Tormenta Solar. Parte 1.

Por Joakinmar
Enviado el 01/07/2014, clasificado en Ciencia ficción
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Entro en la habitación. Sucia, desordenada, como si un pequeño tornado hubiese entrado dentro y lo hubiera revuelto. Supongo que alguien ya estuvo por aquí en busca de provisiones, de todos modos mirare por si encuentro algo. Mirando por aquí y allá encuentro unas cerillas, unas vendas y un poco de crema para la piel. La tengo algo irritada. Mirando en el dormitorio, en uno de los cajones hallo un par de pilas y una linterna alargada y negra. Sonrío, pero sé que no servirá de nada.

Nadie esperaría que el ser humano, la criatura más avanzada de todo el planeta Tierra, en lo alto de la escala evolutiva, fuera tan frágil como cualquier otra forma de vida. Vivíamos tan empeñados en nuestras vidas, más preocupados de las crisis económicas, de las guerras que tenían lugar, de los conflictos ideológicos, de lo que le pasaba al famoso de turno o del final de nuestra serie preferida, que éramos inconscientes de que en cualquier momento todo se nos podría arrebatar de un plumazo.

Meto las pilas y al conectar la linterna veo que aun funciona. Un haz de luz alargado ilumina toda la habitación. En ese mismo instante, escucho un ruido. Procede de la habitación contigua. Con sumo cuidado, avanzo por el pasillo y me asomo a la habitación de donde escuche el ruido. Dentro veo a un tipo dormitando sobre la cama. Apoyado contra el armario, veo su arma, un fusil de caza con mira telescópica. Podria robárselo, asaltarlo y reducirlo. Podría matarlo, pero sé que no es buena idea. Con sigilo, salgo del piso y por las escaleras corro para salir del edificio. Ante mis ojos veo la inmensa ciudad, derruida y abandonada. Los edificios ruinosos y desgastados, ya no son más que fantasmas de lo que un día fue el exponente de la civilización humana. Corro hasta ponerme detrás de un vehículo  y registro mis provisiones. Carne enlatada, verduras deshidratadas, un sobre de sopa. Tres botellas de agua, un mechero, vendas, la linterna y una pistola. Tengo de sobra para sobrevivir un día más.

El 19 de Abril de 2015 era un día normal como otro cualquiera. Todos teníamos nuestras vidas, centrados en nuestros trabajos, familias, vicisitudes. Totalmente ajenos al peligro que se cernía sobre nosotros. No fue un atentado terrorista, ni el ataque de un país. Nadie pulso un botón y cientos de miles de hongos nucleares envolvieron el planeta. Tampoco se propago un virus que hizo levantarse a los muertos y convirtió a la gente en cadáveres andantes que vagaban por legiones. No, no fue nada de eso. Solo se trato de un simple y mero fenómeno astronómico. Una tormenta solar.

Salgo de la ciudad y llego a la guarida, entre los arboles de un espeso bosque. Solo es una tienda de campaña. Llevo aquí desde hace 3 años, aunque en realidad, en esta ciudad, llevo toda mi vida. Esto me da cierta ventaja, ya que conozco cada palmo de esta, sé por dónde ir, que lugares no frecuentar, que atajos tomar para huir. Realmente nunca me plantee irme de esta ciudad, y en cierto modo, aunque todo se ha ido al traste sigo aquí. Además, no creo que haya actualmente otro lugar más seguro. Llevo sin contactar con humanos desde hace mucho. Sé que aún quedan, pero prefiero evitarlos. Desde el colapso de la civilización, los humanos nos hemos vuelto más peligrosos. Por sobrevivir, somos capaces de lo que sea y he visto cosas horribles. Yo también  he tenido que hacer alguna. No es algo que recuerde con orgullo. Por ello, es mejor pasar desapercibido, no llamar la atención. Ir a la ciudad unas horas, para enseguida, escabullirse.


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