La Senadora Cadáver: De Hotel en Hotel

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Después de nuestro encuentro en Murcia, pasamos los siguientes meses viendonos de hotel en hotel en Madrid, pues era la única manera que teníamos para poder estar juntos sin que nadie salvo los de siempre, supiera nada, toda una aventura clandestina.

Volvimos al hotel de Arturo Soria, esta vez nos mandaron un par de plantas más arriba, por lo demás todo fue igual que las otras veces, llegabamos por la noche, yo antes que ellos, César fue el último en llegar esa vez, después nos fuimos a cenar, matar un poco la noche y cada uno a su habitación. Si te preguntas si nos fuimos de copas, no, no fuimos nunca porque yo soy el único que bebe alcohol, así que solo bebía en las cenas, generalmente cerveza, aunque creo que en alguna ocasión bebí vino y algún gintonic. Ya en la habitación, lo de siempre, besos caricias y sexo, mucho sexo y sábanas manchadas hasta bien entrada la madrugada. Aquella vez fuimos para quedarnos un par de noches, así que al segundo día practicamente se repetía el ritual, más besos y algo de sexo mañanero para despertar, si, por la mañana también, ella quiere marcha a todas horas y yo también, así que para qué privarnos del gusto. Desayunabamos, matabamos la mañana, por la cual no tenía prisa en que pasara, y tras la comida, volvíamos a las habitaciones a descansar, no dormíamos, tampoco follabamos, ella se quedaba vestida de calle, así que para qué, pero si retozabamos ese rato, teníamos que aprovechar los pocos momentos que teníamos, y por la noche repetíamos como en la anterior. Era nuestra dinámica, la cual, de habernos visto más, habría mutado en rutina.

Después de aquello y pasar un tiempo sin vernos, quedamos otra vez, esta vez más por el centro de Madrid, en un hotel de dos estrellas de la calle Bravo Murillo. Bueno más que quedar, aprovechó que ella estaba aquí en una reunión de FEDER. Me llamó para que fuera al hotel y así poder vernos un rato, no teníamos idea de que yo me quedara en el hotel, sería algo de ida y vuelta, pero saltó el chispazo y como había habitaciones libres, a ella se le ocurrió que me podía quedar, vamos, que una vez más quería matarile por la noche, y dicho y hecho, pregunté por el precio de las habitaciones, y pensando el de recepción que yo iba con el grupo, me hizo descuento, 65€ que me incluía desayuno, además del polvo de esa noche y el mañanero del día siguiente, no estaba nada mal para ser un dos estrellas, por supuesto acepté el servicio íntegro, así que te puedes hacer una idea de como pasamos la noche. César en esa ocasión no estaba, como no era uno de las salidas explicitamente sexual de Virginia, no le necesitó para acompañar a su asistente Dora, claro que para ella eso no era problema, primero porque con él nunca ha tenido nada a ese nivel, y segundo porque aquella noche se tiró al hijo de un tío de Melilla que iba a la reunión de la federación, y por el cual se quedó enganchada aquél verano, le mandó mensajes y él no le contestó o la mandó bien lejos, y es que el tipo tenía novia en Melilla, por lo que aquel polvo con la boliviana fue eso, solo un polvo. Dora aunque no es un pivón precisamente, es una chica fácil, calenturienta como buena latina, y no le costaba liarse con tal o con cual, así que esa noche se dio su servicio particular de hotel, todo esto bajo secreto con César, que sabiendo mucho de los devanéos de Virginia, no sabía nada de los de su "novia". La mañana siguiente la pasé con Dora mientras, pero no follando ehhh, no eramos el tipo del otro, ni ella el mío, ni yo el suyo, aunque Virginia siempre temía que me gustase y que hubiera algo entre nosotros, lo temía y lo teme con todos los tíos con los que ha estado y está, la cela mucho, y lo entiendo, pues sin ser una mujer diez, ya que es bajita, ancha de cuerpo y casi sin tetas, es una tía llamativa, más cuando se arregla, y facilona, a ella como a nosotros le gusta mucho el sexo, y puede hacer cosas en la cama, como cualquier mujer, que Virginia no puede, lo cual siempre la ha traido de cabeza; pero no pasó nada entre nosotros, aunque más de una vez me imaginado con ella, será por el morbo de tener algo para sorpresa de Virginia e ignorancia de César, aunque dudo que llegue a pasar. Aquel día tras darle la sorpresa a la manchega que me creía en mi casa, seguro que habría aprovechado para liarse con alguien, y comer juntos, acabé en la estación de atocha hasta que se fueron al pueblo.

Tras pasar un tiempo desde esa vez improvisada, hubo un tercer hotel, este si cabe, todavía más céntrico que el anterior, con este nos fuimos a Lavapies. Virginia venía a unas jornadas de una asociación, y como no, fue de provecho para vernos al menos una noche. En esto no recuerdo si vino César, creo que no, sin embargo Dora no tuvo affair esta vez, obviamente Virginia y yo si, para eso me llamaba, y pasado el tiempo, sabiendo cuanto me mentía, estuvo bien aprovechar el momento para otro desquite sexual, pues es lo mejor que se puede hacer con ella, pasar el rato y luego pasar de ella. No fue mi caso, estaba enamorado de ella y no podia pasar. La cuestión es que es fue otra noche como las otras que te he contado, llegué el primero, y al entrar, la primera en la frente, el ascensor para ir a la habitación, era pequeño para una silla de ruedas, así que me tocó subir en montacargas como si subieran yo que sé qué, y menos mal que tenía esa opción, sino el problema hubiera sido gordo, no tanto para mi, que a las malas me podía volver a mi casa, la putada habría sido para ellas, quien sabe si a las malas hubieran podido tomar un tren de vuelta. Solucionado eso, el ritual fue el de las veces anteriores, cena cerca del hotel o en el hotel si se podía, matar un poco la noche y a la habitación, y en la habitación, ya sabes, sus bragas a un lado, yo empalmado, ella mojada, yo caliente...y hasta la madrugada. Sexo para dos.

Al día siguiente, café y a las jornadas, después a Atocha a comer y luego adiós, hasta que nos volvieramos a ver, y volvimos a vernos en otro hotel.

Esta vez fue cerca de Atocha, ella venía a unas charlas en el Ministerio de Sanidad que esta cerca, así que todo se dio por esas calles. No recuerdo si en esa ocasión llegué el primero, pero si que fue César. Esta vez la  entrada del hotel no tenía problema alguno, contaba con rampa y ascensor accesible, el problema, porque casi siempre hay alguno, estuvo en la habitación, con los muebles se quedaba algo pequeña para sillas de ruedas, y más para dos, asi que hubo que mover los mubles para hacer sitio, y lo hicimos, si Virginia va a follar, y a un hotel es a lo que va, unos muebles no se lo van a impedir. Solucionado el problema, nos dimos a nuestra rutina hotelera habitual, cena, charla y a la habitación a darnos alegría. Como todo lo bueno pasa rápido, la mañana siguiente rápido se fue, fuimos los cuatro andando a Atocha, sin saber yo que haciendo ese camino, me adentraba en lo que sería el final de aquella relación. Sería uno de los últimos adioses buenos que nos quedaría por dar, pero eso ya será algo en próximos capitulos te podré contar.

 


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