Tierra de sombras (Fantasía, 4 minutos)

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 Por primera vez estoy viendo una sombra. Las sombras existen, pero no en mi mundo.  El maestro nos enseñó a respetarlas, a temerlas y sobre todo…, a ser dignos de ellas:

“Nunca hay que dejarse arrastrar…. Tenéis que aprender a esperar, que sean las sombras quienes os entreguen su tributo. Y recordar, si intuyen vuestra presencia, no os considerarán dignos y harán lo posible por destruiros. Yo os muestro el camino para que seáis merecedores, porque solo entonces las sombras os recompensaran...”.

Ser digno, toda mi vida me he estado preparando para ello. Las palabras del maestro reverberan en mi cabeza mientras, fundido en las rocas, aguardo a que las sombras se acerquen un poco más. El tiempo se ralentiza hasta casi detenerse, respiro despacio, y me dejo llevar por los recuerdos... Mi casa, el abismo,  queda ahora tan lejos…

El abismo, la bóveda infinita bajo la que mora nuestro pueblo. Un mundo bajo otro mundo, repleto de lagos y bosques de piedra. Con pasos y barrancos por lo que discurren ríos de agua que nunca se secan. Un mundo quebrado e inhóspito que nos acogió desde el principio de los tiempos. Por encima del abismo habitan las sombras.

Allí abajo, una luz casi imperceptible lo envuelve todo. Ese brillo que emana de las rocas es una bendición que permite que medren, en las zonas húmedas, el crem y los gusanos del barro. Sin ellos no podríamos mantener a nuestros animales de cría. El crem no solo nos sirve para prevenir y curar sus enfermedades, además vuelve a las bestias   increíblemente dóciles. Para engordarlas, durante los meses previos al sacrificio, utilizamos la harina de  gusanos.

Pero los dioses, cuando nos entregaron esta nueva tierra, quisieron proveernos de algo más que de comida. Necesitábamos algo especial para establecernos, para no perdernos en un mundo laberíntico y oscuro, imposible para cualquier otro pueblo. Por eso nos insuflaron  la capacidad para escribir y leer  "marcas de olor".  Un don  de cuya existencia dependemos para guiarnos y percibir las características de aquello que nos rodea sin verlo.

Hay marcas sencillas que, como mapas, nos informan del lugar donde nos encontramos o el camino que debemos de seguir; y otras más complejas capaces de describirnos todo aquello que nos rodea o contarnos historias que perduran como ecos infinitos. Hay millones de ellas impregnando el mundo y sus fronteras, poniendo nombres a los nuevos territorios, abriendo rutas que no solo permiten expandirnos hacia el interior sino algo mucho más importante. Nos permite trazar nuevas vías de accesos hacia las sombras.

Necesitamos a las sombras; ellas son quienes nos traen a las bestias. Sin nuevos animales  con las que renovar los rediles moriremos. Quizá es el fin que nos espera. Dicen los ancianos que hemos perdido el favor de los dioses. Los viejos caminos que nos enlazaban con el mundo exterior han ido desapareciendo, cerrados por grandes bloques de piedra. Sin nuevos accesos estamos perdidos.

Yo soy el hacedor de marcas que ha de guiar a mis hermanos hacia las sombras. Soy la última esperanza, el último explorador de un pueblo tan antiguo como la roca que nos rodea...

Mi viaje empezó hace tanto tiempo… Estoy cansado. No recuerdo cuando traspasé los límites de lo conocido, cuando dejé de percibir rastros de olor. He subido paredes escarpadas, atravesado gargantas, cogido tantos caminos que no llevaban a ningún sitio..., y he vuelto a empezar hasta casi perder la cordura. Todo lo he dejado escrito con marcas que me ayudan a no volver a errar, a descartar y tomar otra alternativa, a guiar a los que me siguen.

Pero hoy, hoy, cuando sentía que mi vida se acababa, tendido sobre el frío suelo, he visto aproximarse una sombra. Y pegada a ella, portando un punto de cálida y fluctuante luz, he visto mi comida, una sabrosa bestia humana. Tembloroso aguardo, fundido en la piedra, a que se acerque sólo un poco más..., respiro despacio, puedo sentir ya el correr de la sangre por mi boca...

Las sombras, como nos decía el maestro, siempre nos recompensan.... Solo tenemos que ser dignos de ellas... :)

Jam Louvier


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