Mi amigo me hizo sentir lo que mi marido jamás logró (parte 4)

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Sonreí con picardía y comenzó el mete y saca de ese hermoso y enorme pene. Lo hacía de manera muy lenta, tanto que podía sentir cada milímetro de su pene saliendo y entrando en mí. Él estaba disfrutando cada milímetro de mi interior, así lo hizo muchas veces y de pronto aceleró el ritmo como si tuviera electricidad en la cintura. Sentía que se me saldrían los ojos por tanto placer. En verdad gritaba, no gemía: gritaba en forma de alaridos y a veces con sonidos agudos. Aunque meneaba la cabeza de manera descontrolada, pude ver su cara con una sonrisa de satisfacción. Por la expresión de su rostro, me sentí humillada y utilizada; pero lo estaba disfrutando...

Cuando estaba a punto de otro orgasmo: de nuevo bajó la velocidad, y mi orgasmo se detuvo. Fue un orgasmo demasiado lento y duradero en el que pude sentir como mis entrañas iban preparando el lanzamiento de un nuevo "squirting" que salió como manguera de bombero.

En este nuevo orgasmo, quedé rendida.

Se recostó sobre mi pecho y con voz suave (que me hizo sentir amada) me dijo:

-Quiero terminar dentro de ti, mi amor.

-Tengo miedo embarazarme, no estoy operada y como sabrás no utilizo anticonceptivos.

-Déjame abrirte la colita, entonces. Déjame terminar allí.

Me dio miedo, la verdad. Mi ex esposo nunca me tocó el ano. Pero como había visto videos de sexo y en ellos se ve muy natural. Tomé una decisión.

Me quedé callada, lo empujé de encima de mí, él se levantó.

Estando recostada, di media vuelta para quedar acostada sobre mi abdomen, levanté mis caderas, arqueé mi cintura hacia abajo y mantuve el pecho pegado al piso. Estoy segura que él entendió lo que eso significaba.

Cerré los ojos y me entregué de nuevo.

Sentí sus manos acariciando mis hermosas nalgas mientras me decía: eres perfecta Nohemí, tus nalgas, tu culo tan limpiecito: verdaderamente eres perfecta. Oh, Nohemí Andrade Morán, eres perfecta. Guardó silencio para utilizar su lengua... De no haber sido por tener la camisa en mi boca, no sé qué tan fuerte habría sido mi grito de placer cuando sentí la humedad de su lengua en mi ano. En el primer contacto, sentí una descarga de electricidad que entró por mi ano y se fue directamente al clítoris. Grité muy fuerte con el trapo en la boca.

No sé qué tan hermosa sea esa imagen que él me describió después, de lo que sí estoy segura es de que mi ano palpitaba al menos dos veces por segundo.

Saboreó, chupo, besó, succionó y mordió mi ano todo lo que quiso. Lo hizo mucho rato. Yo solo gritaba, manoteaba y me reía muchísimo. Las costillas son muy fuertes e indescriptibles. Estoy segura que dejó de hacerlo solo hasta que se cansó.
Cuando sentí que se acomodó de manera erguida, supe lo que seguía.
Me acomodé más la camisa en la boca y tomé las cortinas con mis manos para apretarlas.

Colocó su hermoso y grueso glande en la entrada de mi ano muy bien lubricado por tanta saliva. Fue empujando lentamente. Yo estaba muy tensa y nerviosa, pero verdaderamente feliz.

Como no podía entrar, se retiró para lamerlo y así humedecerlo e intentar de nuevo. Así lo hizo muchas veces hasta que el glande logró forzar mi apretado esfínter. Me dolió muchísimo. Apreté los dientes, las manos y los dedos de los pies.

Ni siquiera había entrado, solo el glande estaba forzando mi esfínter. Se retiró de nuevo, sentí su lengua y escuché como si hubiera escupido. Se colocó en posición y empujó un poco más, esta vez sí que entró un muy buen trozo de ese hermoso y grueso pene. No sé qué tanto haya entrado, lo cierto es que sentí que era muy grande, apreté mi colita con todas mis fuerzas, a la vez que mordía fuertemente la camisa y retorcía las cortinas con mis manos.

Se salió de nuevo, escupió más en mi ano y se volvió a colocar, empujó con más fuerza y entró un poco más. Así lo hizo como cinco veces hasta que sentí sus testículos tocando mi vagina; ahí supe que había entrado todo. Aplicó la misma técnica que con mi vagina. Se quedó inmóvil sintiendo las contracciones de mi cuerpo dándole placer a su hermoso pene.

Cuando calculó que la saliva se secaba, se salió de mí, lanzó más saliva y entró, esta vez bombeó dos veces y se quedó inmóvil. Cuando sintió que mi colita se secaba, se volvió a salir y escupió de nuevo para volver a entrar y esta vez bombeó varias veces, no sé cuántas, pero más de cinco. Así estuvo utilizando esta estrategia que me daba demasiado placer, cada vez que entraba y bombeaba, yo solo gritaba ahogando ese alarido de placer entre los dientes mordiendo la camisa.

Así me tuvo, empinada y ensartada mientras bombeaba hasta que tuve un nuevo orgasmo.

Con este otro orgasmo, sentí que mis piernas no iban a soportar más y creo que se dio cuenta que ya me iba a rendir, por lo que se apuró al juego del mete y saca para terminar de una vez. Yo ya temblaba de cansancio y placer. Sentía que no podía sostenerme más en esa posición y me dejé caer de golpe. Su pene salió como si algo lo hubiera disparado bruscamente hacia afuera.

Me quedé tirada bocabajo ya sin moverme, yo ya había tenido lo que tanto había estado deseando. La verdad no me importó si él había terminado o no, yo estaba feliz.

Sentí que con fuerza me tomó de la cadera para darme la media vuelta para quedar recostada sobre mi espalda. No hice ningún esfuerzo ni por cooperar ni por poner resistencia, sencillamente me dejé manejar.

Me colocó boca arriba, puso mis pies sobre sus hombros, como cuando entró en mi vagina, pero esta vez fue para entrar en mi colita. Yo ya no tenía fuerzas de nada, sencillamente lo dejé hacer en mí lo que quisiera.

Mojó su pene con mis jugos vaginales, se colocó en posición y una vez listo para entrar: dio una embestida que casi me saca los ojos. Como ya no tenía el trapo en la boca: me salió un gemido que más que gemido fue un grito de entre placer y dolor, algo así como Ooommmgggg... Pero demasiado fuerte.

Estoy segura que todo el vecindario estaba imaginando y disfrutando el show sexual por el escándalo que yo estaba haciendo, pero ya no me importaba.


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