Microatraco pecuniario

Por recazul
Enviado el 19/11/2012, clasificado en Drama
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El señor G, pensionista, estaba contento cuando, “con la que está cayendo”, le subían la pensión. Contento y satisfecho con la decisión del gobierno.

Cada inicio de mes, desde que empezó a cobrar la pensión por jubilación, elaboraba su presupuesto partiendo de lo que percibía, e iba desgranando los euros por partidas, por aquello de evitar sorpresas.

Para la luz, para el gas, para el agua, para teléfono, para la comunidad, para gasolina, para seguros, para comer, para tabaco, para imprevistos y, sin derrochar, aún tenía algún remanente. Pobre pero feliz, no debía nada a nadie, para él y su mujer bastaba. Solo era cuestión de administración.

Con  la subida, esperaba poder ahorrar un poco más y con ello permitirse algún capricho.

Pasaron los meses y como siempre:

Luz, gas, agua, teléfono, comunidad, gasolina, tabaco, imprevistos, comida y, una nueva, para farmacia.

Y, a pesar de la subida, se percató de que las cuentas no le salían. Se vio obligado a suprimir imprevistos, si surgían... ya vería, y con esa partida incrementaría los apartados de luz, gas y agua.

La cuenta seguía sin cuadrarla, y decidió sacrificar parte de la partida para tabaco. En lugar de comprar cajetillas, fumaría tabaco de liar, como su padre.

Gasolina, si realmente ya no necesitaba vehículo, andar era sano, el transporte público resultaba barato, y con el INSERSO podía ir de vacaciones bastante económico. Así que contempló la posibilidad de vender el coche, se ahorraría en gasolina, seguros, impuestos, reparaciones, etc. Decidido,... ¡vendería el coche!.

La partida para comida se quedaba corta, el refrigerador estaba más vacío. ¡Sin problemas!,... comprarían marcas blancas. Incrementaría esta partida con la parte que destinaba a gasolina, seguros y demás. Además se propuso modificar los hábitos de comer reduciendo la cantidad, a su edad con poco bastaba, así que cenarían leche con migas de pan, y con lo que ahorrarían de ahí tendrían para la farmacia, a su edad la botica particular era considerable.

Al mes siguiente, otra vez a desgranar los euros de la pensión:

Luz, la asignación aún se quedaba corta, aflojarían alguna bombilla para gastar menos, y el resto de menos vatios,  la televisión la pondrían menos tiempo,  frecuentarían más el hogar del jubilado, en verano pondrían menos el ventilador y tirarían más de pai-pai, así ahorrarían en luz.

Para gas, cocinarían en lugar de para dos, para tres días, y en invierno, en lugar de poner la estufa (solo cuando el frío apretara mucho), se cubrirían con una mantita más gorda. Como aún no era suficiente, redistribuyó parte de la partida de gasolina y seguros a luz y gas.

Agua, también se quedaba corta esta partida así que,  pondrían la lavadora solo dos veces a la semana, eran solo dos y ensuciar menos era posible. Y también contempló la posibilidad de lavar toda la ropa un día a la semana en las nuevas lavanderías exprés, así ahorraría en luz, agua y detergente. Quizá valía la pena.

La leche la mezclarían con malta, así ahorrarían en leche y en café. En lugar de aceite de oliva pues..., pondrían de girasol, ¡tampoco es tan malo!.

El tabaco, liaría los cigarrillos con menos cantidad de picadura y, con las colillas, quitaría lo negro, desgranaría el tabaco en un bote y podría sacar de ello algún cigarrillo más. 

La farmacia, con esta nueva partida también podría hacer algo, enfermar menos, y si algún día se les “olvidaba” tomar alguna medicina, -por un día que no la tomen no iba a pasar nada-, así alargarían las recetas. 

El teléfono, podría desprenderse de él, pero a su edad era como imprescindible, si les pasara algo no tendrían cómo avisar a alguien. Buscaría algún operador que le saliera más económico.

Fue ajustando el presupuesto quitando de aquí, poniendo allí...,  y así el señor G quedó agradecido a ese gobierno, porque con la subida de la pensión, pudo paliar en parte esos pequeños desajustes y si no fuera por ello, no sabía lo que podía haber sido de su vida. Estaba orgulloso, no en vano, les había dado su confianza, y hasta ahora... ¡no le estaban defraudando!.


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