Mi amigo me hizo sentir lo que mi marido jamás logró (parte 5)

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Quiero hacer esta acotación: a partir de esa tarde, ya mis vecinos no me respetan y de manera despectiva me dicen: "la mimí".

Retomando: en ese momento, mi cuerpo reaccionó por inercia natural, es decir, mi ano se apretó mucho, ahí fue donde utilicé todas mis fuerzas finales. Él, disfrutó y me hizo gozar muchísimo en el juego del mete y saca en mi primer anal. De vez en cuando se salía completamente para mojar su pene con mis jugos vaginales. Así me tuvo hasta que con un suspiro-gemido: se derramó dentro de mí. No sé qué tanto semen haya salido de su pene, pero sentí como si hubieran sido litros de leche caliente que inundaron no solo mi esfínter, sino todo mi intestino.

En realidad, pensé que me saldría semen por la boca. Mi esposo, nuca me tocó el ano, por lo que este primer anal me dejó en éxtasis.

Una vez que se vació completamente, dejó de bombear y se quedó dentro de mí hasta que su pene se volvió flácido y salió por sí solo.

Con mucha delicadeza, bajó mis piernas de sus hombros, se recostó a mi lado para abrazarme. Me dio un hermoso beso en los labios. Es todo lo que recuerdo.

No sé si me dormí o si me desmayé; lo cierto es que: cuando reaccioné, estaba tirada en el suelo, sobre la cortina, cubierta con una toalla. Me sentí muy humillada. Me quedé llorando de vergüenza. No sabía que horas eran, solo sé que lloré mucho y cuando intenté levantarme: no pude, mi ano me dolía y ardía mucho, sentía como si tuviera arena en mi interior o algo así como si hubiera ido al baño estando estreñida y hubiera comido alimentos muy condimentados.

Me levanté con mucho esfuerzo, mis piernas estaban muy débiles y temblorosas; sentía como mi vagina palpitaba conforme a los latidos de mi corazón. Como puede, tomé una ducha en mi baño nuevo, pero mi ropa no estaba aún en esa recámara, así que me envolví en la toalla y bajé a la habitación donde dormía en esos días y estaba mi ropa. Me vestí como de costumbre: mi falda larga y una blusa con mangas. Fui a la mesa porque moría de hambre. Estaban mis hermanas, quienes me miraron con ojos de coraje.
Mi hermana Ruth (que es mi cuata) me cuestionó fuertemente diciendo:

-¿Qué has hecho Nohemí? ¡Caíste en pecado! Son más de las once de la mañana y en toda la colonia solo se habla de ti, de lo que hiciste anoche. ¡No te vayas a atrever a cantar así en la iglesia! Tanto cuidarte para venir a caer tan bajo. Al menos se hubieran ido a un hotel o a algún lugar donde nadie los conozca, ¿Pero aquí en la colonia de la iglesia? ¡Te pasas, Nohemí!

No dije nada, solo agaché la mirada, me serví los alimentos y comí en total silencio. Todos en la mesa me hicieron sentir como si fueran fantasmas, todo en absoluto silencio. Cada bocado, me pasaba con dolor en la garganta y sentía que masticaba muy lento, aunque quería hacerlo de prisa.

Las miradas y murmuraciones contra mí, son muy crueles desde entonces.

Después de ese encuentro con Marcelo, mi nuevo hombre, vinieron muchos encuentros más, pero ya no en mi habitación.

Después de tantas escapadas a diferentes hoteles, creo que su esposa comenzó a sospechar algo y en ocasiones escucho que me dicen: "la quita maridos" o peor aún: "la ramera de la colonia".

Como Marcelo, me dejó plantada varias veces y, obvio: con las ganas de al menos un orgasmo, y considerando mi mala reputación en la iglesia: tomé una decisión:
Pensé: Yo, con este cuerpazo que tengo, siendo mujer sola y sin compromiso, ¿voy a estar sufriendo de escasez financiera y rogándole a un hombre para que me coja? ¡Ya no más!

A finales de octubre, de ese mismo 2019, decidida a vender mi cuerpo al mejor postor, me fui a una plaza muy famosa de la ciudad, no fui con la ropa habitual que ocupo para la iglesia, sino que me vestí con algo que hace lucir mis hermosos atributos.

Un hombre, cuarentón, intentó seducirme: yo cooperé. Fue mi primer encuentro sexual a cambio de dinero. No fue una experiencia de placer, pero sí me dio una buena ganancia económica. Desde entonces, voy a la plaza, tres veces por semana y de ahí, con algún conquistador de cualquier edad, nos cruzamos al hotel de enfrente.
He tenido entre mis piernas a jóvenes y adultos de diferentes edades. Por la belleza de mi cuerpo, cobro muy bien y les doy servicio completo.

De estos encuentros, les platicaré en otros relatos.

Es este mi primer relato. Gracias por leerme.


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