Luis Carlos o Caca Blanca parte I
Por Verga morcilla
Enviado el 09/06/2026, clasificado en Adultos / eróticos
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Mi nombre era Carlos. Ahora solo respondo al nombre de “Caca” o “puta de baño”.
Todo empezó el día que mi esposa Laura, de 42 años, me confesó que llevaba más de un año follando con su novia Sofía, una mujer de 40 años dominante, alta, tatuada, una amazona hija de puta, sádica sin piedad.
Me enojé y me fui a comer un choripan con una cerveza a un medio tanque muy bueno del Barrio "NOTANQUETAN", un pizarra anunciaba "chorizo entré los panes, pedite uno y llévate el chorizo puesto" me decidí por una morcilla al ver qué chorizo entré los panes era muy gay. por Whatsapp mi mujer me envió videos con su novia chupándose la concha, las tetas haciendo tijera facessiting, quede más caliente que las brasas del medio tanque.
Llegué con la chota dura como pelo de albañil. cogimos y me invitó a un trio con su amigarcha.
Lo que no sabía es que no solo me iban a humillar… me iba a entregar como esclavo familiar completo.
La primera noche que las dos me sometieron juntas, Laura me miró con asco mientras yo estaba de rodillas desnudo. —Desde hoy ya no eres mi marido. Eres nuestra perra sissy, nuestra toilet, nuestro juguete, un sorongo. Tu nombre será caca blanca
¿Entendido, Caca? —Sí, Ama… —respondí temblando. Sofía, con su voz grave y cruel, me escupió en la cara y dijo: —Vamos a convertirte en la puta más asquerosa de la familia.
Y no solo nosotras dos… también van a participar tu suegra y tu bisabuela. Sentí que el estómago se me cerraba.
Mi suegra, Marta, tenía 64 años, era una mujer gruesa, sádica y con una vejiga y un intestino que parecían no tener fin. Cada vez que cagaba me tapaba el inodoro con un obelisco marrón.
Y la bisabuela Rosa tenía 87 años, pero conservaba una mente retorcida y un sadismo que daba miedo, miraba videos bsdm y se pajeaba con su bastón.
La primera vez que me usaron todas juntas fue un sábado por la tarde.
Me habían vestido como la puta más patética posible: peluca rubia barata, maquillaje corrido, un plug anal con cola de cerda, bragas rosas con encaje que apenas cubrían mi jaula de castidad de 3 cm, y unas tetas de silicona baratas pegadas al pecho. Estaba en el centro del salón, de rodillas. Primero se acercó Laura, mi esposa. Me agarró del pelo y me metió la cara entre sus nalgas. —Lame el sudor de mi culo, sissy.
Hoy no me limpié después de cagar. Lami como un perro desesperado mientras escuchaba las risas de las cuatro mujeres tenía la pija dura.
Después fue el turno de Sofía. Ella era mucho más brutal. Se sentó completamente encima de mi cara y soltó un pedo largo y caliente directamente en mi boca. —Respira hondo, toilet. Ese es tu perfume ahora.
Luego llegó mi suegra Marta. Se bajó las bragas lentamente, mostrando un culo enorme, celulítico y peludo. Se colocó encima de mí en cuclillas. —Llevo tres días guardándomelo para ti, yerno degenerado. No me dio tiempo ni a respirar. Un tronco grueso, largo y caliente empezó a salir directamente en mi boca abierta. Era amargo, pastoso y olía a como la peste. Mientras cagaba, me miraba con desprecio: —Traga, cerdo. Traga lo que sale de la madre de tu mujer.
Esto es lo máximo que vas a probar de esta familia. Me atragantaba, lloraba, pero Sofía me tenía agarrado del pelo para que no pudiera apartarme.
Laura solo grababa con el móvil riéndose. —Mirad cómo traga la mierda de su suegra… qué patético, haciéndose terrible paja.
Cuando Marta terminó, se limpió el culo directamente con mi cara, restregando los restos por mis ojos, nariz y boca.
Pero aún faltaba lo peor. La bisabuela Rosa, con sus 87 años, se acercó lentamente ayudada por un bastón. Se levantó el vestido y se bajó las enormes bragas blancas de abuela. Su culo era flácido, arrugado, con pelos blancos largos. —Hace más de una semana que no cago bien, niñita —me dijo con voz temblorosa pero cruel—. Hoy vas a ser mi inodoro personal. Se sentó directamente sobre mi boca abierta.
Su ano arrugado se abrió y empezó a salir una mierda blanda, oscura, extremadamente amarga y con un olor que parecía un mamut podrido.
Era tanta que me llenaba la boca, la nariz, me corría por las mejillas.
Continuará...
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