Más allá de la última estrella (01)

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Un pitido agudo me despertó de mi letargo. Torpemente, logré localizar el pequeño mecanismo que se encontraba situado a mi derecha, guiado por su sonido constante e irritante, cerré mi puño y lo paré con un golpe seco. Suspiré, estiré mis agarrotados miembros tras el eterno viaje, sin saber si debería volver a la cápsula de sueño en un par de horas. La orden desde Control Tierra II fue despertar cada 200 impulsos, lo que en años terrestres equivaldría a unos dos años y medio, aproximadamente. Este es el cuarto despertar.

Mi cuerpo se ha mantenido con vida gracias a los micro implantes bioquímicos de la Corporación AstraBio, a los cuales les doy las gracias, ya que sin ellos habría muerto antes de llegar al quinto impulso. Estos pequeños implantes logran ralentizar el metabolismo y las necesidades básicas, como el agua y comida, a unos niveles increíblemente bajos, por lo que se puede sobrevivir a largos viajes intergalácticos con apenas unas galletas y un vaso de agua, siempre y cuando se viaje en letargo.

Tras unos pocos minutos, los cuales empleé para despejar mi mente mientras el escáner de la cápsula escrutaba mi cuerpo y contrastaba que todos mis signos vitales eran correctos, abrí la compuerta de la cápsula, la cual inundó la sala con un sonido seco de descompresión. Los sensores de luz se activaron al detectar mi movimiento, y en un abrir y cerrar de ojos, toda la sala quedó iluminada por una suave y cálida luz y todos los monitores se activaron a la vez. Miré en rededor.

- ¡Buenos días! – dije.

Obviamente sabía que no habría respuesta, pero, ¿qué otra cosa podría hacer? Cuando se viaja a solas durante 800 impulsos, lo que vendría a ser unos 10 años terrestres, llega un momento en el que se desea algo de compañía.

- En fin… - me dije – bueno, vamos allá, a ver que es esta vez.

Tanteé mis piernas en los primeros pasos, los cuales di con algo de temor, como un niño que está aprendiendo a caminar. En seguida descubrí que mis piernas funcionaban como siempre lo habían hecho, así, que anduve a paso normal a lo largo del pasillo que llevaba a la zona de control de la nave. Las luces iban encendiéndose a mi paso y apagándose según las iba dejando a unos metros a mi espalda. Energía eficiente, lo llaman en Tierra II. Yo lo llamo, sentido común.

Avancé por el blanco pasillo hasta llegar a la compuerta que daba acceso a la zona de control de mi nave. Una sala de aproximadamente 5 por 5 metros, con un frente y techo de cristal reforzado blindado.

La nave se encontraba en estado de carga, a una distancia lo suficientemente segura de la estrella correspondiente al sistema planetario o del sector galáctico en el que me encontraba. Absorbería la radicación de la estrella hasta rellenar el motor de impulso atómico, trazaría la ruta con los nuevos saltos en función de la cantidad de impulsos disponibles con la radiación y programaría la siguiente parada para reabastecerse, todo ello de forma automática. Yo, mientras, me encargaría de terminarme mi galleta de proteína altamente concentrada y mi vaso de agua. Puede parecer una broma, pero mi misión en esta parte del trayecto, consiste en mantenerme con vida hasta llegar a mi destino.

Tras terminar de tentempié, me dispuse a revisar los mensajes recibidos desde Control Tierra II.

“Mensaje 422. Saludos, explorador Sebástian. Nos complace informarle que la misión de exploración de la galaxia Can Mayor avanza según lo previsto. A estas alturas del viaje debe haber recorrido aproximadamente un 85% de la distancia estipulada. Si mantiene el ritmo actual de impulsos y recargas, debería alcanzar su objetivo en unos 400 impulsos más. Recuerde que al despertar de letargo debe consumir su ración de alimento y agua para los próximos 200 impulsos. Este mensaje ha sido enviado el 25 de Julio del año 2665 terrestre. Fin del mensaje”.

“Mensaje 423. Explorador Sebástian, le habla el directo de la misión Can Mayor. En mi nombre y en el de todo el equipo de la misión, queremos informarle que hoy, 03 de agosto del año 2665 terrestre, es el día de su cumpleaños, por lo que le deseamos todos un feliz día y que ojalá pronto pueda volver a reunirse con sus seres queridos. Fin del mensaje”.

“Mensaje 424. ¡Eh Sebas!, ¿cómo lo llevas?, soy Nick, te escribo para decirte que los Red Heads han ganado la liga, ¡la liga tío!, ¿te lo puedes creer?. Ojalá… ojalá estuvieses aquí, tío, estaríamos tomándonos unas buenas jarras a nuestra salud. Envíanos un mensaje desde que puedas. Fin del mensaje”.

- Maldito Nick… espero que no te hayan pillado – me dije mientras esbozaba una sonrisa.

El resto de los mensajes eran toneladas de datos, estadísticas y protocolos a seguir. Los mismos mensajes que una y otra vez había recibido desde mi primer despertar de letargo, por lo que decidí poner fin a la escucha, y me puse a hacer una serie de ejercicios físicos para no terminar con los músculos atrofiados, lo cual, era uno de los protocolos a seguir tras despertar de un letargo.

Consulté el panel de información del nivel de recarga del motor de impulsos, tendría aproximadamente 14 horas antes de tener que volver a mí cápsula de sueño. Debía aprovecharlas al máximo.


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