Noche de Octubre

Por Vanessa
Enviado el 01/12/2012, clasificado en Intriga / suspense
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Debí de haber sabido que te acercabas, con un paso igual que tus palabras, silenciosas, lentas, inmorales, poco a poco, detrás de mi, te acercabas y nunca te vi venir, solo ahora, que siento el peso de tu cuerpo sobre mi espalda, me lastima y me nubla la mirada, quiero correr, quiero correr y gritar, pero tengo los pies hundidos en el concreto, que hago, todos me ven pero se quedan indiferentes, como si creyeran que estoy recibiendo mi castigo, el castigo por la cobardía, el castigo por la obsesión.

Me duele verte tan tranquila y hermosa, un recuerdo en la neblina de la mañana, promete algo mejor, promete paz después de la espera tan larga, me asegura que no me volverán a llorar los ojos al exponerme al viento, al viento tan cruel de los Homo sapiens, que me miran sin entender, que no saben que por la mañana lastime mis puños, derramando mi rabia colérica en una pared tan áspera como tu indiferencia, mientras gritaba por la  incomprensión, por sentirme tan apartado, tan fuera de la sociedad, en un cuarto frio y húmedo. El bosque, mi único testigo, fue observador de mi miseria disfrazada de abandono, tan hermoso y tan cruel, tan indiferente como mi sociedad.

Salí de una cueva horrible, no desagradable por su piedra, ni por su pintura, si no porque en ella se guardaron mis recuerdos de tristeza, en ella llore, en ella grite, en ella me volví casi loco, y casi cometo los actos mas despreciables a la criatura mas inocente, y aun así la llamo casa, y evoco su recuerdo con un aire de melancolía, extrañándola como si hubiera sido algo bueno para mi, como si en ella hubiese sido feliz, ahora hablo de mi cueva recordando lo bonita que era, porque no quiero recordar la sangre y la hinchazón de mis manos, la furia de mis palabras, ni el resentimiento de mi corazón, ese corazón que me haces sentir inexistente, lo desprecias, no lo miras, lo tomas como algo inferior, como si no valiera la pena siquiera voltear a verlo, me has hecho mucho mal, tu , casa húmeda y sin embargo regreso a ti, pensando en que algún día, tuvimos algo bueno.

Dilo Victor, dilo, si no puedes decirlo, por lo menos escríbelo, y pégalo en el pizarrón, imaginando que algún día un alma compasiva vendrá a consolarme, porque el mal ya paso, ya esta hecho, ya no se puede reparar ni prevenir, lo único que queda por hacer es dar consuelo.

Mi reloj de mano marca la hora en la cual debo de sustraerme de mis fantasías y avanzar, en línea recta, hacia el cuadro de aprendizaje, sin desviarme, sin voltear la mirada, ¿por qué entonces no puedo volar? Hoy viernes por la tarde, sin duda alguna, viernes melancólico, viernes agridulce.

¿Qué es esto? Yo quería un relato de amor, pero al parecer mi vida degeneró en un relato de odio y venganza, nunca lo vi venir, de verdad, nunca sentí mi destino, era tan feliz, si es que acaso alguna vez fui feliz, lo fui, lo fui en el estado de inconciencia de un niño, un niño que no distingue el rosa del azul, solo en ese entonces, tan feliz. Pero entonces llego una sombra y poco a poco fue consumiéndome, poco a poco, detrás de mi, sin siquiera una vil advertencia, pudiera haberme avisado que venia por mi, pero no lo hizo, solamente me dio una palmada en el hombro cuando ya me tenía en sus brazos.


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