Mi amigo me hizo sentir lo que mi marido jamás logró (parte 1)

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Hola, mi nombre real es Nohemí Andrade Morán, tapatía de nacimiento y actualmente vivo en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, México. Tengo 19 años de divorciada, y la experiencia que les quiero relatar la viví en junio del año 2019.

Mido 1.68, mis senos son grandes y muy bien proporcionados para mi estatura, de cintura esbelta y cadera promedio con nalgas envidiables (eso dicen mis amigas). No soy modelo de revista, pero considero que soy muy bonita de mi rostro, además que sé maquillarme muy bien.

Por la formación moral y religiosa que recibí de mis padres, con la creencia de que es mejor casarse que caer en pecado, me casé cuando apenas había cumplido los 18 años (la mayoría de edad en México). El hombre con quien me casé no era del todo atractivo, pero no era feo físicamente, fue más un matrimonio por religión que por amor.

Él, digamos que se sacó la lotería conmigo, puesto que para ese entonces verdaderamente era una diosa, mi cuerpo era perfecto y mi rostro demasiado bello, me casé siendo virgen.

En este relato no quiero hablarles de cómo mi esposo me desvirgó; quiero narrarles lo que me ocurrió a penas en junio del año 2019, tras estar 19 años divorciada y, por mis convicciones religiosas, de cómo fui educada, me mantuve sin siquiera el mínimo contacto sexual, es más: ni siquiera un beso. El único contacto más atrevido había sido de un amigo que vino a Guadalajara y nos saludamos con un beso en la mejilla, no más que eso. No niego que sí sentía muchos deseos, pero me daba miedo caer en pecado (por mi formación religiosa).

Conociendo mis necesidades fisiológicas y por convicciones religiosas, nunca he dado ninguna insinuación de algo más allá de un saludo a quienes se acercan a mí, quizá con intenciones de una relación sentimental; ya que en la religión que practico desde la infancia, se enseña que si alguien se separa o divorcia, debe quedarse sin pareja hasta que quien haya sido pareja fallezca, por aquello de: "hasta que la muerte los separe".
Ya se imaginarán: a mi edad y tener 19 años sin satisfacción sexual donde lo único que me consolaba era mi propia mano jugueteando mi clítoris hasta el auto orgasmo, pero siempre deseosa de que alguien me hiciera vibrar como alguna vez lo sentí con quien fuera mi marido.

Como mi casa es compartida, por ser herencia de mis padres a mis hermanas y a mí, yo por ser la única que no tengo pareja, me quedé en la habitación de hasta arriba (tercer piso), pero es una casa humilde que necesita muchos arreglos. Por la escasa economía de mis padres, no pudieron darme estudios, por lo que solo logré cursar tercer grado de primaria, motivo por el que por mi escasa formación académica no he tenido buen trabajo, así que los arreglos a mi habitación los fui haciendo de manera muy lenta. Los años pasaron y el avance fue casi nulo.

Tras esta breve introducción a mi fascinante relato de lujuria y placer, les comento que todo comenzó el catorce de febrero del año 2019, mientras fui a tomar un helado con mi hermana Ruth (que por cierto es mi cuata). Estábamos en la mesa de la jardinera de esa cafetería, cuando su esposo llegó y junto con él un amigo al que muy amablemente me presentó, también pertenece a la iglesia a la que acudimos como familia.
Tras la charla y las risas de rigor conforme la plática, resultó que es albañil (obrero de la construcción sin título universitario) y, como le platiqué de las reparaciones a mi habitación y de lo difícil que era para mí invertir en ello: muy amablemente se ofreció a apoyarme con materiales y su manufactura, asegurando que lo único que deseaba era mi amistad y que sí me cobraría, pero que le pagara sin prisas y cuando pudiera. Lo vi como algo muy natural, ya que en nuestra iglesia estamos enseñados a apoyarnos mutuamente, además que era amigo de confianza de mi hermana y mi cuñado.

Ese día, no llamó mucho mi atención, ya que vestía ropa de mezclilla y camisa de fuera, es decir: estaba vestido de manera informal; eso sí: muy amable y atento conmigo. Sus atenciones y amabilidad y mis deseos de sexo, hicieron que mi vagina se mojara. Por la plática supe que es casado y tiene hijos, por lo que mi cerebro le ordenó a mi útero que se calmara.

Al otro día, ya estaba en mi habitación tomando las medidas para las reparaciones que había que hacer. Como no podría pagarle de manera rápida, tal como lo acordamos: trabajaba solo, es decir: no tenía ayudantes, aquí en México, al ayudante se le llama "chalán" o "media cuchara". Él trabajaba solo, y venía a mi casa solo tres veces por semana en las tardes, por lo que el avance era lento pero notorio. Mis atenciones hacia él, eran ofrecerle agua fresca y algo de comer. Al final del día, nos quedábamos en la habitación, charlando de todo un poco y riendo mucho. Sus atenciones hacia mí me fueron conquistando de tal manera que, no sé si fue enamoramiento o simplemente el deseo de sexo, puesto que sentía la humedad de muy vagina con el solo hecho de estar charlando. No sé si el olía mis feromonas... lo cierto es que, así pasaron las semanas y los meses hasta que mi habitación quedó completamente terminada a mediados de junio de ese mismo año (2019). Esa tarde, él levantó y sacó todas sus herramientas, mientras yo me puse a hacer limpieza. Me pidió que dejara sucio, así como estaba, comprometiéndose a volver al siguiente día para ayudarme con la sacudida y lavado del piso. Así lo hice.

Debo mencionar que en todo ese tiempo de convivencia, mis ropas siempre fueron de manera honesta y sin ninguna insinuación de mi parte (falda larga y blusa con manda y sin escote). Debo señalar que siempre sentía sus miradas, pero cuando volteaba, él estaba haciendo algo, por lo que sospecho que me miraba con lujuria y cuando yo miraba: se volteaba para otro lado en su labor de la construcción (sabiendo disimular muy bien sus deseos). Confieso que muchas veces, él estuvo en mi imaginación mientras me masturbaba. Mi sangre ardía de deseo, pero tenía mucho miedo de caer en pecado (por mi religión) y como soy cantante en la iglesia a la que pertenezco, debía guardar las formas morales.

Una vez que quedó mi recámara totalmente lista y hasta con las cortinas puestas: ambos sonreímos de satisfacción. Nos dimos cuenta que estábamos muy sudados. Ese fue su momento, ya que: me asusté o mejor dicho, me llenó de asombro cuando sin decir nada (aún riendo de alegría), se sacó la camisa y quedó completamente desnudo de la cintura para arriba.

Wow. Hacía muchos años que no veía un hombre en esas condiciones, solo se quedó con el pantalón de mezclilla.


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