La Senadora Cadáver: La Llamada

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Tras la comunión de Gregorio, más de un mes había pasado ya, y a pesar de que hacía unos pocos meses que mi affair con Virginia había terminado, habíamos quedado como buenos amigos, seguía habiendo muy buena sintonía entre nosotros, hubo algo que lo cambió todo para siempre.

Entrados ya en Junio y con más de 20º en la capital, estaba yo con mi rutina de siempre, todo hacía pensar que sería un día como tantos otros, sin novedad alguna que contar, sin embargo y muy a mi pesar no fue así. Como a media mañana, pongamos que serían entre las once y las doce, me llamó Dora, la asistente de Virginia. Creía yo que sería una llamada de tantas que habíamos tenido donde nos preguntaríamos que tal estabamos, nos contaríamos nuestras batallitas y hablaríamos de vernos alguna vez, como tantas otras veces habíamos hecho, pero no, aquella llamada que jamás olvidaré no sería una de esas llamadas triviales que nos habíamos hecho y devuelto.

Dora ya no aguantaba más tantas humillaciones de la manchega y que habían ido a peor, necesitaba desquitarse con alguien, contarlo, y por la buena amistad que nos unía, decidió apoyarse en mi, a la par que me quitaría la venda que tenía en los ojos con Virginia aún sabiendo cuantísimo me dolería. Resultó que la ex-senadora llevaba ya meses viendose con alguien, ya estaba con él cuando se celebró la comunión a la cual, por razones de peso, él no fue; y no solo eso, ¡vivía con él!, y no me dijo nada a pesar de que al término de la relación habíamos quedado en que si alguno de los dos salía con alguien, se lo diria al otro. Puede que suene estúpido pero así habíamos quedado. Como podrás suponer me sentía confundido y engañado, muy engañado, y no solo porque estuviera en esas, que en el fondo tenía todo su derecho, pero ella tiempo atrás, después de que lo hubieramos dejado me dijo en más de una ocasión que "no quería más tíos", por sus hijos no quería repetir, sin embargo todo fue una mentira tras otra. Dora me dijo que en el tiempo que estuvimos juntos, dos años, en más de una ocasión Virginia le dijo a ella que yo no le gustaba, entonces ¿por qué estuvo conmigo?, ¿por qué se acostó conmigo y se dejó de hacer de todo por mi?, la respuesta te la dejo a ti aunque parece bastante obvia.

Desde que Virginia inició la relación con este tipo de nombre Enrique Hérnandez, la vida con ella se había convertido en un tormento. Nunca fue fácil para Dora desde que empezó a trabajar con la manchega, esta siempre altanera y soberbia la maltrató desde prácticamente el principio con amenazas de romperle el contrato y dejarla en la calle o incluso con falsas denuncias por amenzas de maltrato físico si no hacía lo que ella quisiera, siempre aprovechándose de ella, de su ignorancia por sus derechos y sobre todo de que Dora, de origen boliviano no tenía familia ni amigos en España y por tanto se encontraba sola, solo conociendo a la gente con la que la toledana tenía relación. Sin embargo desde que se lió con Enrique todo fue a peor porque a él Dora no le cayó bien, se le atravesó y por ello la puteaba cuanto podía secundado por la ex-senadora. Tan mala era la situación que Dora estuvo en más de una ocasión al borde del estrés.

Virginia no es una persona fácil, es soberbia y altanera con ínfulas de una grandeza que si hubiese querido, habría sido real pero que nunca fue tal. Antes de Dora, tuvo dos asistentes que por lo insoportable que era la vida con la pueblerina, con buen criterio, la abandonaron. Dora nunca la ha dejado, al menos no afectos prácticos, debido a su ignorancia, a su miedo a no saber desenvolverse sola, a que no tiene a nadie y, para que engañarnos, a que de buena que es, es tonta y pone la otra mejilla, algo que cualquier otra persona con un dedo de frente, no habría aguantado ni la mitad, y Virginia se aprovechó y se aprovecha de eso cuanto puede, la utiliza igual que utiliza a cuanto la rodea sin importarle nada más allá que ella mísma.

Aquella llamada que fue como un jarro de agua helada y mil puñales por la espalda me tuvo durante días y semanas en continuo tormento de pensar y darle mil vueltas a la cabeza, a todo lo que me había dicho, y no solo por saber que estaba con otro, por saber se dejaba tocar y besar por otro, que era otro quien se la follaba, es que ese otro no había sido el primero después de mi. En Barcelona, en otro de sus muchos viajecitos, se acostó con un amigo de César, y si se había acostado ya con él, si tan rápido me olvidó y pasó página, quien sabe cuantos más hubo no solo después, sino durante, quien sabe cuantas veces me pudo engañar fisicamente además de mentir verbalmente mirándome a la cara y sin despeinarse. Todo con ella se desmoronó, el pedestal en el que la tenía se hizo mil o millones de pedazos, todo había sido una grandísima mentira en la que me dejé enredar como si de una telaraña se tratase y ella fue la araña que me pico con su vil veneno.

Corté toda relación con ella, la eliminé de las redes, dejé de escribirla y apenas si la respondía escuetamente si ella era quien escribía hasta que la relación fue absolutamente inexistente. Era tal la telaraña de sentimientos tormentosos que tenía en mi interior que no sabía que hacer ni que pensar. Mi único apoyo era Dora que me escuchaba y me leía, estaba en deuda eterna con ella por haberme quitado la venda de un tremendo engaño que tanto tiempo duró. Se convirtió en mi mejor amiga, mi amiga del alma.

Fui un absoluto ingenuo e inocente ciego de amor. Tal vez cualquier otro en mi lugar lo hubiese visto mucho tiempo atrás y desde bien lejos, yo, un soñador estúpido, no, hasta entonces no. Desde ese día ya no fui casi el mismo, todo o mucho en mí cambió, todo gracias a Dora y a la llamada.

 


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