La Fuerza del Agua Capitulo 25 Zoya

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Faltaba una hora para que amaneciera, no había dormido ni esperaba dormir ya, el hombre que la vigilaba estaba bien entrenado y no había dado muestras de cansancio ni le había quitado ojo en toda la noche. Si así hubiera sido estaba segura de que se hubiese tirado por la borda sin dudarlo.

 

Le gustaba mirar las estrellas, le recordaba cuando era niña y pasaba las noches con su madre en la terraza del ático de Moscú con su telescopio TAL 100X1000. Había localizado las pléyades hacia rato y estaba abstraída  en la contemplación de este cúmulo cuando Valentino entró en la cubierta. Con un solo gesto ordenó a su sicario que se retirara. Estuvo unos minutos junto a ella en silencio.

 

Habían navegado a mucha velocidad desde que partieron de Tolón, hacía horas que habían dejado atrás hacia el este el estrecho de Bonifacio, si iban al sur de Italia el estrecho o el norte de Córcega eran las rutas más lógicas, pero por lo visto Valentino quería evitar las rutas comerciales aunque se demorara un poco más.

 

-Me han dicho que te niegas a comer y a dormir- lo dijo casi susurrando con esa voz rasgada y pastosa que a Zoya le revolvía el estomago.

 

Ella continuó en silencio. Como una niña que cree que si lo deseaba con la suficiente fuerza el italiano y todos los problemas desaparecerían, pero él siguió hablando.

 

-Quiero que entiendas cuanto antes que no te servirá de nada. Mi equipo médico tiene instrucciones de alimentarte y sedarte si es necesario para que aguantes el máximo de tiempo posible- dijo esto en un tono neutro, no la estaba amenazando, solo la informaba de lo que le esperaba... de nuevo.

 

Zoya tuvo que contener un sollozo. No le daría la satisfacción de verla llorar aunque no pudo evitar que se le llenaran los ojos de lágrimas.

 

Guardaron silencio unos minutos escuchando el ruido del motor.

 

-Aquella mañana en Tailandia no salí con el plan de secuestrar una niña de 16 años-

 

Valentino dijo esto de golpe.

 

Zoya lo miró sin entender a cuento de que venía eso ahora. Ante la expresión de la chica el italiano continuó explicándose.

 

-Despegamos del yate de Gerard con intención de rescatar supervivientes haciendo varios viajes si era necesario- hablaba sin mirarla. –te vi desde arriba en aquel tejado y descendimos a ayudarte, luego me dijiste que tu madre estaba contigo y la iba a salvar aunque su herida tenía muy mal aspecto pero cuando me giré y te vi de pie mi cabeza instintivamente se dio cuenta de todo el potencial que tenias.

 

Zoya no entendía por qué el italiano pensaba que le debía una explicación y no quería seguir escuchando. Se puso en pie y avanzó al borde de la terraza, apoyó los codos en la barandilla y Valentino se acercó a ella por si acaso, desde ahí no podía llegar al agua y no había altura como para quitarse la vida saltando a la cubierta principal pero no quiso arriesgarse.

 

Estando pendiente de Zoya no vio que la luz de una lancha se les iba acercando por la popa del yate.

 

-¡Don Agostini!- Valentino oyó que llamaban su atención desde cubierta y cuando miró abajo le hicieron señas señalando a la lancha rápida que se acercaba.

 

-¿Quiénes son? Pregunto Valentino en italiano a uno de sus hombres que acaba de llegar junto a él. Ambos miraban con preocupación a la embarcación que se les acercaba.

 

-Parece del ejército o de la policía pero no me atrevo a asegurarlo.

 

El sicario contesto justo en el momento que un potente foco se encendió en la lancha e iluminó el yate. Entonces entró otro hombre de Valentino a la terraza con un walkie en la mano.

 

-Son del servicio de seguridad del Castillo de O- informó el hombre a Valentino- y quieren hablar con el Sr. Carlo Fiore.

 

Valentino cogió el walkie sin apartar la mirada de la lancha.

 

-Al habla Carlo- dijo sin más

 

-Un saludo, señor Fiore. Es preferible que nos permita subir a bordo y hablemos con calma.- oyó a través del aparato- seguro que es solo un malentendido y lo solucionamos enseguida. Hablar por aquí no es seguro-

 

Valentino esperó unos segundos. Dudaba.

 

-Algo no va bien Don Agostini, no creo que este sea el procedimiento lógico haya pasado lo que haya pasado.

 

Valentino siguió en silencio pensativo unos segundos más y finalmente negó con la cabeza. Si que era personal del Castillo por que se habían dirigido a él con el nombre y el apellido que usó al inscribirse en la subasta así que si había habido un malentendido quería solucionarlo, no tenía nada que ocultar y quería que sus relaciones con los organizadores de las subastas que le reportaban tantos beneficios permanecieran intactas.

 

-Que suban.


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