Una flor marchita

Por J.M.Y
Enviado el 09/10/2014, clasificado en Cuentos
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Besaba y acariciaba su cuerpo tan humectado en un perfume paradisiaco, que me hacía desaparecer por completo en ese cuartito tan oscuro y apesadumbrado , acariciando su hermosa cintura tan curveada y recorrer mi mano suavemente por ella, por sus pechos algo lozanos y muy orgullosos, sus cabellos que quebraban al encontrarse con su cintura, un tatuaje impregnado en su hombro izquierdo, era una pequeña mariposa toda colorida muy bien dibujado, reflejando en ella una vitalidad y mucha libertad – pensaba yo- .

No le pregunte que significaba tenia.

- Se llamaba Lizet, era una muchacha con una figura esbelta, de unos cabellos largos, un rostro cargado de puro maquillaje, unas pestañas muy dobladas, y esos ojos que traslucían pesadumbre y vejación.

- la conocí una mañana gris de un miércoles, buscando en internet, ofrecía servicios sexuales a cuan visitante apareciera con un precio estándar, tome su número, aparecía ella en una foto que me impresiono, era muy guapa. Pero como era posible que una muchacha tan bella estuviera en esos laburos –pensé-. la llame me dejo su dirección y la ubicación donde se encontraba.

- estaba dispuesto a conocerla, me sentía enamorado mas que ansioso y deseoso.

     Me tomo de la mano, estábamos puestos de pie, era más alta que yo, por los enormes      tacones que tenían puestos, nos besamos, me desvistió, muy educadamente- así lo presentía-

Terminamos teniendo sexo, que era lo que ella hacía. Mientras me bestia le preguntaba por qué se dedicaba a este trabajo, y me contesto con algo de tristeza y agitación, que estudiaba aviación comercial y le hacía falta el dinero para poder costear sus gastos, siempre quiso viajar por el mundo era su sueño. Sus padres le habían echado de casa cuando se enteraron de lo que hacía y que todos le dieron la espalda… su padre la golpeo dejándola casi muerta y muy lívida, fueron sus amigas que también se dedican a eso, que la recibieron, me puse tan sentimental al verla con un rostro desencajado y aprisionado por la esclavitud que estaba pasando. -Quería besarla nuevamente pero no se dejó me esquivo con un ademan incierto.

Le dije que era muy hermosa y tenía unos ojitos marrones muy acaramelados- ella respondió con una sonrisa no muy bien dibujada, talvez porque nadie le había dicho algo parecido, quizás recibía salvajadas e inhumanidades de cualquier gente con quien le tocaba estar. Imaginaba muchas cosas de ella, de cómo la tratarían o recibiría insultos no lo sé…

 

Una flor marchita de la que me enamore, no superficialmente sino sentimentalmente.

La recogía casi todos los días del instituto donde estudiaba. Vivimos en un pequeño departamento que podía pagar, la llevaba todas las tardes a un psicólogo porque ella lo quería, quería recuperar su dignidad, su honestidad… en fin. Cada vez que miraba a un hombre agachaba la cabeza pensando que la reconocerían, muchas veces se cubría entre mi brazo enganchado al suyo, que poco a poco fue venciendo gracias a las terapias de autoestima. Ella decidió estar conmigo, también se enamoró de mi fuimos enamorados casi un año, para su cumpleaños número veintitrés le regale una cadenita de oro simbólico, que puede ahorrar para comprárselo, le conseguí un trabajo un poco más formal, que ayudara un poco a solventar los gastos, nunca más volvió a las calles ni a acostarse con otras personas. Me lo prometió una tarde a solas caminando por aquel parque, testigo de nuestro incondicional querer.

Termino su carrera le ofrecieron trabajar en una aerolínea nacional, viajaba mucho, ya casi no nos veíamos. Fue la última llamada que me dijo que estaba en Australia haciendo ya viajes internacionales que la recibieron en (Virgin Australiay), y estaba muy feliz y muy pronto me volvería a ver.


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