Cita a ciegas en Casa Mingo. Parte 1

Por Valeria
Enviado el 26/02/2015, clasificado en Amor / Románticos
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Coincidimos en un chat, ya que yo entré en su perfil y después el sistema dejo rastro de que una curiosa le había ?cotilleado?, iniciándose un hilo de mensajes donde él me contaba que buscaba amistad, nada más, invitándome a asistir con un grupo de gente de la red social donde coincidimos, a una cena que se celebraba ese mismo sábado.

Era lunes, pero desde mi cama contesté que no estaba en mi mejor momento, tenía la cabeza en que me acababa de divorciar y quemaba mi duelo entre las sábanas, a lo que me contestó que me haría un resumen de los acontecimientos que me fuera perdiendo, hasta que me sintiera mejor.

Y así poco a poco seguimos mandándonos mensajes a través de ese chat, durante unos 15 días.

Ese fin de semana mi exmarido, se marchó de viaje con nuestros dos hijos a ver a mi exfamilia política y yo ?me veía sola?. entre las sábanas ?.todo el largo puente que se planteaba, aunque no me olvidaba de que había quedado en ir a comer con mi hermana y su marido el domingo, ya que ambos estaban muy preocupados por el estado de ánimo que yo arrastraba

Y no es que no quisiera divorciarme, cuando firmé tenía claro que era lo mejor. El problema era ?. Y ahora que?... salir con las amigas ¿Cuáles?....ir a un museo sola, o de tiendas, pasear por el Centro. Algo saldrá, pensé para contentarme.

Aquel viernes cuando me despedí de mis hijos, con la misma me fui a dar una vuelta por un centro comercial: - Con tal de no estar en la cama lo que sea ? me decía a mi misma.

Tomando un café vi que tenía un mensaje de la red social: era él. Me hablaba de que el sábado tenía una barbacoa con mucha gente y que podíamos quedar, pero le dije que no estaba preparada y a lo sumo me hacía un café. Enseguida me pidió el teléfono para conectarnos de una forma más civilizada y quedar esa misma tarde para tomar algo.

Quería verme en una hora y media en la puerta de ?Casa Mingo?? yo estaba de pena? bueno me había duchado antes de salir de casa, pero mi ropa, mi pelo y mi cara, que dejaba entrever los días que me había pasado llorando.

Entre en una tienda de cosmética y pensaba comprarme algo para iluminar y mejorar mi cara, cuando en abrir y cerrar de ojos me vi sentada en un sillón giratorio, donde dos empleadas me hacían una prueba de sus productos, completamente gratis. Dispuestas a arreglar lo irreparable.

Me dejaron hecha un Cristo, y no me cobraron nada, a lo que yo por vergüenza compre una barra de labios, del mismo tono con el que me los habían pintado.

No había tiempo para más, me dirigí al coche y conduje hasta el famoso asador de pollos.

?///?


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