Mi primer rapidín con Denisse

Por Romanov
Enviado el 24/03/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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El mensaje era corto y directo.

"¿Quieres tenerme otra vez? Mañana te espero en mi oficina a las ocho de la mañana." El olor de la nota dejada en mi escritorio mientras estaba fuera era delicioso.

Cinco minutos antes de las ocho entré a su lugar. Un espacio abierto, grande y generosamente iluminado.

Ella apareció por la puerta del baño. No esperaba que estuviera ahí, parado a esa hora. Se sorprendió.

El cuadro era excitante: tenía encima una ligerísima blusa blanca, de una tela tan fina que dejaban ver hasta el menor detalle de su senos. Los pezones eran dos pequeños puntos marcados por elevación.

La minifalda de mezclilla se ajustaba de manera perfecta al contorno de su cadera mientras que los monumentales muslos quedaban completamente al aire.

Me miró con ojos traviesos y supe lo que traía en las manos en el momento que me lo lanzó: una diminuta tanga de encajes y adornos.

Parada de puntitas sobre sus pies descalzos recargó la nalgas en la orilla de su escritorio y me llamó con la mirada. La tomé por la cintura, besándola con urgencia, a lo que ella correspondió de inmediato.

Su mano buscó mi entrepierna. Mis manos volaron a sus senos. Buscó con la boca mis tetillas y yo encontré que el vello había desaparecido de su entrepierna: se había depilado. Eso me enloqueció.

No pude más. La subí a su escritorio, se tendió boca arriba, levanté sus piernas y la penetré sin mayores preámbulos. Ella levantó el torso y me ofreció sus pechos, que comencé a succionar y morder mientras ella gemía cada vez más fuerte.

Ambos perdimos el control y nos corrimos juntos entre jadeos y sudor. Cerramos los ojos unos segundos... y después salí corriendo a mi lugar.

Un poco más tarde la vi a lo lejos. La minifalda y la vaporosa blusa habían dejado su lugar al sobrio traje sastre que acostumbraba. Ella me miró y metió la mano a la bolsa de su pantalón... yo hice lo mismo... y ahí encontré su tanga. Ella vio mi cara de sorpresa y correspondió con el guiño de sus ojos.

Ahora sabía que para ella no habría límites.


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