será breve, porque a la una de la madrugada me voy para casa de un familiar que he de llevar a un pueblo. He de viajar de noche. María es buenaza e inocente, y se anima mucho por las madrugadas porque es más de ritmo diurno, excitándola sobremanera la luna y las estrellas. No sé qué ha visto en mí, insisto. Cuarto coito, entre las 00.00 horas y la 01.00 horas de la madrugada.

Carmen II. Compañera de trabajo. Voluptuosidad a raudales. Fermosura propia de la sinrazón. Cuando ya no pueda más y el depósito esté seco, una mujer como tú hará el milagro. Por eso Tú has de ser la quinta, mi amor. Carmen, guapa, el martes de madrugada vengo de viaje por un asunto familiar. ¿Podría recogerte sobre las 02.00 para dormir juntitos, tal como te dije? Estoy solito en casa, no sé si te lo he dicho. Yo sabía que no se acostaba pronto, que era algo insomne y que le encantaba retozar y hacerse de rogar. Me fiaba muy poco de ella. Me estropea la jugada fijo, pensaba iracundo. Quinto y último coito: entre las 03.00 y las 09:00, cuando el plazo expira. ¿Quién sabe si me espera la Gloria?


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