EL MERCHERO DE ORO

Por MAD
Enviado el 14/03/2014, clasificado en Varios / otros
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El  pocero era un gran magnate del mundo del ladrillo.


Era un hombre cautivador tenia un merchero que siempre
llevaba y lucia con mucho orgullo, era un merchero de oro del
que siempre le gustaba presumir.


Era un hombre  maniático de ideas fijas que siempre le
gustaba tener las cosas en su sitio, un maniático del orden.




Cuando tomaba decisiones le gustaba llevar sus objetos preferidos.
Sin ellos se sentía inseguro, por eso su merchero era algo  que siempre
llevaba le gustaba tenerlo en la mano acariciarlo con los dedos.


Ese día no llevaba su merchero y no sabia donde podría haberlo dejado.
Por eso mando que alguien fuera a su casa y  se lo trajera.
Cuando llegó su empleado estaba excitado, nervioso e intranquilo.
Su casa había sido objeto de la mas violenta profanaciòn tuvieron que llamar a la policía.


Cuando llegó a su hogar lo encontró todo patas arriba.
No habían robado nada solo  había desaparecido aquel merchero de oro.
La policía se dispuso  a investigar aquel curioso caso donde el robo de un mechero de oro
 era el móvil de aquella violenta entrada en aquella lujosa mansión.




El magnate lo tenia claro alguien le quito lo que mas le importaba.
En aquella lujosa casa solo alguien  que lo conociera bien sabría
lo que aquel merchero supondría para aquel adinerado hombre de negocios.


Pasado algunos días recibió una carta anónima alguien quería que
le diera una gran suma de dinero a cambio de aquel merchero de oro.
El magnate no llamó a la policía sabia que debía de actuar solo.
Cuando llegó entró en una lujosa mansión y fue directo a una
gran habitación con un enorme cama.


Empezó quitándose  la ropa poco, a poco ,desde un oscuro rincón.
Alguien observaba aquella escena, una vez desnudo aquel hombre.
Se tendió en aquella lujosa sábana de satén rojo oscuro
Y una bella mujer se lanzó  en sus brazos, hicieron el amor de forma
apasionada, y estuvieron juntos hasta muy entrada la noche.


Luego  aquel millonario se volvió a vestir y se fue de aquella  casa.
No si antes  obtener su ansiado trofeo aquel merchero de oro.
Una vez aquella excentrica y apasionada mujer se la volvió a jugar.
El adulterio nunca estuvo en sus planes ni acostarse con la mujer
de su hermano le pareció nunca una buena idea.
Pero necesitaba su mechero de oro su mechero de la suerte
Y ella sabia como arrastrarlo hasta su alcoba, como retenerle como hacerlo

suyo aunque solo fuera por unas pocas horas.

FIN


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