El Momento.

Por ElizabethLoops
Enviado el 07/11/2014, clasificado en Amor / Románticos
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Las lágrimas corrían por mis ojos, con una sonrisa. Recordaba, después de tantos años la primera vez. La primera vez que su mirada cruzó con la mía. Aquel momento exacto, que sin saberlo mi mundo iba a estar patas para arriba. Era una mirada que pondría tu corazón a latir a mil por hora. De un azul tan claro como el cielo. Su sonrisa, aquella tan perfecta. Sus rasgos duros.
Era simplemente perfecto. Sus primeras palabras a mí las recuerdo perfectas. Aun podía sonreír al recordarlas. Nuestro primer encuentro. El primero de todos. Y por supuesto fue especial. El llevaba un pastel en manos y yo sin mirar me estrelle contra él. El pastel termino en mi rostro por uno u otro motivo. La suerte es que el también recibió un poco de pastel en su campera de cuero, si yo me avergonzaba el también.
Recuerdo que las disculpas comenzaban a salir de mis labios, hasta ver su mirada y muy poco lograda, escondida sonrisa. Él también se disculpó. Lo ridículo del momento hizo nuestras disculpas apagar en carcajadas. Las primeras de muchas.
El destino parecía empeñarse en que nuestros encuentros fuesen igual de ridículos. Siempre un estrellado, ropa manchada de refrescos, comida y demás. Pero los hacia únicos.
Nuestra primer cita. La esperaba con ansias era el momento más feliz de mi vida, él con un poco de empuje de mi parte me invitó a salir. En realidad, digamos que ya había insinuado mis intenciones de salir con él. Pero espere a que él lo dijera. Por favor era una dama, el hombre invita, con un poco de ayuda.
Salimos a almorzar a un pequeño restaurante italiano. Sencillo, pero el chico sacó todas sus cartas. Era exquisitamente romántico. Reímos, hablamos y reímos, reímos y almorzamos. Y reímos hasta llorar.
En nuestra quinta cita. Una de las más especiales. Pasamos la tarde en el parque. Caminamos en la tarde hasta un pequeño lugar escondido entre árboles. Jamás había ido allí. Él tomó mi mano y declaró a todo pulmón que quería ser mi pareja. Él había estado realmente nervioso, recuerdo verlo pálido y temblar mientras esperaba mi respuesta. Por supuesto dije que sí. Luego en la alegría del momento nos caímos, y terminamos en el hospital. Él chico había dado fuerte con su cabeza contra una roca. Nada grave. Recuerdo casi desmayarme cuando vi sangre en su bello rostro que caía de su cabeza. Otro gran comienzo.
Recuerdo la primer vez que nos dijimos la gran frase Te Amo. Era la primera vez que me entregaba a un hombre. Hizo del momento algo inolvidable. Jamás podría cambiar nada. Fue perfecto.
Nuestra relación era especial, aparte de los golpes constantes, pero ambos vivíamos tan felices. Éramos felices. Cada mirada, cada toqué, cada beso era tan especial como la primera vez. Nos acompañamos cada momento difícil. No siempre era fácil. Claro está, no era todo color de rosa, teníamos discusiones, pero esas nos ayudaban a ser más fuertes y a unirnos más.
Pero un día, aquel en que decidimos alejarnos fue el peor día de mi vida. Las cosas de repente se volvieron difíciles. Nunca nos dimos cuenta de aquel instante en que todo cambio. Parecíamos tan felices y fuertes jamás lo vimos venir. Todo en un segundo cambio y se esfumo en la niebla.
Los días oscuros, las noches eternas. Lagrimas que no cesaban. Jamás sentí en mi vida un dolor como aquel.
Pasaron años. No nos habíamos visto desde la última vez. Pero aquel reencuentro, no iba a ser de menos, los dos nos estrellamos en un bar. Bebidas volando hacia toda dirección. Insultos saliendo de mis labios. Parecía un camionero en toda regla, nada de una dama. Y escuche su risa. Era la más hermosa que había escuchado. Mis ojos se cruzaron con los suyos. No recordaba que eran tan hermosos. Mi mirada se perdía en la suya y se fundía como el oro en el fuego. Jamás olvide de lo que un día sentí por aquel hombre.
Desde ese entonces fue un nuevo comienzo. Un nuevo empezar. Aunque todo era tan diferente. Con el tiempo decidimos regresar. Citas, risas, golpes eso jamás cambiaba, romance. Era tan especial cada momento.
Un día decidimos regresar donde todo comenzó, por lo menos nuestra relación. Aquel lugar escondido del parque. Y fue en ese momento que las lágrimas se derramaron como manantiales de mis ojos. Él hizo otro momento especial para mis recuerdos. Luces colgaban de los árboles, velas alrededor de una pequeña mesa preparada. Él me propuso matrimonio. Por supuesto dije que si antes si quiera que terminara la frase. Esta vez antes de arrojarnos al suelo nos aseguramos de que no hubiera ningún tipo de roca.
Nuestra boda sencilla. Nada extravagante. Pero mis sueños quedaban cortos alrededor de la realidad. No puedo decir que recuerdo exactamente los detalles, estaba demasiado nerviosa para recordar.
Aquel lugar del parque se convirtió en el lugar especial para buenas noticias. Pero esta vez era mi turno. Hacía ya dos años de nuestro matrimonio. Estaba en la dulce espera. Fue su turno de llorar. Me conmovió el alma, era tan feliz con la noticia.
Nació nuestra pequeña Joselyn, una niña igual de hermosa a su padre. Las lágrimas de ambos corrían tan fuerte al ver aquella pequeña niña en nuestros brazos. Nueve meses esperamos el momento, y fue tan especial. Ver aquella pequeña criatura a la que dimos vida.
No pasó tanto tiempo desde que di a luz a nuestro segundo hijo Alex. Igual a su padre también. Al parecer mis genes eran débiles. No fue menos conmovedor que el nacimiento de Jocelyn. Fueron tan especiales.
Los años pasaban rápidos, vimos sus primeros pasos, oímos sus primeras palabras. Los primeros días de escuela. Los vimos llorar, jugar, divertirse, sonreír, cambiar. Crecer.
El tiempo volaba a nuestro alrededor. Pero cada momento lo tomamos como si fuese el último.
Nuestros hijos crecieron. De sus primeros pasos en un abrir y cerrar de ojos, ya volaban fuera de nuestras alas. Formaron sus familias, nuestros nietos. Dios nuestras adoraciones. Fuimos tan felices como cuando los vimos nacer a nuestros hijos.
Decidimos, cumplir nuestros sueños viajamos a diferentes lugares. Vivíamos en una aventura tras otra. Pero nuestra mayor aventura fue amarnos cada instante a pesar de todo. De cada adversidad, de cada momento.
Al regresar a casa, cada cena familiar esta mis recuerdos. Teníamos una familia preciosa. Veíamos ante nuestros ojos los frutos del esfuerzo y del amor inconmensurable. Un orgullo se sentía en mi pecho al ver nuestra familia.
Mire nuestras fotos. Nuestras fotos de boda, aniversario, con nuestros pequeños Jocelyn y Alex.
Fotos de la escuela. De cumpleaños, sus bodas, nuestros nietos, nuestros viajes y la ultima en tomarnos. Hacía ya tiempo mi amor que te había despedido. Que te había dicho adiós. Ansiaba poder volver a verte y decirte una vez más cuanto te amaba, este amor que jamás se apagó. Y ahora era el momento de reencontrarnos. En un suspiro me recosté en la cama. Sí habíamos vivido la vida más maravillosa que podría haber pedido. Con una sonrisa en mis labios, y lágrimas a mí alrededor cerré mis ojos, y te vi una vez más.


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