Mi bella esposa, señores
es preciosa de verdad
y ella levanta pasiones
por dondequiera que va.
Mi bella esposa, señores,
es sensible y delicada,
aunque resulte a su vez
ardiente y apasionada.
Amante de sutilezas
y refinados placeres,
destaca por su belleza
entre todas las mujeres.
Con su abundante melena,
su sonrisa sensual
y sus impactantes curvas
ella es espectacular.
Alta, cinturita estrecha
y culito respingón,
así es mi esposa, señores,
un auténtico bombón.
Por dondequiera que pasa
llama siempre la atención
y los hombres la cortejan
para obtener su favor.
Y pese a que les ignora,
en su inmensa mayoría,
sé que de algunos quisiera
gozar de su compañía.
Y yo que la veo tan bella
y quiero verla feliz,
si acaso se diera el caso
que quisiera estar con otros
le permitiría el desliz.
Y es que es tan maravillosa,
esta singular mujer,
que pienso que en realidad
cuantos hombres deseara,
merecería tener.
¿Por qué habría de molestarme
que tuviera otros amantes
si ella viviera con ellos
momentos apasionantes?
Amándola como lo hago,
de forma incondicional
pienso que ella se merece
toda la felicidad
y si un hombre le gustara
y con él deseara estar
¿por qué habría de interponerme
Y absurdos celos mostrar?
Si yo tanto la deseo
y me parece normal,
¿cómo habría de extrañarme
del hecho de que otros hombres
la pudieran desear?
Y aunque yo muy bien le cumpla
y le dé satisfacción,
entiendo que habrá otros hombres
que podrían satisfacerla
bastante mejor que yo.
¿Por qué habría de limitarse
solamente a su marido
y perderse la ocasión
de disfrutar de su sexo
con hombres que le gustaran
aun siendo desconocidos?
Todos hemos fantaseado
con estar con dos mujeres,
¿por qué no podría mi esposa
fantasear con que dos hombres,
la colmaran de placeres?
Y mejor, puestos a ello,
si en vez de fantasear,
con dos hombres de su agrado,
apuestos y apasionados,
ella pudiera gozar.
Sé que muchos la cortejan
y que muchos de ellos son
hombres guapos y atractivos,
con los que cualquier esposa,
si no hubiera consecuencias
se daría "un revolcón"
¿Por qué si a ella le gustaran
y los pudiera gozar,
no haciéndole mal a nadie
tendría que renunciar?
¿Por qué si de vacaciones
estando en algún lugar
que nadie nos conociera
ni nos pudiera juzgar,
existiendo tantos hombres
que le pudieran gustar
tendría yo que molestarme
si ella quisiera con ellos
alguna noche pasar?
Es tremendamente absurdo,
además de irracional,
pretender que amar a alguien
sea de tu propiedad,
prohibirle sentirse libre
y privarle de vivir
experiencias que la hicieran
sentirse viva y feliz.
Y si un día, en algún lugar
más de un hombre le gustara,
no pondría ninguna pega
para que en distintos días
con todos ellos gozara
y que así, de cada uno
distintas formas de amar
mi esposa experimentara.
Tanto adoro a esta mujer
que le doy la libertad
de decidir cuando y como
con otros hombres estar
y, si algún día, en vez de uno,
fueran dos o tres o más,
yo mismo le buscaría
algún rincón ideal,
por si quisiera con ellos
algunos día pasar.
Me ama con intensidad,
aunque es obvio que conmigo
(igual que cualquier esposa
con su adorado marido).
nunca podría obtener
todo el placer que sexual
que podría experimentar
con numerosos amigos.
Y como para ella quiero
siempre, siempre lo mejor,
incluso me alegraría
si conociera a otros hombres
que la hicieran disfrutar
como no pueda hacer yo.
Que fuera tanto el placer
que ellos le hicieran sentir,
que le quedara el deseo
de volver a repetir.
Que la hicieran gozar tanto
que quedara predispuesta
para entregarse a otros hombres
con lo que vivir incluso
experiencias más intensas.
Y así, señores, concluyo
esta breve confesión,
diciendo que amo a mi esposa
con todo mi corazón,
reafirmando su belleza
y su entera libertad,
para que cuando ella quiera
pueda con otros gozar,
porque, sin duda, merece
toda la felicidad.
¿Hay mayor prueba de amor
que esta que acabo de dar?
hectordavid32@yahoo.es
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