La Senadora Cadáver : Su Vida Fuera del Senado

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Si en el capítulo anterior te hablé de la faceta de Virginia Felipe como senadora en la que no tuvo que hacer mucho esfuerzo porque su trabajo se redujo basicamente a hacer preguntas a la cámara sobre todo en materia de discapacidad sin ocuparse mucho o nada de cualquier otro problema o necesidad que pudieran tener los castellano-manchegos, y porque todo trabajo escrito que llevaba, estaba realizado por un santanderino al que no pagó ni un euro por ello en sus cuatro años de mandato, en este te hablaré de su vida fuera del senado durante ese periodo que no tiene desperdicio alguno y es bastante digno de cualquier programa de Sálvame.

Como te conté anteriormente, la senadora alquiló un piso en la calle Leganitos número 4, cerca del Senado para poder ir cada día sin tener que hacer grandes desplazamientos, dicho alquiler podría haber sido una mera anecdota de no ser por los muchos problemas y las muchas cosas que pasaron en él. Todas esas cosas y todos esos problemas vinieron a raíz de la relación que ella empezó con el anteriormente mencionado Enrique Hernández, un cubano al que conoció, probablemente borracho pues bebía con bastante asiduidad, en las centricas calles de Madrid, rapidamente se lo llevó a vivir con ella para saciar su necesidad de sexo, recuerda que Virginia a pesar de su casi nula movilidad para todo, incluido el sexo, es sexualmente insaciable y se deja mete por todo lo que tiene pulso. Los problemas en la pareja empezaron más pronto que tarde, ni un año tardaron en tenerlos, con fuertes broncas que sus vecinos llegaban a escuchar, todo un Sálvame en vivo y en directo en su propio edificio. Tales fueron las broncas que algún vecino llegó a ponerles en la puerta del piso una nota con la amenaza de avisar a la policia en caso de seguir así.

La verdad es que aquello debió ser como mezclar el agua y el aceite, pues Virginia Felipe es muy controladora, es muy de que se hagan las cosas a su manera, a la par de celosa, muchas veces sin motivo, aunque en este caso, con Enrique, los tenía, pues la toledana sabía que en su ausencia, el cubano no perdía el tiempo y aprovechando las largas horas de trabajo que ella tenía, se buscaba a otras que llevarse a su lecho conyugal, de echo en alguna ocasión ella llegó a encontrar cabellos de otra en su cama, y yendo aún más lejos, Enrique llegó a entablar una relación en toda regla con otra, a la par que la tenía con la manchega. Además de los problemas extramaritales que tenían, digo extramaritales porque ella aún estaba con Hilario, el "padre de sus hijos", estaban los problemas con el alcohol, los cuales no eran menores. El cubano era de mucho beber, tanto que podía pasar largas horas en los bares, tantas horas que daba la madrugada sin que este llegase a casa y Virginia salía a buscarle a horas intempestivas, tales como las seis de la mañana. Dicha busqueda la realizaba sola, su asistenta Dora rechazaba ir con ella, pues se veía en medio de sus broncas y pagaba los platos rotos.

La convivencia con Virginia nunca le fue fácil a Dora, desde bien temprano el abuso de poder de Virginia sobre ella fue notable, aprovechando que la boliviana no tenía familia en España ni donde ir, se aprovechaba de ella quitándole días libres y días en sus vacaciones, además de amenazarla con romperle el contrato si no hacía lo que quería y con denuncias falsas de malos tratos. Sin embargo desde la entrada de Enrique en sus vidas, todo fue a peor, a él no le cayó bien, por la razón que fuese, y le hacía la vida imposible, la humillaba con insultos, y lo que peor le podía pasar a Dora es que pusiera a Virginia en su contra comiéndole el coco y haciendo de ella una muñeca rota en sus manos con la que hacía lo que quería. Tal fue así la cosa que cualquier cosa que él le dijera, era palabra de Dios y Dora era la mala del cuento, luego estaban los celos de Virginia con cualquier pareja que tenía, le hacían pensar que todos los que hemos estado con ella, nos sentíamos atraídos por su asistenta y siempre temía que hubiese algo entre ambos, la paranoia en este caso fue tan grande que a Dora la prohibió ir en verano demasiado corta de ropa y enseñando carne, no fuera a provocar a Enrique, y no contenta con esto, la obligó a tender su ropa interior, bragas y sujetadores, en su propia habitación, donde él no la pudiera ver. La soledad de Dora era tan grande que en una ocasión se llegó a quedar embarazada, abortó, y la misma tarde del aborto tuvo que ir sola a la clínica, y en los días sucesivos en los que tenía que guardar reposo, Virginia la hacía trabajar, lo que le provocó algún sangrado, en una ocasión la obligó a recoger unas bragas suyas, de la senadora, manchadas de semen, y todo esto teniendo Dora la mano desnuda, desprotegida de guante alguno. Todos estos problemas y días continuos de tensión, llevaron a Dora casi a la depresión. Tal era el sin vivir que la asistenta llegó a consultar a una trabajadora social, y esta la llegó a decir que todo aquello por lo que la hacía pasar, era denunciable, aunque para ello, necesitaba pruebas, como audios o videos, lo que era difícil de conseguir. Virginia es una serpiente que todo lo envenena y Dora su victima. Aún hoy, entrados ya en 2021, sigue amargándole la vida, la calienta la cabeza diciéndole que hablo con los demás de Virginia y que ellos se lo cuenta, aunque luego no es capaz de decir que le dicen, porque sencillamente es falso. Virginia Felipe es una zorra que se aprovecha de su vulnerabilidad.

Por si todo esto no fuese poco, que no lo era, estaba el sexo, que como todo lo que tocaba Virginia, era un problema. Por un lado estaba su lado insaciable, como por encima de todo estaba su sed de sexo, este tenía que consumarlo aunque en la casa hubiese menores, recuerda que en Valencia tuve sexo con ella aunque estuviera Gregorio, su hijo menor de entonces cinco años. Estando en el piso, la sed no era menor, y aunque hubiese menores en él, debía de tener sexo si o si, y lo tenía, y no es que la viesen follando con Enrique, pero la oían. Tal era el caso, que una sobrina de la senadora que se fue a vivir con ella por unos días, se acabó marchando del piso, porque no aguantaba más oirla follar, claro, ¿quién quiere oír a su tía follar con otro que ni siquiera es el padre de sus primos?, nadie y mucho menos una menor como era esta chica entonces.

Como ves, la vida de Virginia Felipe como senadora fuera del Senado no tenía desperdicio, era incluso más interesante que dentro de este, y a buen seguro que a los periodistas les habría interesado más. Así era la senadora y su vida fuera del Senado.

 


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