Cabaña en el lago: Vecinos

Por Azula
Enviado el 11/03/2014, clasificado en Intriga / suspense
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Durante todo el tiempo que he estado aquí, nunca he visto un amanecer igual que otro, cada uno es diferente y especial; el color naranja es mi favorito, al igual que el rojo y el amarillo. Ese día decidí ir a caminar y ver las otras cabañas alrededor del lago; encontré una cabaña que estaba cerca de la mía, me sorprendió un poco ver a una familia salir corriendo y gritando de esa cabaña. Al entrar en la cabaña, vi que esta era muy hermosa, un poco parecida a la mía; vi que había una señora mayor durmiendo en uno de los muebles, pensé que la habían dejado por estar dormida, la iba a despertar, pero después recordé que estaba muerta y ella no podría verme por más que lo intentara. Se levantó de un salto y comenzó a gritar y agitar sus manos mientras se dirigía hacia mí; me quede inmóvil, no me podía hacer nada, solo me atravesaría como las demás personas, se detuvo en frente de mí y dijo:

-¿Por qué no sales corriendo como las demás personas?

-¿Me habla a mí?

-No, le estoy hablando al perchero que está detrás de ti, claro que te hablo a ti, ¿por qué no estas asustada?

-¿Puede verme?, ¿realmente me puede ver?

-Claro que puedo, nunca hablaría con ese perchero aunque estuviera viva.

-¿También está muerta?

-Que yo sepa si, llevo mucho tiempo en este lugar, más tiempo del que puedo recordar, ¿de dónde eres tú?, nunca te había visto por aquí.

-Soy de la cabaña de al lado, vivo en el ático, normalmente no salgo de ahí, sólo para ver los amaneceres. ¿Usted hizo que la familia saliera corriendo?

-Así es cariño, no es que sea malvada, sólo que el hecho de que aquí haya espíritus, hace que aumente el turismo, veras la cabaña que está del otro lado de tu cabaña no ha tenido visitantes en varios meses, además, ya me habían hartado con sus discusiones y peleas familiares, no me dejan descansar en paz.

-Ya veo, entonces ¿a usted si la pueden ver los vivos?

-Sólo cuando quiero cariño, eso de ser un fantasma tiene sus ventajas, nunca te había visto por aquí pero tu cara se me hace parecida.

-Tal vez usted sepa que paso con mi familia, dice que ha estado aquí más tiempo del que puede recordar. Siempre que alguna familia renta mi cabaña me quedo en el ático, no me gusta verlos, me recuerdan a la familia que una vez tuve, pero ahora ya no recuerdo mucho de ellos. Llegamos a vacacionar en el año 2010.

-Año 2010… si, recuerdo que llego una pequeña familia y pidieron la gran cabaña de al lado, había una pequeña, una mayor y una pareja.

-Sí, la pequeña era yo, mi hermana se iría a la universidad pronto, esas serían las últimas vacaciones antes de que ella se fuera de casa.

-“Shhhh” no me interrumpas que se me olvida, recuerdo que salieron a caminar al bosque, lo siento cariño, eso es lo único que vi, estaba ocupada molestando a mis inquilinos de ese entonces.

-Ya recuerdo, salimos a caminar y me caí en un pequeño barranco, cuando desperté llame a mis padres pero ya no estaban ahí, creí que habían regresado a la cabaña. Intente regresar a la cabaña por mi cuenta pero cuando volví ya no había nadie, mis cosas ya no estaban y subí a llorar al ático por varios días esperando a que volvieran por mí.

-Eso suena muy triste cariño, ¿sabes que te animaría?, ver a como pescan los visitantes, vamos será divertido.

Supuse que será bueno distraerme por un momento con la compañía de esa casi anciana. Salimos de la cabaña y comenzamos a caminar, un sujeto con un niño se nos acercó, no estaba segura si nos podía ver o no, hasta que saludo a mi acompañante, la llamo señora Lidia, supuse que ese era su nombre. La señora lidia me presento al señor preocupaciones, como ella lo llamaba y a su pequeño hijo, les dijo que iríamos a ver como pescaban y ellos decidieron acompañarnos; detrás de nosotros se escuchó un pequeño grito:

-Señora Lidia, espérenme- era la señora Carlota – ¿A dónde van?

-Vamos a ver como pescan los visitantes, y posiblemente a asustar a uno- dijo la señora Lidia.

-Que bien, ¿puedo acompañarlos?- dijo la señora Carlota.

-Ya sabes la respuesta- contesto la señora Lidia.

-Y a todo esto, ¿Cómo te llamas pequeña?- dijo el señor preocupaciones.

Estaba a punto de responderle pero no sabía, me parecía imposible no saber mi propio nombre, aunque llevaba mucho tiempo sin hablar con alguien, supongo que era razonable.

-No recuerdo- respondí algo confundida

-Tiene cara de Sandy- dijo el pequeño que se aferraba a la mano de su padre

-Bien, desde ahora te llamaremos Sandy, ¿Te parece?-

Hice un gesto de aprobación con mi cabeza. Llegamos a la orilla del lago y nos sentamos a ver como pescaban, la señora Lidia contaba chistes e historias graciosas, hacían competencias para ver quien asustaba a más visitantes, claramente ganó la señora Lidia.

Ese día fue hermoso, no puedo tener todo lo que quiero, claramente no tenía el amor de un vivo, pero sentí que volvía a tener una familia y eso me parecía suficiente para ser feliz.


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