La solución

Por Jordi Cebrián
Enviado el 05/06/2014, clasificado en Reflexiones
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     El mejor momento del día es cuando te duermes. Da igual que alguien diga lo contrario, es la verdad, y punto. Todo el día haciendo cosas y pensando, eso no es natural. Todo tiende al reposo, es la naturaleza quien lo dice, no yo. Y si alguien se atreve a contradecirme, es que es antinatural. Como un vampiro, o un dios. Ir contra natura sólo tiene un resultado: ser devorado por la naturaleza. Bueno, que me pierdo, a lo que iba. Estaba yo cavilando en mis cosas cuando me vino a la mente esa idea, la de que todo tiende al reposo. Por ende, todos los animales están mejor cuanto menos esfuerzo realicen. Se podría decir que la cantidad de energía gastada es inversamente proporcional al placer, tanto físico como mental. Cosa lógica es pensar que el mayor estado de reposo, y en el que mejor se está es cuando nos dormimos. Sí, eso sería lógico, y es la conclusión a la que llegué, pero no por mucho tiempo. Seguí dándole vueltas a la cabeza, disminuyendo con ello mi comodidad más inmediata como animal, y encontré otra conclusión más razonable: dormir no es el estado de mayor reposo, hay un estado en el que se está más en reposo aún. Para los que no me sigan, mejor voy a decirlo: la muerte. Sí, como suena, la muerte significa reposo total y absoluto, sin interrupciones e indefinidamente. Siguiendo la regla natural antes expuesta, se podría decir que lo que más placer inmediato da es morir, y no dormir como todos creíamos hasta ahora.

     Vale, puede sonar un poco raro, pero será mejor analizarlo antes de llegar a un veredicto. ¿Acaso alguien se ha quejado? ¿Alguien se ha despertado de su muerte gritando y vociferando , fruto de algo terrorífico? No, nadie se despierta una vez ha muerto, y os voy a decir el porqué. Cuando estamos haciendo algo que odiamos, rápidamente buscamos alguna excusa para dejar de hacerlo. ¿Quién no estaba de pequeño en clase distrayéndose a cada mosca que pasaba? ¿Quién no se ha dormido en la oficina mientras hacía los balances anuales? ¿Quién no ha dicho que le duele la cabeza antes que practicar sexo con un inexperto/impotente/torpe? Como se suele decir, el que esté libre de pecados que tire la primera piedra. Bien, y como suele pasar, si los factores son antagónicos a los originales, los productos también serán contrarios. Por eso no podemos dejar de hacer las cosas que más nos gustan, por absurdas que sean. Esto es así, es como una regla matemática, indiscutible. Y casualmente lo que más nos apetece a todos después de un duro día es dormir en un sitio cómodo, fresco y, a poder ser, libres de preocupaciones. Bien que hay etapas de la vida en que no quieres irte a la cama, o quizás sí, pero no a dormir. Pero tarde o temprano nos damos cuenta de que algo que hacemos diariamente más de la mitad de nuestro tiempo debe ser lo mejor del mundo. Y la muerte está un nivel por encima, así que morir es más placentero que dormir.

     No nos confundamos; no estoy hablando del hecho de morir, aunque lingüísticamente pueda parecer que sí. Estoy hablando del hecho de estar muerto. A nadie le gusta morir; es engorroso, pesado y a veces doloroso. Ahí estamos todos de acuerdo, el proceso que nos lleva de un estado a otro es horriblemente decepcionante en comparación a lo que queremos conseguir. Pero, os invito a reflexionar otro punto más: ¿no nos despertamos cada día? ¿levantarse de la cama para ponerse a hacer algo productivo no es lo peor de todo? Y aún así lo hacemos cada día. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla: para poder llevar a cabo el placentero proceso de irnos a dormir, necesitamos estar despiertos. Y para estar despiertos, necesitamos levantarnos de la cama o del sofá. Así pues, queda claro que cada día hacemos algo que no nos gusta para nada porque es necesario para volver a nuestro estado predilecto de reposo. Así pues, no veo ninguna exageración el aguantarse para morir y luego ya estar muerto todo lo que queda de eternidad. Pero no nos paremos aquí, sigamos indagando en este turbio asunto.

     Si algo de lo que hacemos molesta a otra persona, lo lógico es pensar por el prójimo y contribuir a que él aumente su placer inmediato reduciendo nosotros el nuestro (típico ejemplo del vecino joven con la música alta y el anciano con sueño). Ser buena persona significa, entre otras cosas, ayudar al resto, entendiendo esto como mejorar la calidad de vida de todos entre todos. Así pues, se podría resolver la siguiente ecuación natural: estar muerto es el mayor placer de todos; la convivencia se basa en intentar mantener un nivel equilibrado de placer entre todos, tendiendo a la alza; como animales gregarios que somos, contribuir a la buena calidad de vida de todos es una obligación; lo mejor de alcanzar un estado de placer es la diferencia que hay entre éste y el anterior, siempre y cuando sea un resultado positivo. Con todos estos factores tan claros y diferenciados es fácil atar cabos, al menos para mí. La mejor forma de mejorar la convivencia entre humanos es matarlos a todos. Matar a una persona crearía un vacío extremadamente incómodo en su entorno, entre dolor emocional por parte de sus allegados, falta de gente que ayude a levantar el país y otras cosas. Así que mi propuesta para crear un mundo mejor empieza y concluye con un gesto muy sencillo y rápido: el exterminio de la raza humana. Desde un punto de vista antropológico puede parecer una temeridad, pero si lo miramos con la perspectiva de la naturaleza, se puede comprobar que es la única forma de solucionar nuestros problemas. Como dice el refrán, muerto el perro se acabó la rabia.


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