Transgresión Cruda

Por Diego Salas Crespo
Enviado el 27/01/2015, clasificado en Varios / otros
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Ya se comenzó a sentir intranquilo, se comenzó a interiorizar tanto en sus emociones  que se dejó dominar por ellas… - “un poco conciente creo también”- es por eso que caminaba sin sentido de un lado al otro por su casa, pensando, sintiendo, planeando, buscando soluciones inmediatas para sentirse más tranquilo. – “ya sé, tengo seis pesos, me alcanza para comprarme dos alprazolam de 2 mg, eso me hará sentir mejor...mejor ….mejor….me…. digo! Me calmará!... o no?... no será poco?...”

Se puso las zapatillas más fea que encontró, una bermuda sucia con solo dos cigarrillos sueltos y un encendedor “un cigarrillo para mi, el otro por si me piden”, ah y por supuesto los seis pesos –que de ultima no es nada hoy en día-“ Estaba en mi cuarto, mí Padre se había ido a llevar a mi madre al trabajo, recién me avisaba, así que aproveché el momento para salir; solo estaba mi hermano tocando la guitarra en su cuarto con la puerta cerrada, y la música de mi cuarto seguía sonando sin nadie adentro ya… Abrí la puerta silenciosamente, el portón del garaje estaba abierto, salí; apenas caminaba los primeros metros me observé detenidamente, algo no encajaba. –“mierda! Esta remera de rock no va en ese contexto al que voy donde esa música está vista cómo algo que simboliza a los que odían a los cumbieros… y ellos escuchan cumbia… pelotudos con prejuicios, que como muchos, hablan sin entender”-, paré, di la vuelta y al cuarto a cambiarse esa remera, luego salí con una musculosa vieja marca puma... “ahora sí, más adecuado… mas mimetizado”. Estaba como a tres cuadras de mi casa entrando a la villa, tenía que ir con un paso seguro, la calle tiene sus códigos sino te aplasta, la mirada tranquila, desinteresado…. Controlando las emociones. Cuando estaba en la cuadra que tenía que doblar pasó una moto de policía que recuerdo tenía el cobani un casco rojo, me observó al pasar y yo quedé pensando en si él estará pensando en mi, comenzaba la paranoia. Ya el corazón se acelera, el pulso se siente latir en la sien, en el pecho, en los oídos sordos “sí, diego, ahí tienes tu dosis de adrenalina! Maldito dependiente!!!. “Es un riesgo, mmm...... haber…no!... quédate tranquilo, está todo en tu imaginación, él no me pretende hacer nada!” Creo que comencé a caminar más calmado justo cuando doblé y sólo quedaban esos 300 metros rectos. Antes de llegar ya había uno ahí en la ventanita maldita, donde te atiende la “vieja-loca”. En una bici, en últimas condiciones, casi como el que la manejaba: un pobre negro choro adicto al paco y las pastillas… “con esa gente no me va, pero hay que saber y entender sus códigos, para que no te quieran robar o amenazar, cosa que la gente desconoce por eso es tan robada”. Llegué a la ventanita de la perdición, al pasaje maldito, a la locura de quien te la vende, del que compra, con qué fines… y este el de la bici, vestido obviamente deportivo, todo de azul “que no pesará más de 50 kilos” y de cara consumida me mira y me juzga en su interior. Cayó en mi trampa, para él yo era uno más de él, no le haría daño a sus pares. La “vieja-loca” me atendió rápido: - “hola doña cómo anda, demé dos alprazolam por favor” – siempre hay que ser educado y estar tranquilo para que la situación sea mas manejable, al toque vino con dos alprazolam de esos genéricos, y me cobró los tres pesos que valen cada uno. “Doña, mire que voy a salir por el otro lado porque ahí paro un cana a la vuelta y no quiero que me vuelva a ver”. – “pero si esos están siempre ahí, quedate tranquilo” – me dijo la vieja. De todas formas decidí volver rodeando la manzana y no hacer el mismo camino de ida porque una vez me dijeron “hombre precavido vale por dos”….

Llegué a casa, por el camino de vez en cuando sentía como la certeza de que alguien me estaba siguiendo, pero sabía que era falso. “Sí falso, como esto que acabo de hacer, comprar tranquilizantes para salir de un estado psicológico tal vez creado por mí o producto de un desorden fisiologico y químico en algún lóbulo de mi cerebro, quién sabe… pero, para no ir tan lejos, digamos la verdad, esa palabra que envuelve toda la verdad necesaria: TRANSGRESION”

 

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