Fetiche Anal y Otras Fantasías

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Empezó a besarle la espalda, descendiendo hasta sus nalgas que mordisqueó con lujuria, separándoselas, enterrando su cara en ellas, Pilar jadeaba al sentir como la lengua traviesa de Diego la lamía, justo ahí, en su pequeño agujero. Un suspiro intenso se le escapó de su boca cuándo él la penetró, exclamando “ahh”, al tiempo que arqueaba su espalda de forma físicamente posible, sintiendo como él se la había enterrado toda. Él se acercó a su oreja, lamiéndola, diciendo entre susurros “¿te gusta?”, “me encanta” respondió ella entre gemidos. Diego empezó a penetrarla con más fuerza, sus movimientos fueron cambiando de suaves a rudos, las bolas de él chocaban contra sus labios vaginales, poniéndola más cachonda, ella sentía que la estaba desgarrando, pero eso la excitaba más; gimiendo intensamente; el apretado culo de Pilar hacía que Diego llegara como nunca antes, llenándola de su leche hasta terminar exhausto. ¡Carajo! ese anal estuvo de puta madre.

La jornada de un nuevo día llegaba a su fin, Diego volvía a casa; anhelaba tremendamente una rica ducha y para su fortuna, Pilar lo estaba esperando en la bañera, en un sensual y relajante baño espumoso; llevaban saliendo de forma no muy formal hace un buen tiempo; ¡Que rica sorpresa! Exclamó él, ella le sonrió pícaramente extendiendo su brazo halándolo de la corbata, empezó a desabrochar su camisa de a poco, mientras lo miraba intensamente, Diego se sacó el cinturón y zafó su pantalón con urgencia, ella se los bajó despiadadamente, metiéndolo a la bañera, lo empezó a besar con locura, él le correspondía, descendía por su cuello devorándola, yacía sentada con las piernas abiertas en ese baño espumoso, él empezó a jugar con su clítoris, mientras se seguían besando salvajemente, la masturbaba, haciéndola estallar intensamente y entre gemidos gritó “cómeme el coño”, él la miró fascinado y mientras se sacaban el exceso de jabón espumoso de sus cuerpos; ahí; bajo la regadera, ella le mamaba la verga, él dejaba que el agua corriera por su cara mientras jadeaba excitado, sujetándola del cabello fuertemente y entre sonidos guturales, con tal cadencia y profundidad, lo hacía jadear aceleradamente; por un momento, ella detuvo sus movimientos, diciendo “quiero que llegues dentro de mí”, al tiempo que lo miraba sexualmente y él acariciaba sus carnosos labios con su pulgar.

Salieron apresuradamente de la bañera, aún con humedad entre sus cuerpos, ella se recostó sobre el pequeño somier de su habitación, abrió sus piernas llamándolo con el dedo, diciéndole en tono de orden y con mirada penetrante “aquí” señalando su vagina, él enterró su cara en el coño de ella; el primer lengüetazo la hizo vibrar, meneando un poco la cadera “ahh” suspiró entre dientes; Diego la lamía y la chupaba como animal, ella volvía a gemir intensamente, sintiendo como la lengua de él la hacía estallar en su pelvis, retorciendo su cuerpo lujurioso en ese pequeño somier; descendiendo por sus muslos, chupándolos y besándolos hasta llegar a sus pies, chupó y lamió sus dedos deliciosamente. Ella envolvió sus piernas en las caderas de él, la tomó en sus brazos volviéndola a besar, la sentó en el borde de la ventana y la penetró “ahh” exhalaron ambos, mientras se meneaban. Las jugosas tetas de ella lo llamaban, fue directamente hacia ellas, tomando un pezón, lamiéndolo en círculo con su lengua, succionándolo; apretaba el otro pezón y repetía sus movimientos; Pilar arqueaba su espalda placenteramente y él se envolvía en ella, saboreando cada centímetro de su piel. Volvieron a besarse ferozmente,  entrelazaron sus manos llevados por el placer y en un movimiento brusco y sensual, la obligó a alzar los brazos al tiempo que con una de sus manos le sujetaba fuerte las muñeca , apoyándolas en el vidrio; con su otra mano le acariciaba los labios al tiempo que ella  le chupaba el pulgar, moviendo su cadera de adentro hacia afuera,  haciendo que él la penetrara  con más furia, palmoteando en cada vaivén, él la sujetaba del cuello y volvía a acariciar sus sensuales labios, se la follaba como un desquiciado, “aahh…aahh..aahh” gemía ella sórdidamente, haciendo que él se hundiera en ella con furor, corriéndose agitado, sus miradas se redescubrían una vez más, con tal complicidad y agitación, provocando que sus almas se conectaran, sintiendo la vibración del otro en su propia carne, era algo majestuoso, solemne, en donde disfrutaban el uno del otro hasta saciarse y sus agitados cuerpos entrelazados ponían fin a su magnífico encuentro.

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