Amor Y Promesas Rotas (Capitulo I )

Por Arledk
Enviado el 03/09/2014, clasificado en Amor / Románticos
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 Al llegar se acercó a la barra, pidió lo de siempre. 2  cucharadas de azúcar, un poco de leche y vainilla. Dio media vuelta,  café expreso en mano, busco un lugar en el segundo nivel. Encontró un sillón con una pequeña mesa al frente, cerca de una ventana. El lugar era perfecto, y es que ese Starbucks era un lugar ideal para relajarse, escribir y pasar un buen rato. O por lo menos eso pensaba Mario.

Después de lo que había pasado, frecuentaba mucho aquel lugar. Es que una racha como esa, podría destrozar a cualquiera.

Se sentó, saco el ordenador y comenzó a escribir. Personas iban y venían, el lugar se llenaba  y se vacía por ratos. Y sin darse cuenta, anocheció.

-          ¿Qué haces aquí? – una voz femenina lo llamaba a lo lejos

-          No deberías sorprenderte…

-          No debería, me preocupa que siempre estés aquí – su voz sonaba cada vez más decaída

-          Anda, vámonos de aquí, comamos algo que ya es hora de cenar

Mario y Diana  salieron del Starbucks. Y se dirigieron al patio de comidas. Diana, que en los últimos 2 meses, había acompañado a Mario en todo ese tiempo, poco a poco se enamoró de él. Y ya, desde hace varios días, que ella lo encontrara en aquel lugar, no era casualidad. Muchas veces incluso lo seguía. Ella decía solo preocuparse por él. Pero sus amigos, sabían que eso no era así.  Además, había algo que impedía que Diana gritara su amor por Mario, había una razón. Y esa razón, en aquel momento, se había acabo de cruzar en su camino.

-          ¡Mario! Amor, te había estado buscando toda la tarde, ¿Dónde te habías metido?

Mario se limitó a sonreír tristemente. Aquella simpática chica, se acercó a él. Y, sensualmente, lo abrazo y beso en los labios. Cris parecía contenta de ver  Mario, aunque esa alegría más parecía sorpresa. Diana lo sospechaba. Mario salía con cris, aunque esta, lo tenía algo descuidado. Claro que también estuvo con él cuando la necesito. Pero luego, las cosas entre ellos se enfriaron. Y no porque Mario la haya dejado de querer, sino porque simplemente necesitaba estar solo, y pensar un poco más en lo que sería su vida.

Cris, no lo tomo un tanto así. Y fue por eso que, luego de muchos malentendidos, las cosas entre ellos habían cambiado. Mario también lo sentía así, el hecho que no rompiera fue solo porque Mario tenía esperanzas de que las cosas, algún día, volvieran  a como antes. Con el pasar de los días, esto cambio en sus ideas. Dejaron de compartir tiempo junto y se distanciaron mucho. Lo sentimiento de Mario, estaban casi muertos.

Cris cometió un error. Esperar que las cosas se arreglen por si solas. Sin embargo, fue diana quien aprovechó ese error. Aunque lo que ella verdaderamente quería, era estar con él.

Le quería tanto, lo amaba. Pero era demasiada reservada como para decírselo. Y, además, como declararse a un chico que ya tiene novia. O peor aún, como un chico como él podría fijarse en una chica como ella. Seguramente había muchas chicas atrás de él, y muchas más con las que él quisiera estar.

-          Que les parece si entramos a ese lugar a comer algo.

-          Perfecto, entremos, que muero de hambre – Cris tomo del brazo a Mario, y pego su cabeza a su hombro

-          Chicos, yo paso. Mejor para la próxima…

Dio media vuelta, pero Mario le sujeto de la camisa. Le pido quedarse y le sonrió. Eso fue más que suficiente para que Diana aceptara. ¡Al diablo todo! Tendría que olvidarse un rato del sermón que le daría sus padres por llegar tarde a casa, pero sería por una buena razón.

Mario le había sonreído, y cenaría con él.

A Cris la idea no le gusto del todo, pero no podía negarse. Después de todo, tendría que hablar con Diana a solas, pues ya había notado como aquella chica tímida, miraba a su novio, o por lo menos, al que aún era su novio.

Mario tomo la mano de Diana, y el estrecho con fuerza, jalándola hacia dentro del Restaurante. Diana, sintió como las mejillas se le enrojecían. Si antes tenía una razón para quedarse, ahora tenía dos. No se lavaría Y al avanzar la noche, no solo tendría una razón más, sino que también, una ilusión.


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