Masaje erótico

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Finales de Abril, uno de esos días grises y lluviosos. Jueves por la tarde para más señas. El día en la oficina había sido largo e intenso y estaba cansado, no solo por el día, si no por la semana. La imagen reflejada en el espejo del cuarto de baño mostraba a un tipo con mucho pelo en la cabeza. Sí, definitivamente un buen corte de pelo me vendría bien. Me quité los calzoncillos y los calcetines y me metí en la ducha. 

Ya en la calle, rodeado de edificios sin alma, me metí por unas callejuelas que no solía frecuentar. Quizás solo buscaba que el viento fresco me hiciera sentir vivo. En una de las calles repare en un cartel que decía peluquería y entré. El sitio no parecía muy grande, pero el mobiliario estaba limpio y las paredes no hace mucho que se habían pintado. 

Sonido de agua y una puerta al fondo se abre. Una chica que rondaría los treinta, menuda, media melena pintada de rojo y un tatuaje en la muñeca se acerca a mi.

- Buenas tardes. ¿En qué puedo ayudarle?

- Necesitaba un corte de pelo y se me olvidó pedir cita... no sé si estás libre.

- Sí, hoy no tengo a nadie. Pase por favor y siéntese en esa butaca. - dijo señalando un sillón negro con ruedas.

- Y bien. ¿Cómo lo cortamos?

Le dije como lo quería y seguí el movimiento de su cuerpo cuando fue a buscar la maquinilla. Tenía un trasero pequeño y aun así, los pantalones blancos que llevaba puestos se le metían por la raja. 

- Inclina la cabeza. - dijo mientras se acercaba a mí. 

El perfume que llevaba olía a melocotón. Por el rabillo del ojo me fijé en el escote, tetas pequeñas, pero bien puestas.

- ¿Y dónde te cortas el pelo habitualmente? - me preguntó.

Respondí contento de que me tratase de tú y también de poder charlar.

Después de un rato nos quedamos callados y pude fijarme en un cartel con precios donde observé que aparte de lavar y cortar, también tenían un servicio de masajes.

- ¿Dais masajes? - pregunté.

- Sí. ¿Estás interesado? 

- No sé.

- Si quieres puedes probar.

- Pero, ¿ahora? es tarde ¿no? digo, estarás cansada y tendrás que cerrar.

- No me importa, además, esta semana está siendo floja y todo ingreso es bienvenido.

- Ok. -

- Perfecto, terminamos con el pelo, te lavo la cabeza y vamos al cuarto. 

********************************

Siguiendo las indicaciones de la peluquera me quité toda la ropa a excepción de los calzoncillos, me tumbé boca abajo en la camilla y me cubrí el área desde la cintura hasta la parte superior de los muslos con una toalla.

Al minuto o así entró la chica en la habitación, sacó algunos botes de un cajón y tras untarse las manos con un aceite aromático comenzó a masajearme  el área de la nuca.

- Te noto un poco tenso, relájate.

- Perdona, es que estoy un poco nervioso.

- Te pongo nervioso. No tienes de que preocuparte, tu relájate.

Las manos de la chica ejercían presión sobre mi espalda. Cerré los ojos concentrándome en el tacto y en el olor. Cuando sus manos se centraron en mis muslos los abrí. Estaba más relajado, pero por algún motivo pensé en el cuerpo de la mujer y me excité un poco.

- Date la vuelta... eso es, espera que te pongo la toalla. -

- Ahora usaré un aceite especial para la cara, cierra los ojos.

Sus finos dedos comenzaron a masajear mi cara y cuando llegaron a la zona del bigote me hicieron cosquillas.

- Perdón, te estoy haciendo cosquillas.

- Nada, son unas cosquillas excelentes... solo las superaría un beso.

La atención de la peluquera se dirigió al área del estómago y los muslos. Pero antes de empezar, se quedó un rato parada. Miré, y para mi vergüenza, la toalla se levantaba a la altura del pene. Estaba teniendo una erección.

- Vaya, parece que el pajarito esta despierto. - me dijo la peluquera.

- Perdón, no quise... hablo demasiado. - añadió disculpándose.

- No, no. Estás en lo cierto. El masaje está bien, pero bueno, la tensión del día, de tu presencia. No puedo evitar, ya sabes.

Ella me miró y chequeó el reloj. Faltaban 10 minutos para terminar.

- Me sabe mal que un cliente no quede satisfecho... oye, te apetecería prolongar un poco más el masaje... me refiero, algo que te haga relajarte de verdad... bueno, solo si tu quieres y...

- No, no tienes razón, necesito algo más, por supuesto pagaré el tiempo extra.

- No hace falta.

- Insisto... ¿que tienes pensado?

La chica retiró la sábana y palpó mi crecido miembro a través de los calzoncillos.

- ¿Puedo retirarlos?

Asentí. 

Lo que vino después fue uno de los episodios más placenteros de mi vida. Las manos de la peluquera sabían lo que hacían y luego, esa boquita húmeda, esos labios y esa lengua besando y lamiendo cada parte del mástil. 

- ¿Qué tal? - susurró.

- Muy bien.

- Oye, ¿quieres probar el masaje cuerpo a cuerpo?

Tragué saliva y asentí.

La peluquera se quitó la ropa quedándose en cueros, se acercó a mi y me beso en los labios. Por mi parte alargué el brazo y le acaricié el culito. Cuando se separó sacó un tubo de plástico del cajón y apretándolo, se impregnó las manos con una especie de gel transparente que acabó extendiendo por sus senos. Luego, echó liquido en mi cuerpo y lo extendió con ambas manos.

- ¿Te gusta? ¿Quieres sentir mi cuerpo? - dijo con voz sensual mientras se encaramaba a la camilla y se tumbaba boca abajo sobre mi cuerpo. Con una mano, agarró mi falo. Luego empezó a restregar su cuerpo sobre el mío.

- Abre la boca... - dijo pegando sus labios a los míos y metiéndome la lengua.

- ¿Qué tal? -

- A punto de correrme.

- Espera un poco. Date la vuelta... boca abajo.

Obedecí, aunque en lugar de acostarme me puse a cuatro patas para evitar aplastar mi miembro. Ella se puso detrás y untando su dedo medio en gel, lo introdujo en mi ano. Al principio fue molesto, pero enseguida, poco a poco, un ramalazo de placer me recorrió de arriba a abajo.

- Aguanta un poco más. - me susurró al oído la peluquera sin dejar de mover el dedo que tenía metido en mi culo.

Todo sucedió muy rápido. Su dedo fuera de mi recto, sus brazos sujetándome a la altura de mi pecho y el semen saliendo en dos largos chorros merecedores de ganar algún que otro campeonato.

- ¿Conforme con el servicio?

- Sí, le pongo un sobresaliente. - dije en cuanto recuperé el aliento.


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