La Senadora Cadáver: ¡Murcia que bonita eres!

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Tras nuestro encuentro en Valencia, no volvimos a vernos el resto del verano, y llegó Septiembre con sus últimos coletazos veraniles, y Virginia que seguía con sus viajes y sus cosas, se le ocurrió que podíamos vernos en uno de ellos, se trataba de un encuentro que cada año organiza FEDER (Federación Española De Enfermedades Raras) en Totana, Murcia, y donde durante un fin de semana se dan charlas soporíferas sobre estas enfermedades. El caso es que podía ser una muy buena ocasión para uno más de nuestros encuentros, y obviamente, como podrás imaginar, no dije no. Para poder ir, tuve que apuntarme a una asociación, pues solo así aceptaban a la gente, y así lo hice, me asocié a una de Murcia en la que realmente no hacía nada, solo aparecer en la inscripción. Casualmente, el fin de semana en que se realizaba el encuentro, era el fin de semana de mi cumpleaños, así que allí me iba a pasarlo.

El viaje no comenzó muy bien, de hecho casi ni llego a ir, y todo porque el tren que iba allí no era accesible para discapacitados, con lo cual se me venía un grandísimo problema encima, aunque he de decir que la gente de la estación de Atocha me ayudó mucho, se volcaron en ver distintas opciones para poder realizar el viaje, y tanto se volcaron que acabaron colándome en preferente, llevando yo billete de turista,  y hasta como preferente me trataron, jugándose el interventor que le pillaran y le cayera un buen chaparrón de su superior. De cualquier manera y después de darle unas cuantas vueltas, pude ir a Murcia, pues a Totana por aquel entonces no había tren directo, aunque la verdad es que me veía en taxi de vuelta a mi casa, y es que como en todo buen viaje, siempre ha de haber alguna aventura, y esta se dio bien pronto.

El viaje en si fue bien, tranquilo, cómodo y algo largo, pues fueron cuatro horas las que me chupé de tren, cuando lo único que quería era chupar las pequeñas tetas de niña de Virginia y su desarrollado en exceso chichi que se asemeja más al de una vieja que al de una mujer de su edad. Al llegar me esperaba un señor de cuyo nombre no me acuerdo, y ya de buena edad, como de unos cincuenta y tantos que me llevaría a Totana en una furgoneta bien adaptada, con lo que el viaje en su conjunto llegaba a las cuatro horas y media o cinco.

Al llegar, el hotel por fuera me pareció un hospital con su fachada blanca, pero de hospital solo tenía eso, por dentro no estaba mal, tenía su rampa de acceso y los pasillos eran anchos, el ascensor sin ser una maravilla, no estaba mal, al menos se podía entrar, no en todos es así, y la habitación que era doble, estaba bastante bien. Al igual que ocurrió en Valencia, llegué antes que Virginia y Dora, e incluso antes que César, y eso que él estaba más cerca, igual sería por eso que no viajó relativamente temprano. Ellas llegaron por la noche, cuando mucha de la gente que había en el hotel, ya cenaba, César que llegó un rato antes y yo decidímos esperarlas. Al llegar, fuimos directamente al comedor para no quedarnos sin cenar, pues si no llegabamos, la única opción era ir al pueblo, y este quedaba algo retirado del hotel.

No recuerdo que cenamos, supongo que comeríamos bien, y francamente casi tampoco que hicimos después, supongo que contarnos nuestro viaje, mi aventura en el tren incluida, y estar con la gente que fue a lo mismo que nosotros y que ya, al menos algunos, conocía a Virginia, Dora y César, yo era el nuevo en todo aquello. Pasamos un rato conociendo a la gente y ya a una hora prudente, y como el día se había hecho largo, nos fuimos cada uno a nuestras habitaciones, lease Virginia conmigo a retozar, y Dora con César, aunque en su caso a retozar no, pues realmente nunca han tenido sexo entre ellos por muchos motivos, a él no se le levanta y ella realmente no lo quiere en plan pareja, novios, etc, por lo que nunca han tenido nada mucho más allá de besos, y siempre en privado, en público ella jamás le deja que la toque.

En nuestro caso, el de Virginia y el mío, si que hubo tocamientos, muchos, y besos, y todo lo que te puedas imaginar, pues no podíamos dormirnos sin darnos lo nuestro, al fin y al cabo es a lo que fuimos allí. Nos dio la madrugada entre besos y gemidos, ella volvió a empaparsele la entrepierna, volvió a correrse, manchando las sábanas, yo tuve un buen empalme durante un buen rato, y es que el roce de nuestros cuerpos me excitaba mucho, bueno cualquier roce con una tía me pone mucho y rápido. Aunque Virginia que se acostaba con camiseta y en bragas, estas no eran problema para darle lo suyo, y siempre acababan, como decía una ex mía, más para allá que para acá, no eran problema para mi y poder hacerle de todo. Me ponía mucho cogerle su redondo culo, y ella que le metiera los dedos en el coño hasta dejarselo bien mojado, lo cual no tardaba mucho en ocurrir, y a mi, no te lo niego, me encantaba. Así se dieron la tarde y las dos noches que pasamos en Murcia, con muchos besos y todo el sexo que pudimos tener.

El resto del fin de semana fue bien, muy buen tiempo y charlas anestesiantes sobre enfermedades, la tarde del sábado fue lo peor, llevabamos ya unas cuantas y se hacía bastante rollo todo aquello, pero como de todo se saca algo bueno, además del sexo, allí se cocieron algunas amistades que aún hoy duran. El cumpleaños fue bien, aque Sábado jugaba en liga el Real Madrid contra el Barça y ganó el Madrid, lo que jodió especialmente a César que es culé y bastante behemente en sus formas, llegando a montarla en el bar donde lo vieron, y aquel mediodia, toda esa gente que apenas me conocía, me cantó el cumpleaños feliz, y feliz fue.

Se rumoreó que iría la Reina Letizia, entonces princesa a clausurar aquellas jornadas, finalmente no fue, aunque si lo ha hecho en años posteriores, años en los que no he estado, pues tras los problemas del viaje de ida, ya no he repetido presencia en ellas.

El Domingo tocó volver a Madrid, una vuelta que se dio mejor que la ida, e incluso mejor de lo planeado pues conseguimos ir Virginia, Dora y yo en el mismo vagón, lo cual nos permitió vernos un rato más. César, al ir a Valencia, fue en otro tren. Virgi y Dora se bajaron en Alcazar de San Juan, pues los trenes de la zona de levante no van directos a su pueblo muerto de hambre, y siempre le toca ir allí a coger el tren o bajarse de él, y allí nos depedimos hasta la próxima vez en aquel viaje que pasé de cumpleaños en Murcia.

 

 


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