La Fuerza del Agua Capitulo 5 Zoya

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Zoya gritaba y lloraba mientras la subían al helicóptero, finalmente el cable fue recogido del todo y pudieron entrar en el aparato, Zoya había entendido vagamente la conversación que había mantenido su madre con el rescatador y la reconfortaba un poco pensar que volverían a por ella. Nada más subir el italiano a bordo se puso unos cascos y empezó a hablar con el piloto, la conversación se tornó rápidamente en una fuerte discusión en la que al final se impuso la autoridad del italiano y el helicóptero comenzó a alejarse, el piloto se giró y miró con tristeza a Zoya.

 

Después de unos minutos de vuelo llegaron al golfo de Tailandia, por lo que pudo ver ahí el tsunami no había llegado con fuerza entonces el helicóptero comenzó a descender, Zoya, desde una pequeña ventanilla veía el yate en que iban a posarse, era enorme, por el trabajo de su padre estaba acostumbrada a viajar en ellos pero nunca había visto uno tan grande, finalmente se posaron y vio que había un grupo de personas de uniforme que identificó como sirvientes y parte de la tripulación del yate que esperaban con botellas de agua y mantas. Cuando estuvieron ya posados en la cubierta el italiano pasó a la parte de atrás y la sujetó fuertemente por la muñeca, abrió la puerta y Zoya vio la cara de asombro de las personas allí reunidas.

 

-¡Volved a vuestras labores- gritó el italiano -hay muy pocos supervivientes!- y pasó corriendo entre ellos, arrastrando a Zoya tras él.

 

Después de caminar por diferentes pasillos del yate llegaron a una puerta a la que el italiano, que aun no le había dirigido la palabra, llamó y esperó pacientemente una respuesta, pasados unos minutos la puerta se abrió y salió por ella una joven asiática en ropa interior con una bata de seda transparente que les indicó que ya podían pasar. Entraron y Zoya se quedó impresionada por el tamaño y el lujo de esa estancia. De pie, delante de una enorme cama había un hombrecillo con una bata sirviéndose una copa de champagne. El italiano le señaló a la chica una silla apartada y Zoya se sentó en ella y comenzó a llorar en silencio.

 

Los dos hombres comenzaron a hablar en un idioma parecido al italiano, sabía perfectamente que hablaban de ella e intentaba acurrucarse como podía en la silla. El italiano, que por lo poco que Zoya había podido entender durante la conversación se llamaba Valentino, le pidió que se pusiera de pie. Había algo en la mirada de la otra persona que aterrorizaba a Zoya y en contra del orgullo que le habían inculcado desde pequeña obedeció.

 

A sus 16 años Zoya era una niña más alta que la mayoría de su edad, era de constitución atlética cultivada por su afición a la hípica y la natación, había heredado la belleza de su madre, el pelo rubio de su padre, los ojos verdes de su abuelo Oleg. Los dos hombres la miraban con una mirada que la pequeña no sabía reconocer pero que la incomodaba como nunca se había sentido. Valentino permaneció quieto y el otro hombre se acercó lentamente a ella con una sonrisa siniestra que a Zoya le provocó el deseo de querer desaparecer, cuando llegó junto a ella Zoya sintió nauseas, no le gustaba como olía, ni su respiración que parecía un jadeo, no le gustaba su aspecto rechoncho, era más bajito que ella y el poco pelo que le quedaba se lo había dejado crecer hasta formar una ridícula coleta en su nuca. La miraba fijamente y levantó una mano llena de anillos de oro para acariciarle una mejilla.

 

-Hola preciosa, mi nombre es Gerard, Valentino me cuenta que te ha rescatado de una muerte casi segura- lo dijo en un español casi incomprensible y con un acento que no supo identificar. No dejaba de acariciarle la mejilla y Zoya volvió a llorar sin poder evitarlo.

 

-Mi madre se ha quedado allí- lloraba desconsoladamente. –Necesita ayuda, por favor vayan a por ella.- casi no podía ni hablar.

 

Gerard la miró fingiendo asombro.

 

-No cariño, no es lo que me ha contado mi amigo Valentino, tu mama ha muerto pero no te preocupes, aquí vas a estar muy bien y nosotros te vamos a tratar como a una reina…

 

-¡¡Nooooo!! -Zoya lo interrumpió con un grito de rabia, las palabras de Gerard habían sacado por fin a la Zoya que ella sabía que estaba ahí, valiente y con el coraje y el orgullo que su babushka Inna le había inculcado. –Ella no está muerta, se quedo inconsciente en ese tejado y sólo tenem…- de repente Zoya vio un fogonazo blanco y empezó a sentir un fuerte dolor en su mejilla izquierda, el sabor de la sangre le llenó la boca. El revés había sido rapidísimo, no lo había visto venir. Tragó la sangre que se acumulaba en su boca pero no se permitió llorar, al contrario, se masajeó la mejilla mientras lanzaba una mirada retadora al hombrecillo y volvió a decir con rabia.

 

-Ella no esta muerta.

 

Gerard se giró divertido y le dijo al italiano.

 

-Tiene carácter… esto va ha ser muy divertido- se volvió a poner frente a la pequeña y riéndose le dio un fuerte puñetazo en la boca del estómago que la dejó acurrucada en el suelo sin poder respirar. –Queda prohibido pegarle desde ahora en la cara, cuando lleguemos a Bastia ha de estar perfecta, y si alguien le toca un pelo me encargaré personalmente de tirarlo por la borda después de cortarle la polla.- Se quedó unos instantes mirándola en el suelo y por fin se giró hacia Valentino. Se acercó a él extendiéndole la mano alegremente.

 

-Has hecho muy bien Valentino. Me asombra cómo me conoces- lo miró a los ojos mientras se estrechaban las manos- el 15% de lo que nos den por ella me parece bien, es una joya inigualable y además después de esta catástrofe nadie la buscará, la darán por desaparecida lo que la encarece más todavía, vamos a ganar una fortuna.

 

Zoya, ahora sí, se permitió llorar silenciosamente en el suelo.


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