"MI NOMBRE ES JULIA" (3/3)

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Tuve que ayudarla a levantarse, no tenía fuerzas ni para incorporarse. Me pidió que por favor la abrazase y así estuvimos un rato, con mis brazos alrededor de su cintura y sus manos sobre mi cabeza presionándomela contra los pechos.

Nos tomamos otro café y me contó que al día siguiente venían a instalarla unos muebles nuevos para la cocina y no íbamos a poder tomar café. Le dije que entonces podíamos comer juntos en mi casa y yo me ocupaba de la comida, ya que ella iba a estar ocupada. Aceptó y se marchó a su casa.

Al día siguiente estuve toda la mañana oyendo ruidos de martillos y sierras. Preparé algo frío que no me obligara a meterme en la cocina. Unos aperitivos, un poco de marisco y una ensaladilla rusa, para postre compré un trozo de pastel de queso. Todo preparado para cuando se fueran los operarios de su casa.

Al verles marcharse, me tome una pastilla de Viagra para que fuera haciendo efecto. Al rato la escuché chistarme desde su terraza y me dijo que bajaba. Salí a la puerta a abrirla y al verla me pareció una mujer atractiva y sensual, seguramente el vestido blanco estilo ibicenco que se había puesto y evidenciaba la ausencia de sujetador ayudaba. Al entrar le puse la mano en la parte baja de la espalda y descendí hasta el culo. Me miro y con una sonrisa invitadora me dijo que no buscara lo que no había. La miré sin saber a que se refería y levantándose la falta me mostró el sexo depilado y sin bragas. Los dos nos echamos a reír cuando me dijo que se lo había pelado, como le gustaba llevarlo a Julia en el libro.

Le dije que había preparado la mesa en el patio posterior porque era más fresco a esa hora del día. Me ayudo a llevar la comida a la mesa y la regamos con un vino blanco helado. Justo antes de sentarse a la mesa le pedí que se quitara el vestido al tiempo que yo me quitaba el bañador. Comimos desnudos reservándonos el sexo para después de comer, aunque con constantes caricias y dándonos de comer el uno al otro, como dos adolescentes que están deseando follar y lo retrasan voluntariamente.

Nada más terminar el café me levante y le di la mano para que se incorporara. Nos subimos al colchón hinchable que había preparado en el patio y mientras nos metíamos mano le dije que la iba a follar de manera distinta a como se lo hacia su marido. Me miro interrogativamente y le dije que quería hacérselo por detrás, aclarándola que me refería al culo y prometiendo ser cuidadoso para no lastimarla. No contestó, lo que quería decir que estaba de acuerdo.

Después de un breve precalentamiento, saqué el lubricante y después de pasarle la lengua se lo apliqué en la entrada. Metí un dedo y después otro sin que se quejara. Cuando apoyé la punta de la polla sobre la entrada y presioné emitió un leve quejido, eso sí, sin retirarse.

Le dije que si le dolía me lo dijera y retrocedía hasta que se fuera acostumbrando a la presión. Dijo que de acuerdo, pero que volviera a intentarlo. Poco a poco se la metí entera sin que rechistara, salvo los gemidos de placer. Cuando empecé a bombearla me pidió que se lo hiciera más fuerte y al poco se corrió apretando tanto los músculos que hizo que me corriera con ella.

Nos tumbamos uno al lado del otro y los efectos del vino y del sexo hicieron que nos quedáramos dormidos. Me desperté al sentir que algo me tocaba la polla y al abrir los ojos estaba vi que me la estaba besando. La hice girarse y ponerse a cuatro patas encima de mí y hundí la lengua en sus pubis, ella se metió la polla en la boca.

No había prisa. Disfrutamos del sexo lamiéndonos más sensualmente que sexualmente. Al rato le dije que ya esta a punto y me confesó que ya se había corrido hacia rato y estaba a punto de hacerlo otra vez. Nos comimos hasta corrernos y volvió a tragarse mi semen.

Eran las seis de la tarde y ya corríamos el riesgo de que llegara su marido. La despedí con un beso en los labios y un azote en el culo mientras ella me apretaba la polla.

Al día siguiente madrugué para recoger un poco la casa y hacer el equipaje, con la intención de salir temprano de viaje para Madrid. Escuché arrancar el motor del coche del vecino y calculé que ya serían las nueve y se iba a trabajar.

No habían pasado ni cinco minutos cuando sonó el timbre de la puerta. Supe que era ella antes de verla a través de las rendijas de la puerta. Al abrir me quedé mirándola, tan solo levaba puesta una camisa larga trasparente. Me apartó y entró inmediatamente por si aparecía alguien en la calle y la veía prácticamente desnuda llamando a la casa del vecino.

Me dijo que Julia no habría permitido que me marchara sin que la follara como dios manda, por delante. La verdad es que no la esperaba y no me disgustó que hubiera bajado. Me preguntó si aún estaba hinchado el colchón y al decirle que sí, me cogió de la mano y me arrastró al patio.

Su subió al colchón y me dijo que me tumbara a su lado. Me beso en la boca, en el cuello y descendió a los pezones donde se recreó chupándomelos. Me fui girando hasta alcanzar sus pechos sin que ella dejara de ocuparse de los míos. Me mordía los pezones y yo le pagaba con la misma moneda.

Le dije que Julia habría tomado la iniciativa y se habría subido encima para controlar ella la penetración y el ritmo. Se montó sobre mí a horcajadas y se dejó caer haciendo que la polla despareciera dentro de ella. Empezó a ascender y descender como si de un eje se tratara. Le puse el pulgar de una mano en el clítoris y con la otra le pellizcaba alternativamente los pezones. Ella se apoyó en mi pecho con ambas manos, imitándome. Tardamos en corrernos y lo hicimos juntos, sin prisas. Al acabar se recostó sobre mi pecho y nos quedamos inmóviles.

No quise permitirla que se relajara demasiado. La tumbé boca arriba y la arrastré hasta dejarle el borde del colchón a la altura del trasero. Me arrodillé entre sus piernas y empecé a chuparla como un poseso, de arriba a bajo y en círculos, alternando los movimientos.

Se corrió varias veces hasta que me retiró bruscamente porque no aguantaba más contacto. Me levanté y me di cuanta de que estaba como ida y en posición fetal, cuando empezó a orinarse sin control y sin ser muy consciente de ello.

La ayudé a levantarse y a acercarse a la ducha. Juntos y abrazados dejamos que el agua templada nos recorriera el cuerpo. Al despedirnos la besé en los labios y le dije que había sido maravilloso conocer esta nueva faceta de ella, lo hice refiriéndome a ella por el nombre de Julia.


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