La Fuerza del Agua Capitulo 9 Zoya

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Salieron del yate en el puerto de Marsella y se subieron en una enorme limusina negra con los cristales tintados que había ido a recogerles, ni Valentino ni Gerard hablaron con ella, desde la mañana que el italiano había visto la sangre en el suelo de su camarote y la marca en su muñeca ya no la dejó sola ni un minuto. Después de un corto viaje se detuvieron en la puerta de un hotel de cinco estrellas y ahí esperaron unos minutos en silencio, finalmente se subió al coche el hombre de pelo blanco que la había examinado en Bastia y se pusieron en marcha.

 

-Buenos días caballeros- y mirando con su afable sonrisa dijo a Zoya -y señorita-. No esperó respuesta y comenzó a hablar. –Les comunico que han aprobado su solicitud de propuesta para la subasta de hoy, es la primera vez que aceptan un lote el mismo día de la subasta para dado el potencial de la chica han hecho una excepción. Desde ahora hablaremos refiriéndonos a la misma como LOTE 25. Será una puja del tipo Subasta Stendhal y abriremos la misma dado el interés que ha generado en un millón y medio de euros.

 

En ese punto ninguno de los dos captores pudo disimular su entusiasmo y se permitieron relajarse un poco, el hombre del pelo blanco los observó con desden y continuó.

 

-A partir de este momento no pueden separarse para nada de mí, una vez entremos en el Castillo respondo por ustedes, si les localizaran en alguna estancia solos y no estoy yo para hablar por ustedes se les ejecutará inmediatamente sin más explicaciones, no entrarán en ninguna estancia que no se les indique, no hablarán con nadie que no les hable, no saldrán de ninguna estancia hasta que se les diga que pueden hacerlo, cuando se les indique, estarán obligados a cubrirse la cabeza con unas capuchas para preservar la identidad de personalidades que puedan estar presentes en ciertos actos.

 

Mientras el hombre del pelo blanco seguía dando las indicaciones a Valentino y Gerard, Zoya estaba presente pero su cabeza estaba a miles de kilómetros de allí, ni siquiera oía lo que hablaban, pensaba en su iaia, había notado que eso la reconfortaba y prácticamente no había soltado su colgante desde el día que supo el destino de sus padres, así, absorta en un pasado que nunca volvería iba mirando por la ventanilla, salieron de la ciudad y circularon unos 30 minutos por caminos rodeados de bosque hasta llegar a un precioso castillo del siglo XVI restaurado y reconvertido en un hotel exclusivo de seis estrellas al que no se podía entrar sin invitación. Estaba rodeado por un muro de piedra de 2,5 metros de alto más un metro de valla electrificada. Llegaron a una doble puerta metálica junto a una garita de la que salieron dos guardias, uno armado con un rifle automático que se detuvo detrás del coche con el arma cruzada en su pecho y el otro que se acercó a la ventanilla del pasajero. El hombre del pelo blanco bajó su ventanilla y se identificó

 

-Dr. Arturo Paz. Lote 25- No dijo nada más y le entregó una tarjeta al guardia. Éste se demoró unos segundos consultando el listado que portaba, asintió lentamente y dijo en francés

 

-Bajen las ventanillas de atrás y abran el maletero

 

Gerard y Valentino oyeron la orden y no tardaron un segundo en obedecer bajando cada uno su ventanilla, el chofer accionó desde su asiento la apertura automática del maletero. El hombre armado inspeccionó que estuviera vacío y el otro vigilante comprobó a los pasajeros de atrás cotejando sus caras con las fotografías que previamente había facilitado el Dr. Paz. Volvió a asentir levemente y dijo.

 

-Al llegar a la recepción del hotel deberán entregar sus teléfonos móviles y cualquier otro dispositivo electrónico que lleven, se quedarán allí a buen recaudo y les serán devueltos cuando abandonen nuestras instalaciones.

 

Ambos dudaron unos segundos, Valentino lanzó una mirada de reproche al Dr. Paz por no haberles avisado ya que lo hubieran dejado en el yate pero comprendió que sería también parte del protocolo de seguridad y lo más probable es que examinaran el móvil de los dos a conciencia. Valentino asintió en nombre de ambos. Solo entonces el guardia se dio por satisfecho y ordeno a un tercer guardia que quedaba fuera de su vista que abriera la cancela.

 

Circularon entonces por un camino perfectamente delimitado rodeado de preciosos jardines y fuentes, al final del mismo podía verse el Castillo de O. El coche rodeó una enorme fuente circular y se detuvo frente a la puerta principal del hotel. Allí los esperaba un hombre impecablemente vestido con un traje negro, el Dr. Paz hizo un leve gesto de saludo hacia el hombre que los esperaba y les dio la primera de las muchas órdenes que les daría ese día.

 

-Espérenme en el coche, no bajen hasta que se lo ordene- se bajó y se puso a hablar con el hombre mientras se alejaban lentamente. A unos diez metros del coche se detuvieron y allí la conversación se prolongó 5 minutos mientras consultaban la carpeta de documentos de la que jamás se separaba el Doctor. Finalmente, cuando Valentino y Gerard se empezaban a poner nerviosos se volvieron a acercar al coche, el Dr. iba sonriendo.

 

-Muy bien Caballeros, aquí se separan ustedes del LOTE 25- dijo cuando los tres pasajeros del coche se habían apeado, lo dijo apenado como si esa fuera una triste despedida entre amigos y añadió –Si quieren decirse unas palabras este es el momento ya que no volverán a verse.

 

Zoya pese a sus 16 años parecía ser la única en darse cuenta de lo surrealista de ese momento ¿despedida? ¿Unas palabras?, ¿Qué le pasaba a ese Dr.? Parecía que vivía en una realidad paralela y se abstraía de lo que ocurría realmente en ese castillo. Saber que no volvería a ver a esos indeseables era lo único bueno que le había pasado en mucho tiempo, por eso se sorprendió cuando Valentino habló.

 

-A mi si que me gustaría conservar un recuerdo de esta pequeña diosa de la belleza y del dinero que nos va a hacer ganar- pronunció estas palabras lentamente mientras se acercaba a ella extendiendo su mano a su rostro y acariciando su mejilla. Al notar ésta en su rostro no pudo evitar un leve respingo pero se quedo inmóvil, el italiano la miraba con unos ojos que le producían nauseas, estuvo así unos segundos que le parecieron una eternidad cuando de repente, con un gesto rapidísimo que no vio venir le arrancó el colgante de oro de su cuello de un tirón.

 

Se quedó quieta, pensaba en su iaia, y las lágrimas volvieron a rodar por sus mejillas, contrariamente a la reacción que cabía esperar los sorprendió a todos y esta vez fue ella la que levantó su mano y la posó en la mejilla del italiano mientras le sonreía con una extraña expresión en la mirada

 

Éste, sorprendido se dejó acariciar y ella le dijo casi en un susurro.

 

-Ahora sé que valgo mucho dinero para vosotros y no puedes tocarme- y sin cambiar su gesto hundió su pequeño dedo pulgar en el ojo derecho de Valentino con toda la fuerza que pudo.


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