La Fuerza del Agua Capitulo 14 Mirko e Irinna

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Mirko e Irinna permanecían sentados en la parte de atrás de la limusina mientras el Cicerone que les habían asignado entregaba su documentación a los guardias de la cancela del Castillo de O. la tapadera que habían elegido era que él era un magnate de la industria del metal de los países nórdicos y ella su secretaria de confianza. Mirko permanecía ajeno a los trámites, preocupado por la labor que tenían por delante al día siguiente. Habían sido unos días frenéticos desde que dejaron Paris. Consiguieron reclutar dos equipos operativos, uno naval y otro terrestre en un tiempo record por si la puja fallaba. Hombres, armas y vehículos costaban una fortuna y aun así esperaba no tener que echar mano de ellos, para ello debía ganar la puja. Esa había sido en realidad la labor más difícil reunir 8,4 millones de euros en 4 días había sido una labor titánica de los cuales 1,5 fueron destinados a conseguir un palco en el castillo. Rezaba por que fuera suficiente.

 

El coche se puso en marcha sacando a Mirko de sus pensamientos, miró a Irinna y esta le hizo un gesto afirmativo a la vez que respiraba hondo.

 

Estaban dentro.

 

Caminaron cogidos del brazo por los lujosos pasillos del Castillo tras su Cicerone que los guiaba a su suite. Este les iba explicando las obras de arte que se encontraban a su paso y las antigüedades que adornaban el Castillo, autenticas reliquias que debían costar una fortuna. Mirko no le prestaba ninguna atención. Por mera costumbre y por estar entretenido, contaba las cámaras de seguridad, vigilantes, puertas con código de seguridad y sobre todo posibles vías de escape como hacía siempre que estaba en un sitio que le hacía sentirse acorralado. Y nunca se había sentido tan acorralado.

 

No se cruzaron con ninguna persona por los pasillos ya que la seguridad del evento era muy celosa al respecto e intentaba evitarlo por privacidad, Irinna quiso sonsacarle algo al respecto a su cicerone.

 

-Hay una cosa que me llama la atención- dijo distraídamente- parecemos los únicos ocupantes del Hotel.

 

El Cicerone la miró con una sonrisa complacido.

 

-No puede ser de otra manera, la privacidad lo es todo en este Castillo, de todos modos ahora seguimos una política de etiquetas- a continuación y como haciendo un truco de magia les mostró dos pulseras azules que no supieron de donde las había sacado. – estas pulseras llevan una banda magnética que les permitirá entrar a todas las salas con el distintivo azul en el marco de la entrada.

 

Se las entregó a Mirko a la vez que llegaban a la suite.

 

-Ahora les dejo que se instalen- dijo mientras les abría la puerta- como ya les he dicho con esa pulsera podrán entrar en el restaurante con el indicativo azul, en el buró de su suite encontraran de todos modos un plano de las estancias con dicha etiqueta, restaurante, club, piscina y gimnasio- les deseó buenas noches y se retiró haciendo una ligera inclinación de cabeza.

 

Ya dentro de la suite se ducharon y se vistieron de etiqueta como dictaba el protocolo para bajar al restaurante a cenar. Además del plano que les había dicho su guía encontraron también otro folleto que les indicaba donde sería la Gran Subasta al día siguiente a las 18:00H y todos los lotes por los que podrían pujar.

 

Ya en el restaurante se acomodaron en uno de los reservados separados por lujosos parabanes, y se dispusieron a cenar. No serían más de diez personas en el restaurante en ese momento, tres parejas y cuatro personas en solitario, por cortesía no se cruzaban miradas muy prolongadas con los otros comensales.

 

Después de un rato cenando Irinna rompió el silencio.

 

-¿Ella te conoce?- preguntó sin más. –Quiero decir: ¿Te reconocería si te ve?

 

El afirmó entes de dar un sorbo de vino de 200€ la botella

 

-Estuve con ella en su cumpleaños un mes antes de la tragedia de Phuket. Aunque mi nyanya había renunciado a verme no perdí el contacto con la que consideraba mi hermana Aleshka, Hice un par de trabajos turbios también para su marido.- Mirko hablaba mirando un punto en el vacio recordando buenos tiempos con la que era su familia. – a la pequeña Zoya le gustaba luchar conmigo y practicar artes marciales, se moría de risa cuando yo fingía perder y ella me daba una paliza.

 

Mirko apuró su copa y ya no hablaron durante la cena.


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