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TIEMPO DE FRUTOS
Bajo los opacos racimos, perlas
inesperadas del tiempo del cuarto
creciente, cercano el plano rumor
mudo del mar con su azul horizonte,
el observador visitó los parajes del
alma de ella, mientras flamígeras
lenguas tubulares besaban los rayos
vespertinos y sus labios codiciaban
los frutos de la boca de la diosa de
espuma blanca.
Bajo la luz tranquila del atardecer,
el observador siguió recorriendo los rincones de su alma. El rumor del mar acompañaba sus pensamientos, mientras el deseo crecía en silencio,dulce y sereno como la brisa.
Y por un momento, todo pareció detenerse en la calma de aquella tarde.
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