A CORAZÓN ABIERTO

Por Federico Rivolta
Enviado el 05/02/2015, clasificado en Amor / Románticos
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Augusto se estaba marchando cuando algo golpeó su espalda, al dar la vuelta vio un rastro de sangre que terminaba en los brazos de Amanda:

- Quisiera creer que esta vez es la definitiva, pero esta historia no tiene fin - dijo ella.

Amanda le imploraba por ese golpe final, pero Augusto seguía estirando la situación.

- Me tenés entre la pena y la gloria. Andate de una vez y hagamos de cuenta que algún día te olvidaré - dijo ella.

Amanda encendió un cigarrillo mientras Augusto seguía parado en la puerta. El cigarrillo se consumió al instante y el fuego llegó hasta su interior, obligándola a quitarse toda la ropa. Desnuda, se clavó los dedos en el centro de su pecho desgarrando su piel; luego, exhalando un profundo grito de desesperación, comenzó a separarse las costillas hasta abrir por completo su caja torácica. Augusto pudo ver las vísceras de su amada, aquellas vísceras que él había dañado durante tantos años. Allí había una faringe anudada, un estómago ulcerado y hasta un hígado infectado.

- Acá tenés mi corazón, está bombeando para vos.

Él se acercó y vio que allí tenía unos diez cuchillos clavados. Augusto tomó uno de los cuchillos y se lo sacó sin saber que ya formaba parte de su cuerpo, por lo que Amanda comenzó a desangrarse frente a él.

La habitación comenzó a inundarse de fluido vital pero Augusto seguía enmudecido ante la situación. Transcurrieron varios segundos y, cuando sus zapatos se tiñeron de rojo, pronunció la frase más elocuente que se le pudo ocurrir:

- No sé qué decir, mejor hablemos en otro momento.

Amanda volvió a cerrar su pecho como lo hacía siempre y encendió otro cigarrillo.

 


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