La Fuerza del Agua Capitulo 11 Zoya

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-Acompáñame pequeña.

 

El semblante del Dr. Paz era serio. Se había armado un buen revuelo con los gritos de Valentino, dos hombres armados vestidos con uniforme militar negro y con fusiles automáticos habían aparecido de la nada en segundos y los habían tumbado en el suelo a los tres ignorando los lamentos del italiano hasta que el Dr. Los tranquilizó y dijo que todo estaba controlado, se llevaron a Valentino para que fuese atendido y ella se quedó a solas con el anciano.

 

-Entiendo por que has hecho lo que has hecho, casi te diría que me alegro y que se lo merece- el Dr. se había agachado y le hablaba mirándola a la cara.- Ese colgante te hubiera durado muy poco de todas formas, en unos minutos te van a despojar de todo lo que tienes y dejarás de ser Zoya Kozlova para siempre.- la miraba con preocupación.- Es importante que entiendas esto por que donde vas a ir ese tipo de comportamiento te costará la vida.

 

Zoya lo miraba inexpresiva, le molestaba la incongruencia de la conducta del anciano doctor. Mostraba preocupación por ella a la vez que la llevaba a la subasta donde la iban a vender al mejor postor.

 

Ante la falta de respuesta de la chica el doctor se incorporó, la cogió de la mano y se dirigió hacia el castillo. Entraron por una pequeña puerta que encontraron después de dejar a un lado la entrada principal. Nada más entrar les esperaba una bella mujer sentada detrás de un escritorio, tras ella un poco más retirado había un hombre de uniforme negro con un fusil cruzado en el pecho en actitud de alerta. Zoya lo miró y bajó la cabeza. El Dr. Paz le entregó la carpeta con toda la documentación a la mujer sin decir una palabra, ésta estuvo un rato consultando diferentes páginas y guardando las fotos en diferentes carpetas y finalmente dijo sin mirar en ningún momento a la muchacha.

 

-Cubículo 43

 

El doctor volvió a recuperar la carpeta que le devolvía la mujer, cogió nuevamente a Zoya de la mano y se adentró por un estrecho pasillo de paredes de piedra, al final del mismo llegaron a un gran patio abarrotado de personas.

 

Zoya sin darse cuenta del miedo que sentía apretó sin querer la mano que sostenía de su captor, avanzaron a través de la gente. Por miedo la pequeña clavó su mirada en sus zapatillas mientras avanzaban, la curiosidad le podía y se permitió miradas fugaces a su alrededor, paso al lado de un hombre tendido en el suelo desfigurado por una paliza, apenas podía respirar y tenía las manos y los pies sujetos por bridas, cuando se atrevió a volver a levantar la vista vio un reservado donde contó al menos seis carritos de bebé atendidos por dos señoras que trataban de calmar a los que lloraban, un ruido extraño que no supo reconocer llamó su atención y al darse la vuelta vio a un hombre que sostenía en brazos un precioso cachorro de tigre blanco que rugía como si también protestara por verse allí. Anduvo unos segundos hipnotizada mirando al pequeño animal y tropezó con la descomunal espalda de un africano que llevaba cogida fuertemente del brazo a una mujer también de raza negra semidesnuda y en avanzado estado de embarazo. Llamó la atención de Zoya como se repetía el patrón de un hombre custodiando a una mujer entre la mayoría de personas que esperaban allí. No vio más chicas de su edad. Finalmente llegaron a un espacio más o menos despejado donde se detuvieron y se quedaron esperando. Zoya noto que muchos de los que allí aguardaban la miraban y eso le hizo bajar la vista y desear ser invisible. Pasados unos minutos una puerta se abrió y un hombre de traje negro entró acompañado de tres soldados de uniforme negro que por lo visto estaban por todas partes. El hombre se detuvo y los soldados avanzaron hasta abrir cada uno una de las puertas que estaban al final del patio. El hombre del traje esperó que las puertas estuvieran abiertas.

 

-Cada uno de los acompañantes sabe a que subasta han destinado el LOTE que custodian y que cubículo le corresponde. A la puerta de la derecha deben dirigirse los de la Subasta de Stendhal,- hizo una pausa- a la de la izquierda los de la Subasta de Caronte y al fondo La Subasta Génesis.

 

Lentamente se encaminaron cada uno a la puerta que les habían asignado, la mayoría pasó por la puerta de la derecha, Zoya vio al gigante africano acompañar a la mujer embarazada por la puerta que habían dicho era para la subasta de Caronte en silencio, detrás de los dos africanos y éste si que gritaba pese a su estado llevaban dos vigilantes de uniforme militar al hombre que había visto con la cara desfigurada por los golpes al entrar, en ese primer encuentro y debido a la abundante sangre Zoya no había reparado que él también llevaba el uniforme militar negro y se sorprendió. -Es uno de ellos- pensó. Debía tener un brazo roto por que no lo movía pero aun así luchaba por escapar y suplicaba a los que habían sido sus compañeros

 

-¡Vamos tíos, sólo le toqué un poco las tetas! Nada más. ¿No me digáis que nunca habéis hecho lo mismo cuando nadie miraba?

 

Uno de ellos le dio un fuerte golpe con la culata de su arma en la mandíbula arrancando un sonido que hizo que a Zoya se le erizara el pelo de la nuca. El hombre quedo inconsciente y así lo metieron arrastrándolo por la puerta de la izquierda.

 

En seguida llegaron a una puerta metálica con un rotulo arriba con el número 43 y se detuvieron delante de ella.

 

-Aquí me separo de ti niña- dijo con tristeza el Dr. Paz- cuando entres por esa puerta estarás en una habitación tu sola bastante rato, no te impacientes. Verás un armario y en su interior encontrarás un vestido, póntelo y espera que vengan a buscarte. Te llevaran a La Sala Circular allí espera a que te indiquen que puedes entrar. Cuando la puerta se abra camina hacia el centro avanzando por una pasarela que hay a continuación hasta la plataforma circular que verás al final. No te asustes si ésta comienza a girar lentamente. Permanece en ella hasta que te digan que puedes retirarte.- y dicho esto se quedó en silencio mirándola.

 

-¿Has comprendido todo lo que te he dicho pequeña?

 

Zoya no contestó, dio media vuelta abrió la puerta y se metió en la habitación sin dirigir la palabra al anciano que se quedo mirándola con un extraño gesto ofendido en su mirada.


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