Somos 3 - sin cargos adicionales

Por Buglar
Enviado el 11/08/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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“Busca una puta” fue su respuesta cuando él se lo sugirió. Al principio se quedó frío, sin entender el verdadero sentido de sus palabras, pero luego ella lo aclaró todo: “Contrata a una profesional, morena, con buenas tetas y hacemos el trío que quieres”.

Él sonrió y le clavó la verga con fuerza, aprovechando que ella estaba más húmeda. Ella no pudo contener el gemido y agregó: “Ya sabes que siempre hago lo que quieres. Soy tu puta.”

Esa noche echaron uno de los mejores polvos de su vida, imaginando en cómo sería aquella sesión con una acompañante extra.

Él hizo su tarea y un par de semanas allí estaban, juntos de nuevo en el motel de siempre y con una amiga extra.

Las chicas se desnudaron casi por completo y se apoderaron de la cama, y él arrimó un sillón hasta la esquina para estar cerca y tener una buena visual.

Llevando sólo sus braguitas, Candy (así se hacía llamar la invitada) y su mujer hablaban con naturalidad y se veían la una a la otra sin disimulo. Él siguió su ejemplo y se quedó sólo con su boxer, mientras les ofrecía un poco de vino a ambas.

Rápidamente el licor hizo su efecto y las chicas sonreían juguetonamente, mientras seguían su excitante juego de observación mutua. Candy quiso romper el hielo y tomó por el mentón a su mujer. Mirándola tiernamente le preguntó: “¿Es tu primera vez con otra chica, verdad?”. Ella asintió. “Bueno, voy a ir despacio… me avisas cualquier cosa”. Pero en realidad no pudo terminar la frase, pues rápidamente la novicia tomó la iniciativa y le zampó un beso lleno de ansias.

Las dos mujeres comenzaron a besarse y tocarse intensamente. Candy acariciaba las tetas de Sara (así se llamaba la novicia); mientras que ésta mostrando un arrojo inusual comenzaba a hurgar con su mano la entrepierna de la invitada. Con sus dedos acariciaba la concha que comenzaba a humedecerse y a mojar el fino hilo.

Movida por el deseo de complacer a su macho, quien seguía la acción desde su asiento. Sara escabulló sus dedos dentro de la panty de su nueva amiga y comenzó a hundir sus dedos en su sexo. Le sorprendió lo mojada que estaba ya y pensó para sí misma: “Esta es una puta de verdad.”

Movida por las ansias de excitar a su pareja lo más posible, se abalanzó sorpresivamente entre las piernas de Candy. Removió sus panties y comenzó a lamer el sexo de aquella hembra en celo.

La escena lo puso como a una moto a él. Le resultaba demasiado excitante ver a su mujer comiéndose el coño de otra mujer, y más con aquellas ganas que lo hacía. La puta parecía ella y no la contratada.

Candy quiso recuperar algo del control perdido y con movimientos certeros se colocó de forma tal que las dos mujeres hacían un 69 perfecto. Con la habilidad del oficio comenzó a lamer la vulva de su compañera de una forma tal que ésta no podía evitar los espasmos y contracciones. En menos de tres minutos le regaló un orgasmo que la dejó exhausta, desfallecida.

El notó que estaba sin fuerzas y le hizo el relevo en la tarea de comerse el coño de Candy. Se abalanzó entre las piernas de la puta y comenzó a lamer su vulva y mordisquear su clítoris, hasta ponerlo rojo e hinchado.

Ver a su macho tan de cerca, haciéndole eso a otra mujer, pareció ayudarla a recuperarse. Más temprano que tarde su lengua se encontró con la de él en medio del sexo de la invitada, que ahora también alcanzaba su primer orgasmo. Entre los dos la hicieron acabar y luego se besaron para compartir los flujos de la contratada.

Aquellas dos mujeres satisfechas, quisieron agradecer al macho que las había unido en el placer. Lo invitaron a tenderse en la cama y comenzaron a lamer su glande. Si su mujer antes se besaba con él entre las piernas de la morena, ahora se daba lengua con Candy alrededor de su guebo.

Candy tenía las habilidades de una profesional y chupaba su cabeza con un movimiento circular, aflojando la succión solo para lamerla como a un chupeta. Mientras, su mujer le mordisqueba el tallo del pene por un costado y acariciaba sus bolas.

Sentir a aquellas dos mujeres y verlas en 4 alrededor de su virilidad no le dejaban flaquear ni por un segundo. Más le excitaba ver como se extendían las manos la una a la otra, para acariciarse una teta, tocar la vulva de la socia o acariciarse las nalgas, mientras estaban en la faena.

Cuando presintió que iba a acabar, quiso incorporarse y poseer a alguna de las hembras. Estaba indeciso y fue su mujer la que le dijo: “Cogetela a ella”. La invitada rápidamente tomó su lugar: se colocó de perrito frente a él, no sin antes acomodar la cabeza entre la pierna de otra clienta.

Él tomó a aquella bella morena por las caderas para penetrarla desde atrás. La verdad estaba divina. Tenía un coño cerradito, que le apretaba el guebo y se lo calentaba. Un culo ancho y voluminoso con una firmeza que nunca había visto. Espaldas lisas, muy delgada en la cintura, pero luego se ensanchaban hacia los hombros. Mientras la penetraba, podía sentir sus tetas bailar. ¡Que buen polvo!

Pero lo mejor era ver al otro extremo a su mujer con las piernas abiertas de par en par. Con las manos separando los labios de su cuca, gimiendo y gritando de placer, mientras aquella morena de ensueño se comía de nuevo su sexo.

Viendo a las dos mujeres gozar y guiándose por la respiración de la puta, aceleraba la embestida contra las nalgas de la morena. Esta a su vez, al recibir aquella energía en su vientre, hundía más su cara en el sexo de su mujer, y algún que otro dedo, arrancándole  gemidos de genuino placer.

Tras varios minutos de frenesí, donde sujetó a aquella hembra por ls hombros y se la cogió con todas sus fuerzas, no pudo aguantar más y, sacando la polla rápidamente de su escondite, llenó de semen aquellas morenas nalgas, la espalda curvilínea  e incluso el pecho de su mujer. la cual también llegaba a su segundo orgasmo.


Los tres amantes se tendieron en la cama. Candy era multiorgásmica y puta de verdad, así que les confesó que ella llevaba tres deliciosas acabadas y que si bien el tiempo se había cumplido para ellos, podía quedarse un rato más con ellos, sin cargos adicionales.


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