La Senadora Cadáver: Por qué La Senadora Cadáver

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No quiero acabar esta historia real sin explicar por que la escribí, no quiero acabarla sin que entiendas el por que de todo, aunque creo que a lo largo de los dieciséis capítulos anteriores se entiende bastante bien.

Pensarás que es por rencor, y claro que lo hay, me engañó y me utilizó desde el día uno en el que virtualmente nos conocimos, y siguió haciéndolo a pesar de todo cuanto le daba de mi y de cuanto hacía por ella, aceptando su realidad, la que me vendía sin despeinarse, mirandome a la cara, y todo sin cuestionarle nada, sin echarle nada en cara como si le han echado otros. Pero no todo es por rencor, tampoco todo es por venganza, aunque la hay, es mi vendetta por cuanto me hizo sin merecerlo, y es de justicia que la haya, y por justicia, es justo que haya verdad, y por la verdad he escrito este pequeño libro, si se le puede llamar así, por una verdad que Virginia Felipe no cuenta, por una verdad que no quiere que se sepa y que incluso no reconoce, habiéndo llegado al punto de realmente creerse sus propias mentiras distorsionando la realidad, es una verdad que no le conviene que se sepa porque se le cae la fachada y el teatro que monta de puertas para afuera, de cara al público, por ego y vanidad.

He escrito cada palabra, cada línea y párrafo, cada episodio porque todos tenemos derecho a contar nuestra verdad de la que tú tienes el derecho de saber y de dudar, porque es tan loca y tan tremenda en muchos momentos, que es lógico pensar que sea más fantasía que realidad, y por tanto entiendo que haya quien no pueda o no la quiera creer, simplemente, antes de sentenciarla, piensa si tantos detalles como hay en ella, en todos sus episodios, pueden no ser verdad.

Esta es mi verdad, la que viví y por momentos disfruté, y también la verdad que en muchos momentos padecí, sufrí y hasta lloré, y mucho, lloré un amor que solo yo sentí y solo yo di, y no lo viví solo. Los mencionados anteriormente, Dora, su asistente personal, y César, uno de sus "mejores amigos", fueron y son téstigos de todo lo que en "La Senadora Cadáver" puedes leer, de todo eso y mucho más, pues sus tropelías y sus aventuras extramatrimoniales se remontan a un tiempo muy anterior al que nos conocimos.

Sé que puedes no creerme, sé que ella puede y lo negará, pero hay algo que nada de eso borrará, la verdad, la auténtica, la que aquí tuve la oportunidad de contar y escribir, la que has podido leer y de la que solo tú podrás sacar tus propias conclusiones sin que ni yo ni nadie las cuestione, pero ante todo, habrá quedado escrita la verdad.

No me arrepiento de nada de lo vivído con ella, no me arrepiento de todo cuanto hice y di por ella, porque lo hice con la sinceridad que ella nunca supo dar ni tener conmigo, porque todo lo ocurrido entre nosotros, por mi parte, fue con amor, amor del bueno, del de verdad y grande, muy grande. Tampoco te niego que no lo volvería a repetir, que de ninguna manera volveré ni volvería con ella, y si pudiera volver atrás en el tiempo, tampoco repetiría todo aquel affair, al menos, sabiendo todo lo que hoy sé de ella, no, no sería amor, no sufriría por ella, no lloraría ni me implicaría tanto en su vida y en sus cosas como lo hice, nada sería igual, porque de ser algo, solo sería sexo, cervezas y unas risas, sin nada más, y luego cada mochuelo a su olivo, cada cual a su casa y Dios en la de todos. Por que solo con sexo se puede tratar a quien se comporta como una cualquiera, así como se comportó ella, y no solo conmigo, porque solo sexo se le puede dar a quien se vende barato a cualquiera por un rato de cama, porque no vale más que ese rato de sexo.

Tal vez te preguntes porque a esta historia de mentiras, de abuso y de sexo, la llamé La Senadora Cadáver, pues la llamé así por todo lo alto que pudo volar Virginia Felipe y lo bajo que cayó, por todo lo que consiguió y todo lo que ha perdido, por todo lo que puedo ser y en cuan tan poco ha quedado. Titulé así esta historia por tanto que parecía  y pudo ser, por lo grandes que parecían ser esas alas que sus ínfulas de grandeza le daban, y por lo rápido que se le cayeron, como si fueran de papel, por tanto que tenía y por tanto que perdió, y en ese tanto incluyo gente, toda esa gente que estuvimos a su alrededor bailándole el agua y que por sus mentiras, por sus manipulaciones y altanerías nos perdió. Lo llamo La Senadora Cadáver porque de  tanto que había, ya solo queda un cadáver del que pocos se acuerdan y aún menos acompañan. Virginia Felipe voló alto y voló rápido, tanto que la caída fue sin frenos ni sujección, en picado, pronto se le acabó la gasolina y tuvo que aterrizar para no volver a despegar, volvió a su pueblo muerto de hambre de Toledo, volvió a sus pequeños bolos por los derechos de las personas con discapacidad de los que solo la poca gente que hay alrededor de ellos, se entera. Lejos quedan los grandes altavoces que le dio Pablo Iglesias y PODEMOS, lejos queda la Virginia Felipe que aparecía en los medios, lejos queda la que aglutinaba acólitos a su alrededor, queda tan lejos que a su destino ha llegado con menos equipaje del que tenía cuando salió. En el camino no solo perdió amores, también se dejó amigos, amigos fieles como yo y otros tantos que tanto le dimos y tanto que por ella hicimos, y no solo perdió amigos y amores, también familia, familia que si bien no la deja, ya no es tan cercana como lo era, y la familia es lo más grande que se puede tener y perder a la vez.

No te digo que al escribir estos episiodios de mi vida y de la suya, ya olvide y quede todo atrás, posiblemente no lo haga nunca, al menos mientras la edad y mi cabeza me permitan recordar para no repetir, tampoco puedo perdonar, fue muy grande la traición para darle perdón, tampoco lo ha pedido, ni lo hará, su orgullo le impide pedir perdón absolutamente a nadie, y como dice una canción de Diana Navarro, "el perdón te lo dará Dios, pero yo no", y no sé si tanto que ha hecho tiene perdón de Dios, desde luego el mío no. No sé si habrá nuevos episodios, aunque tal y como es la ex-senadora, todo es posible, pues sus tropelías no tienen fin, lo que si sé es que no habrá segunda parte en modo alguno, porque ya todo está contado y vivído, aunque ya no queden ganas de vivir más amores que puedan volverse traicioneros.

Seguro que esta serie de capítulos que aquí te he contado, no pasará a la historia de los libros digitales, no será recordado, salvo por los que lo vivímos, ni leído o releído con el paso de los años, pero será una parte más de cuantas navegan y flotan en este mar digital hasta que el tiempo se lo lleve y lo pierda en el infinito, al igual que algún día el viento se llevará las cenizas de La Senadora Cadáver.

 


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