BLANCO DESPERTAR 2

Por masque cuento
Enviado el 02/07/2014, clasificado en Terror
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Ne me quitte pas Ne me quitte pas Il faut oublier Tout peut s'oublier Qui s'enfuit déjà Oublier le temps Des malentendus Et le temps perdu A savoir comment Oublier ces heures Qui tuaient parfois A coups de pourquoi Le coeur du bonheur Ne me quitte pas
(Ne Me quitte pas)


Al tararear nerviosamente la canción, me dirigí al cuarto donde nacía aquella melodía, el sudor era pieza clave en el aroma de mi cuerpo y en la distinción de mi existir, al mirar el piso, aquellas huellas de sangre parecieran que me hubiesen pasado presurosamente por mi descuido y se internaran entonces en el cuarto sin yo haberme dado cuenta, el café, las calles desoladas, la cerradura, el aroma a azufre, el sudor de mi cuerpo, la música, las huellas de sangre eran en conjunto, secuencias de un trágico e interrumpible final, un final que desde hace muchas primaveras había fabricado para otra persona, y era casi impensable que aquellas secuencias terminaran perpetuadas en mi existir. Al avanzar por el corredor un peso incontrolable se posaba en el interior de mis zapatos y me impedía cada vez más llegar a la puerta, pero mi curiosidad me alentaba a seguir el andar, cuando me encontraba en frente a la puerta logre divisar una frase escrita en un tono rojizo y seco, plasmada al parecer con un pincel o en el peor de los casos con el dedo, una frase que nunca antes había estado ahí, esta frase decía ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! (fragmento, canto tercero, divina comedia)
Posé mi húmeda y temblorosa mano en la mitad de la puerta para no tocar la frase y la empuje suavemente para no hacer ningún ruido como queriendo sorprender a quien o a quienes se encontraran en el interior, poco a poco la puerta se fue abriendo, dejando ver en el interior un espeso humo que lo invadía, haciéndome automáticamente cerrar los ojos. El abrir la puerta fue un llamado al escape de todo el humo que se encontraba en el cuarto, en cinco segundos el interior ya se encontraba despejado pero mis ojos permanecían cerrados por un miedo intenso a contemplar lo que encontraría horrorizado; lentamente mis ojos recobraron su funcionalidad con el permiso de mis parpados, sobre la cama yacía una mujer sin vida con su cuerpo mirando hacia abajo, su cuerpo estaba cubierto de sangre y sus manos cerradas apretando un papel blanco, de repente la ventana se abrió y una nube espesa salió produciendo un ruido infernal como cuando se sacrifica un cerdo, horrorizado desconecte el aparato que daba vida a aquella melodía, me acerque a la mujer y con fuerza la gire para contemplar su cara, cuando su cuerpo se encontraba mirando al techo, observe su rostro pero no pude reconocerlo, estaba cubierto de cabello y sangre, con mi mano limpie su cara, aparte su cabello y mi sorpresa fue tan grande que di un salto y quedé sentado en el tapete del cuarto, era la mujer que había perseguido y espiado por meses, era la mujer que compraba libros y me regalaba 2 minutos de su tiempo, mientras le entregaba el cambio, para entablar una conversación y sacarme de aquella monotonía miserable.
Me reconforte, hallándome parado mirándola fijamente, de repente exhalo un suspiro y gritando me dijo que porque había hecho eso, que porque le había arrancado la vida, que porque… dejo de respirar y quedo con sus ojos abiertos. Horrorizado grite que yo no había hecho nada y salí presuroso por el corredor, me encontré el baño de frente al cuarto, entre y cerré la puerta, me senté en el piso de la ducha y coloque mi cabeza en medio de las rodillas, permanecí sentado al parecer más de dos horas. La desgracia se había apoderado de mí, cuando pensé que no podía ser más desgraciado, me pare y fui al lavamanos, me pare frente al espejo y cuando sostuve la mirada atenta sobre el espejo, me di cuenta que estaba invadido de sangre y mis ojos perdidos miraban fijamente mis manos, carcajeaba desenfrenadamente y un humor se apodero de mí, a tal punto que el llanto era fiel acompañante de la tos, salí del baño riendo y aplaudiendo. me dirigí de nuevo al cuarto, abrí la puerta, ya era de día, el cuarto estaba vacío y yo me hallaba limpio y vestido de blanco con un camisón que bloqueaba el movimiento de mis cuerpo, de repente entro un hombre vestido de blanco y riendo dijo “ ha llegado tu hora maldito enfermo, apiádate de tu existencia y cierra los ojos para que la corriente libere todo el mal de ti”


Esta historia se halló arrugada en el puño de la mujer que yacía sobre la cama…


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