Tres hombres y una mujer

Por Renzo
Enviado el 02/06/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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¿Hasta qué punto estamos dispuestos a hacer lo que deseamos? ¿hasta qué punto el deseo es deseo o simple imaginación? El paso de la fantasía a la realidad es un límite que no sabemos si es un muro impenetrable o hay una puerta por donde nos animamos a cruzar.

Ella se lo había comentado a su novio en una noche de champagne y lujuria. Lo dijo desinhibida por el alcohol y la intimidad compartida. Fumando en una pausa en la cama revuelta comentó que le gustaría estar con más de un hombre, ser la reina deseada entre varios machos calientes. Todos para ella.

Pasaron un par de meses. Salieron una noche como tantas, a cenar y después fueron a la casa de él para pasar la noche juntos. Dejaron el auto en la cochera y entraron a la casa. Una vez en el living, él encendió una lámpara y le dijo “te tengo una sorpresa”, en ese momento aparecieron dos hombres más que él presentó como Fernando y Lucio, dos amigos del gimnasio. “Los invité para hacerte realidad tu fantasía de estar con más de un hombre”. La primera reacción de ella fue de ofensa, reclamando que al menos hubiera tenido la delicadeza de avisarle. Y cerró afirmando que de ninguna manera se prestaría a ese juego. Él se sentó junto a ella en un sofá y le dijo que no le avisó porque estaba seguro de que ella iba a negarse. Pero que estuviera tranquila, si ella no quería, Fernando y Lucio se irían inmediatamente. Ella pidió algo de tomar y dijo “déjame pensar un poco”. Mientras bebía un whisky, miraba de reojo a los invitados, eran dos tipos atractivos, de buen físico, altos, de espaldas anchas. Por primera vez en su vida estaba ante la posibilidad concreta de vivir su fantasía.

Protestó un poco más, hasta que se bebió lo que quedaba en el vaso de un solo trago y dijo “Esta bien, hagámoslo”.

Su novio, asumiendo el rol de organizador de la velada, puso música y le sugirió que para entrar en clima hiciera un strip tease. Ella se levantó del sofá con una sonrisa pícara y al ritmo de una canción tropical comenzó a bailar y menearse sensualmente. Se quitó los zapatos, y siguió bailando. Llevaba un vestido de minifalda color negro, con breteles. Se bajó un bretel y se revolvió el pelo con una mano. Siguió bailando. Luego bajó el otro bretel. Mientras miraba como bajo los pantalones de los tres hombres algo se abultaba. Comenzó a bajarse el vestido, pero se detuvo justo antes de que asomaran sus pezones. No llevaba corpiño. Bailó un poco más y entonces sí, bajó el vestido negro dejando sus tetas al descubierto. Siguió bajándolo hasta dejarlo en el piso y continuó su danza provocadora solo con una bikini diminuta de encaje azul oscuro. Los hombres bebían y aplaudían. Se puso de espaldas a ellos y comenzó a bajar la bikini, hasta engancharla en la punta de un pie y arrojarla lejos, quedando completamente desnuda.

Entonces la invitaron a sentarse en el sofá, en donde su novio comenzó a besarla y a acariciarla por todo el cuerpo. Ella se dejaba hacer mientras miraba a Fernando y Lucio que observaban sonrientes con la calentura brillándole en los ojos. Entonces abrió el pantalón de su novio, sacó su verga y empezó a chupársela con delectación. Sintió una ráfaga de deseo al sentirse desnuda, chupando una verga siendo observada por dos hombres desconocidos, al saber que estaba con tres machos que iban a cogerla como nunca la habían cogido antes. Siguió chupando hasta descubrir que los invitados habían sacado sus penes y se los ofrecían para se los metiera en la boca. Fue chupando los tres de a ratos, un poco a su novio, un poco a Fernando, un poco a Lucio. Y mientras chupaba a uno masturbada a los otros dos. Como en una película porno.

Los hombres se desnudaron dejando al descubierto bíceps, abdominales, muslos y anchas espaldas musculosas que la excitaban tanto como sus vergas. Ahora chupaba mientras la penetraban desde atrás, hasta que el hombre que se la daba en la boca pasaba a metérsela en la concha y el que se la daba en la concha pasaba a metérsela en la boca. Y el tercero la acariciaba, la espalda, la cintura, las tetas.

Se sentía una perra en celo, completamente entregada a la calentura, tirada en el sofá con las piernas bien abiertas, recibiendo una verga en la concha y otra hundiéndose en su boca hasta el fondo de la garganta. Era un fragor de cuerpos exaltados, de manos crispadas, de pieles sudorosas. Los tres hombres la manejaban cambiándola de postura, horadándola entre las piernas, sorbiéndole los pezones, clavándola por el culo, aferrándola del pelo para hacerla chupar por enésima vez un pene cubierto de su saliva. Ella los provocaba y ellos eran machos feroces que la cojían con fiereza, llamados por el deseo de aquella hembra que gemía y se retorcía gozosa entre sus tres cuerpos de músculos tensos, brillosos de sudor, con las vergas gruesas y venosas luego de penetrarla una y otra vez.

Ella tuvo varios orgasmos, espasmódicos y jadeantes hasta el ahogo. Fernando le eyaculó en el culo. Su novio y Lucio le lanzaron el semen sobre el cuerpo.

Los cuatro quedaron jadeantes y felices, luego de recuperar el aliento bebieron champagne y se relajaron, hasta que las erecciones volvieran.


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