La Senadora Cadáver: Septiembre

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Pasamos el verano a caballo entre whatsapp, facebook y el teléfono contándonos nuestras historias, nuestras rutinas, los planes de verano, mis cosas, sus mentiras..., a la par que seguimos con nuestros juegos de seducción y sexo, todo ello desde una distancia que era corta pero que en mi ingenuidad, mi inocencia y tal vez mi adolescencia tardía se hacía enorme, y más cuando ella se fue a Valencia a pasar el mes de Agosto, lo que acrecentaba mis ganas de verla y de estar juntos de una puñetera vez. Afortunadamente ese año el verano fue corto, como todos y se pasó rápido, y con ese paso acelerado llegó Septiembre, el mes en el que por fin te podría ver.

Aquél año Septiembre fue un mes cálido, el verano se resistió a dejarnos y el fin de que nos conocimos se dejó ver el sol y nos hizo llegar su calor. Todo se fraguó como ella siempre hace sus escapaditas sexuales y extramatrimoniales, sin ya querer esperar más a estar juntos de verdad, planeó uno de sus muchos viajes a Madrid, eran tantos que para ella coser y cantar, un plan fácil de elaborar. Tenía mil excusas que poner para poder venir, ver amigos, una manifestación, una reunión con la Federación de Enfermedades Raras (FEDER)..., cualquier cosa le valía, y eso hizo, fingió tener que venir a una reunión de esas, y como después de tantas veces nadie le preguntaba casi nada y ella tampoco daba muchas explicaciones, pues le resultaba fácil irse por ahí a golfear.

Lo único que no hacía ella era reservar el hotel para que el padre de sus hijos, como ella le llamaba siempre, no supiera donde se quedaba. Así pues lo que hizo fue llamar a César, uno amigo suyo para que este hiciera la reserva y de paso para que se quedara con su asistente personal, Dora, para que esta no estuviera solo por las noches. Dora, que lleva años con ella, sabía de todos sus escarceos puteriles, y no tenía más remedio que alcagüetearle sus escapadas, al mismo tiempo Dora tenía y tiene una pseudorelación con César en que el vive en una gran mentira mientras ella se acuesta con cuanto se le pone delante, haciendo que César tenga unos cuernos más grandes que la Plaza de toros de San Isidro. Como veís, unas joyitas ellas y nosotros unos gilipollas ciegos de amor.

La cuestión es que así se hizo, César reservó en un hotel que busqué yo y exactamente el 14 de Septiembre de 2013 quedamos en un hotel casi nuevo de Arturo Soria. Recuerdo arder de ganas ya el día anterior porque llegara el momento de vernos, como podréis imaginar, conforme llegaba el momento, más largas se me hacían las horas de espera, y más lento veía llegar el tan esperado encuentro de los dos tras tantos meses de chat y teléfono. En principio habíamos quedado en encontrarnos en una manifestación en el centro de Madrid a la que acudiría ella, pero por el cierre de las calles me fue imposible llegar, por lo que decidí que mejor nos veíamos en el hotel directamente, por lo que me tomé la tarde con toda la calma que las ganas de verla me permitían.

Cuando llegué, con el subidón de verla y estar con ella, ya era de noche a pesar de estar aún en horario de verano, ellos ya habían llegado y me esperaban en una de las habitaciones. El hotel estaba guapísimo, nuevo, con mucho color pero no en plan cutre, y sobre todo bien adaptado para gente con movilidad reducida, como debe de ser. Al llegar a la habitación que estaba en la primera planta, me abrió Cesar, solo él, ellas estaban en el baño y se dejaron querer un poco. De él primero salió Dora, bajita algo rechoncha, ancha de cuerpo como buena latina, pues es natural de Bolivia, y tras ella Virginia, arreglada, bien peinada y maquillada, muy coqueta ella, y más si va a ver a un tío al que va a dejar que se la tire esa misma noche, como así fue. Tras romper el hielo y soltarnos un poco, aunque ella de por si es bastante sueltecita siempre, nos fuimos a cenar por ahí, aunque el hotel contaba con restaurante. Volvímos como un par de horas después de contarnos mil historias, ella mil mentiras, el momento de estar juntos estaba más cerca, y se hizo esperar un poco, pero llegó, por fin tras muchos meses de palabrería e imaginación estuvimos juntos, y no te lo negaré, aquella noche la disfruté mucho, a pesar de todo no me arrepiento de aquella noche, ni ninguna otra.

Pasámos la noche en vela, juntos, abrazados, hablando, besándonos, recorriendo cada rincón de ella, quedándome con su calor y su excitación. Estaba tan caliente que rápidamente su entrepierna se humedeció, y fue mojando más a medida que más hacíamos el amor y el sexo era más intenso. Yo tenía la polla tan dura que por momentos me tiraba de la excitación, quería sentirla a toda ella y que ella me sintiera a mi, que se quedara con cada parte de mi como yo lo hacía de ella, me gustaba mojarla con su entrepierna, que notara mi ardiente calor, con su redondo culo en mis manos empujaba más y más. Por momentos era tal el calentón que no podía dejar de tocarla y recorrerla, nos dimos besos largos y calientes, nos poníamos más y más cachondos y más queríamos el uno del otro, jadeba y respiraba aceleradamente, fue tanto que ella se corrió dos veces llegando a manchar la cama. Fue una larga noche insomne de sexo en la que hicimos el amor una y otra vez hasta el amanecer, fue una noche en la que soltamos todo el sexo que acumulamos con nuestros juegos de whatsapp, y no paramos hasta que por los huecos de la persiana se dejaron ver los primeros rayos de sol.

Lamentablemente la noche se fue, y con ella todas aquellas horas de sexo y pasión acumulada. Con el nuevo día tan solo me quedaban unas horas por estar con ella, un desayuno y una comida, fueron las horas más cortas de mi vida, y llegó el momento en que la tuve que ver partir y con ella la noche de pasión y sexo desenfrenado de aquel mes de Septiembre.


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