"MI NOMBRE ES JULIA" (2/3)

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Le serví una taza de café y empezó a contarme que su vida era muy similar a la de Julia, la protagonista del libro, en muchos aspectos. Le pregunté a que parte del libro se refería y me dijo a modo de resumen que por la mojigatería. La estricta educación de su marido había sido un freno en sus relaciones sexuales.

Me contó que al poco de casarse, en una ocasión fue a chuparle el pene y su respuesta fue que mejor no lo hiciera, ya que prefería poder besarla y no iba a hacerlo después de que se la chupara. Le dijo que si él se lo hiciera a ella no le daría reparo besarle después. Su respuesta fue aún más desalentadora, le dijo que eso era una guarrada y que se comportara como lo que era, su esposa.

Fue como un jarro de agua fría. Se sintió humillada y sucia. A partir de entonces jamás volvió a intentarlo y era como una espinita que llevaba clavada muy dentro. En el fondo era algo que siempre le había reprochado a su marido y nunca se había atrevido a decírselo. Me lo contó con la mirada clavada en la taza que tenía entre las manos, casi con vergüenza.

Me sentí obligado a restarle importancia aduciendo a que era un mal muy generalizado en nuestra generación. Falta de confianza por miedo a lo que pensara nuestra pareja de nosotros y una educación de mierda, excesivamente basada en la religión. Sabía que solo era una frase, cuando la verdad fue que no sabía que decir.

Continuó diciéndome que según avanzaba en la lectura del libro, iba sintiendo una opresión cada vez mayor en el pecho. Era como si su vida de pronto careciera de sentido y hubiera sido una completa farsa sexualmente hablando. A través de “Julia”, cada vez era más consciente de haber desperdiciado una parte importante y vital de su vida. Levantó los ojos y me miró directamente a la cara, los tenía brillantes y juraría que alguna lágrima estaba a punto de desbordarse por su mejilla.

¿Tú me dejarías chupártela? – me espetó de pronto. Aunque sea solo una vez en la vida quiero saber que se siente al darle placer a un hombre con sexo oral. Se que no tengo derecho a pedírtelo, pero prefiero hacerlo a callármelo – me soltó de corrido.

Me quedé paralizado a pesar de que algo había intuido y me había preparado por si acaso se presentaba la ocasión de tener sexo con ella. Sin embargo, la situación era completamente distinta de la que me había podido llegar a imaginar.

¿Estás segura de que quieres hacerlo? – le pregunté. Por mi parte encantado, es más, creo que hasta he llegado a imaginar la posibilidad de tener sexo contigo. El problema es cómo te sentirás después.

 

Eso no lo voy a poder saber hasta después y quiero saber la respuesta, si estás dispuesto – dijo al tiempo que se levantaba de la silla y se me acercaba desabotonándose el vestido playero que llevaba puesto para mostrarse en biquini.

Se colocó delante de mí, me separó las piernas y se arrodilló. Me puso una mano encima del sexo y buscó el contorno del pene por encima del bañador. En ese momento me alegré de haber sido previsor, mi reacción no se hizo esperar y empezó a crecerme al contacto de su mano. Me bajo el bañador lo suficiente para que el pene aflorara. Yo seguía inmóvil sentado en la silla.

Empezó a mover la mano hacia arriba y hacia abajo sin siquiera mirarme a los ojos. Acercó la cara y puso los labios alrededor del capullo mientras intentaba quitarme el bañador y levanté el culo para facilitarle la tarea.

En un acto reflejo le puse las manos en la cabeza y presioné hacia abajo invitándola que se la metiera en la boca. Ahora era ella la que voluntariamente subía y bajaba la cabeza. La falta de experiencia, la suplía con pasión e intuición.

Le desaté el lazo del biquini del cuello y lo bajé dejándole los pechos al descubierto. Los apreté ligeramente y busqué los pezones. Cuando estiré un poco de ellos su reacción fue chupar con más intensidad, en señal de que aceptaba el gesto. Metí un pie entre sus piernas y presioné su sexo. Ella las cerró para aumentar la presión sobre el pubis.

Le dije que me iba a acabar corriendo si seguía chupándome así, contestó moviendo afirmativamente la cabeza. Insistí preguntando si quería que la avisara cuando lo fuera a hacer y volvió a moverla, esta vez negando. Así las cosas, me ocupé solo de disfrutar y dejarme llevar.

Deslicé un poco el pie hasta conseguir poner el dedo gordo en su clítoris al tiempo que jugaba con sus pezones, llevándola a ese estado de dolor y placer simultaneo tan estimulante. El morbo y la mamada hicieron que me corriera sin poder retener por más tiempo la eyaculación. Me dejé llevar dentro de su boca.

Con el primer chorro hizo un movimiento de sorpresa, aunque reaccionó inmediatamente y empecé a notar las contracciones de su garganta al tragar. Cuando acabé se la sacó lo justo para dejar el capullo en sus labios y pasar la lengua por la punta.

Al incorporarnos recordé lo que me había contado de su marido y la besé en la boca. No fue solo un beso en los labios, metí la lengua en su boca buscando el contacto de la suya. Al separarnos se me abrazo al cuello y susurrándome al oído me dio las gracias.

Le dije que era mi turno. Le solté el sujetador de detrás, bajé las manos a la cinturilla de las bragas y las deslicé hasta los pies, ella los levantó para deshacerse de ella. La senté en un sillón reclinable de la terraza, eché el respaldo hacia atrás y empujé sus hombros para que reclinarla. La levanté las piernas y se las puse sobre los brazos del sillón, dejándola totalmente expuesta.

Me arrodillé y hundí la lengua en su sexo. El primer gemido le vino involuntariamente por la sorpresa. Ascendí la lengua hasta el clítoris y descendí de nuevo a la entrada de la vagina para penetrarla de nuevo con la lengua. A partir de ahí la lengua descendía desde el clítoris hasta la entrada trasera y ascendía de nuevo, sin descuidar un solo trozo de piel.

Al presionarle el orificio el culo con la lengua para metérsela se retiró hacia un lado, le di un azote y volví a ponérsela en el ojete diciéndole que relajara los músculos. A partir de ahí no paró de gemir hasta que se corrió con media lengua dentro del culo. Sin darle respiro, me ocupé del clítoris hasta que se corrió en mí lengua.


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