Clandestinidad

Por Anaïs Anaïs
Enviado el 16/06/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Hoy es lunes. Ya nos vimos a la entrada del edificio y desde ahora te tengo en la mira. Implacable espero cada amanecer para correr a tu encuentro.

Enfermo de ti me perturban mis ideas, mis pensamientos y ya vivo con ganas. Con ganas de tenderte en la cama, abrirte las piernas y hundir mi boca en medio de ellas para lamerte y mamarte hasta hacer que se te ponga duro y delicioso ese pequeño miembro que ordenará dar la bienvenida a mi asta, Con ansias de hacer que te vayas mojando cada vez más, seguir mamando, frotando mis labios sobre tu clítoris, mis manos en tus senos apretándolos, presionando tus pezones y estirándolos mientras sigo con un ritmo enloquecedor, hasta que me embriagues con los aromas de tus líquidos y tu sexo se disponga

Dejo una de mis manos en tus senos y con la otra te meto dos dedos, bien adentro. Los agito dentro tuyo y estás mojada, muy mojada; los meto y los saco una y otra y otra vez cada vez más adentro mientras los ahora apretados labios enrojecen. Se hinchan. Sigo chupando y frotando y mamando tu sexo mojado, caliente y delicioso. Empiezas a gritar y a moverte más y más presionando mi cabeza contra tí y te mueves estrepitosamente. Siento cómo te agitas y te vienes y te mojas cada vez más y más y más.

Tu sexo pide el mío, estás muy mojada, muy caliente, gritas y pides más y en un impulso apretando mi cabeza contra tu sexo, te derramas toda acompasada por un escandaloso orgasmo... y me retiro y te meto de repente la verga levantando tus piernas sobre mis hombros y clavándotela con todo mi deseo. Fuerte, más fuerte. ¡Qué rico se siente! Sientes mi pene con una erección imposible, duro, caliente, firme clavándote con todo. Mis manos en tus senos aprietan mientras con tus piernas, ahora en mi cintura, me atraes hacia tu cuerpo. Tus líquidos mojan mi entrepierna, Tu calor me abruma. Tus gemidos me llevan a un lugar desconocido y soy libre de hacer contigo lo que añoro.

Gritas de placer mientras yo jadeo al clavarme sintiendo como mi verga se hunde en tu sexo hasta el límite de mi pasión. Gimo, incontrolablemente gimo y ahora somos dos fundidos en un solo cuerpo. Siento las contracciones de tu vagina y eso me hace gemir más. Siento mi verga apretada por tu vagina deliciosa y caliente.

Siento que voy llegando y empujo con más fuerza y me derramo con esa explosión que te provoca ese orgasmo, el más placentero, el más violento. Me derramo dentro de ti, toda mi leche espesa y caliente te llena, te inunda y sales de ti en interminables convulsiones. De pronto estallas y te dejas llevar por el ritmo con que tus fluidos empujan para que mi pene abandone la lid. Es inevitable, estoy más excitado. Me derramo de nuevo y el ciclo se repite. Luego del último gemido mutuo, desfallezco sobre tu cuerpo jadeando contigo hasta recobrar sentido.

Pasaron sólo dos minutos desde que te saludé y concluyo que es esa manera de comernos la que me ata. Porque comenzamos desde antes. Desde el saludo y el tímido beso en la mejilla cada mañana del lunes en la oficina y acumulamos deseos, sueños húmedos y pasión hasta nuestros clandestinos fines de semana.



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