La Fuerza del Agua Capitulo 19 Zoya

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-Hola pequeña, por tu reacción veo que me has reconocido. Yo tampoco te he olvidado.

 

Zoya no podía creer lo que veía, tenía delante de ella a Valentino.

 

Él se acerco lentamente a ella y posó una mano en su mentón para que lo mirara. Zoya no pudo evitar ponerse a temblar cuando el italiano poso su dedo pulgar en su ojo derecho y comenzó a ejercer presión hacia dentro. Desde su última conversación con Zaïda se había preparado para tener un final horrible y este había comenzado pero iba a negarle la satisfacción de oírla gritar hasta el último momento que pudiera aguantar.

 

Cuando ya creía que el italiano iba a hundir su dedo en su ojo este dejó de apretar, entonces ella lo pudo mirar y la sonrisa sádica que vio en su semblante le provocó un escalofrío.

 

-Debo contenerme, pequeña- dijo Valentino. –Estoy preparando una estancia para ti en mi villa cerca del puerto de Scilla con muchos juguetitos que te harán desear no haber nacido.- hablaba en italiano con una voz ronca y pastosa que provocaba nauseas a Zoya.- hace trece años recuerdo que te llamé diosa de la belleza pero no me imaginaba ni por asomo que llegarías a ser la preciosa mujer en la que te has convertido. He pagado una fortuna para destruir esa belleza poco a poco, disfrutando cada segundo, te conservaré con vida todo lo que aguantes y cuando me canse de ti te entregaré a mis guardias… y cuando se cansen de ti te entregaran a sus perros.

 

Zoya ni pestañeó, retaba al italiano mirándolo con la cabeza bien alta y este le sonrió.

 

-Me vas a hacer disfrutar mucho, lo veo. No te imaginas como voy a disfrutar doblegando esa fuerte voluntad que tienes. Vales cada céntimo de euro que he pagado por ti.

 

Valentino se separó de ella y se fue a hablar con la mujer que venía con él. Esta se había quedado separada durante el reencuentro que su jefe había tenido con la chica y acaba de dejar de hablar por el teléfono de la suite. Habló unos segundos con ella y se giró de nuevo para hablar con Zoya.

 

-Prepárate tenemos programada la salida en 10 minutos.

 

Zoya se levantó y se metió en el baño, se miró unos segundos en el espejo y le vino a la memoria su último día en el yate de Gerard. Podía acabar con todo allí y ahora, ella misma, a su manera y sin sufrir. Podía romper el espejo, coger un trozo de cristal, meterse en la bañera y en unos minutos acabaría todo pero el ruido alertaría a Valentino, tenía que pensar otra cosa rápido. Llevaba ya cinco minutos allí dentro y el italiano se impacientaba.

 

-Date prisa pequeña, las salidas son escalonadas y debemos cumplir nuestro horario-

 

Estaba sentada en el suelo con la espalda apoyada en la mampara de la enorme bañera del baño de la suite, desde ahí veía toda la estancia y se dio cuenta que ya lo tenía decidido. Se levantó y haciendo el menor ruido posible movió una pequeña cómoda para falcar la puerta, entonces cogió una gran toalla y se la enrolló en el cuello, se subió a un pequeño taburete que encontró bajo el lavabo y pudo llegar a enganchar la toalla a la gran lámpara que iluminaba el baño, entonces respiró hondo y volcó con los pies el taburete.

 

No perdió el conocimiento en seguida, aun pudo oír los gritos de Valentino y los golpes desesperados en la puerta pero poco a poco la consciencia fue perdiendo terreno y entonces sí.

 

Oscuridad.


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