Mi vecino Adam.

Por ElizabethLoops
Enviado el 29/10/2014, clasificado en Adultos / eróticos
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Un día terriblemente caluroso. Llegue al departamento sudorosa y pegajosa. Realmente asqueroso. El ascensor del edificio, otra vez se descompuso y usar las escaleras para subir al quinto piso no era agradable y menos con estos tacos.
Otra vez no encontraba las llaves de la cerradura. El mismo problema de siempre. Cuando más me desesperaba buscando las llaves, aparece él. Mi vecino, todo un hombre, muy guapo. Y también un hombre bastante intimidante. Su mirada oscura era realmente sensual. Como siempre tan educado “Buenos días, Reece” con una leve sonrisa. “Buenos días, Adam”
Encontré mis llaves, ingrese a los confines de mi pequeño departamento, lo más rápido que puede no sin antes dedicarle una sonrisa de cortesía. Estaba realmente incomoda. Era un poco, bastante estúpido de mi parte, él jamás fue descortés o insinuó algo ni siquiera con la mirada, lo incomodo era verlo después de varias sesiones de masturbación en mi cuarto pensando en él.
Me di una ducha, después de una cena pequeña. Finalmente me dirigí a mi cuarto, y desnudándome toque con suavidad mis senos, y más abajo hasta mi monte de venus. Hacía tiempo ya desde mi última relación sexual, bastante al parecer por mi excitación. Me recosté y comencé a acariciarme imaginando aquel hombre, sus brazos fuertes igual que su pecho, sus manos sobre mí. Una polla. Me la imaginaba grande y gruesa. La imagen cada vez más real, más nítida, hasta ver su rostro. El rostro de mi vecino. Esa mirada penetrante, oscura. Sus manos rudas apretando mis senos y una embestida de su polla más fuerte simulada por tres de mis dedos. Con cada pensamiento mi agitación era más fuerte, hasta que me corrí con un grito pronunciando Adam. Aun agobiada con mi orgasmo, escuche un sonido. No lo identificaba, era…. El timbre. De un salto me pare y tomé una bata. No sabía quién podía ser. Lave mis manos y corrí a la puerta. Mire por el rabillo, no lo podía creer, era Adam. Mi rubor fue creciendo. Acababa de tener un orgasmo imaginándolo. Esperaba que mi olor a sexo no se sintiera, eso iba a ser realmente vergonzoso. Abrí mi puerta “Adam, que sorpresa”, dije con una voz terriblemente temblorosa. “Uhm, lamento molestar a esta hora, pero me preguntaba si ¿Podría quedarme unos minutos? Están arreglando mi cerradura”
Mi mente saltaba de una opción a la otra. El hombre era sexy, pero muy intimidante y acababa de tener un orgasmo imaginándolo. Pero tampoco podía dejarlo afuera por simples ideas estúpidas y por un orgasmo que él no sabría, sería muy descortés con él. “Por supuesto, pasa.”
Una vez dentro lo invite a sentarse y le ofrecí un refresco. Una gran excusa para respirar, estaba nerviosa y mi mente y cuerpo de un pensamiento a otro imaginando situaciones calientes con Adam. No podía controlar los pensamientos, un pequeño gemido salió de mi garganta. Abrí mis ojos y suspire. Decidí tomar un poco de agua fría para calmarme y sin prevenirlo, ni escuchar la puerta que separa la cocina de mi pequeña sala de estar, sentí unas manos en mi cintura. Una respiración cerca de mi oído, su agarre subiendo a mis senos, sobre la bata y los presionó. Un gemido salió de mi garganta. “Preciosa”. Me giro para estar frente a él y me beso. Fue salvaje y duró. Levanto mi cuerpo sobre la encimera y destapo mi cuerpo de la bata. Gruño al ver mis senos. Los beso, chupo y mordió turnándose entre ambos. Cada vez me calentaba más. Acerco mi cuerpo al suyo y sentía su erección atreves de sus vaqueros, mis manos llegaron a su bragueta y presioné su polla. “Sácala nena, abre mis vaqueros y sácala”. Obedecí y baje sus pantalones, no llevaba ropa interior. Su polla era enorme, me derretí tan solo verla. Adam acerco mi mano a su miembro y lo acaricie, la textura era áspera, pero suave en la punta. Mi deseo acrecentaba cada vez más. “Por favor, házmelo” le roge, estaba desesperada. Él se quitó su camiseta, sus brazos eran tan musculosos como su pecho con una fina capa de vello que bajaba hasta su entre pierna. Realmente me estaba derritiendo. Del bolsillo trasero de los vaqueros, saco un pequeño paquete plateado. Rasgo el paquete y deslizo el condón sobre su polla. Mi lengua humedeció mis labios mientras lo veía, el poso su mirada sobre mi boca. “No te imaginas pequeña Reece lo mucho que me calientas”, dicho esto se abalanzo sobre mis labios y me beso de manera salvaje. Se empujó fuerte en mi carne, quitándome el aliento, mis paredes se extendían para darle paso a su longitud. Envolví su cintura con mis piernas y me apreté más a él. Su boca cerca de mi oído, mordiendo mi lóbulo, mis uñas en su espalda clavándose cuando comenzaron sus empujes. La presión más fuerte, sus manos rudas apretando mis nalgas en cada emboscada. No paraba de gemir hasta que el tan esperado orgasmo llego. Era tan fuerte que me sentía en otra dimensión, totalmente perdida, mientras Adam daba empujes acelerados, su orgasmo estaba cerca. Lo bese mientras seguía sus movimientos hasta llegar a otro orgasmo acompañando el de él. Un gemido más parecido a un gruñido salió de su boca mientras me miraba. Mis gemidos como gritos. El placer en mi cuerpo retumbaba en cada parte. Nunca me habían dado un orgasmo tan caliente como esté.
Unos minutos después se acomodaba su ropa, nos sonreímos. Las palabras estaban de más. Habíamos follado otra vez en mi cuarto. Y, aunque increíble, fue aún más caliente.

Lo acompañe hasta la entrada atando mi bata. Una vez en el pasillo fuera de mi puerta el despeino su cabello “Uhm gracias, por todo fue increíble. Buenas noches” y camino hasta su entrada recordé “Adam tu cerradura….” Dio una vuelta “Creo que no estaba tan descompuesta al parecer” dijo guiñándome con una sonrisa. Antes de que entrara di una vuelta “Oye Adam, ya sabes si algún día tu cerradura se avería otra vez, solo avísame” con una sonrisa en sus labios y con una voz tan sensual como oscura “Por supuesto Reece, de alguna forma presiento en que se va a averiar muy pronto y seguido" Di una vuelta para volver a mi departamento "Algo más Reece" regrese y lo mire "Si Adam?" "Las paredes de los departamentos creó que son bastante finas. Se pueden escuchar muchas cosas en especial desde tu cuarto“. Me quiño y entró en su departamento.

Sin dejar de sonreír ingrese a mi departamento, por supuesto Adam sabia de mis orgasmos pensando en él.

(Nota: No soy escritora ni mucho menos. Pido un poco de paciencia a mi falta de experiencia. Mi deseo es que lo disfruten. Gracias por leer.)


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