La perversión.

Por Alexander
Enviado el 30/04/2015, clasificado en Drama
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De repente me enteré de aquella explosión que se acercaba cada vez más a mi rostro, casi muero en aquel instante, pero por fortuna reaccione lo suficientemente rápido como para ocultarme al resguardo de un escritorio. Que horrible experiencia fue, estar en una oficina rodeado de gente común haciendo su trabajo y de un momento a otro darse cuenta de el caos que rodea en el ambiente. No recomiendo que entren al negocio de la vida si no quieren ser pervertidos. 

Después de aquel fatídico día no volví a ser el mismo, todo ambiente era peligroso para mí, desde mi casa hasta el infinito. Me veo azotado por la cólera que representa el estar siempre alerta, quisiera olvidarme de todo esto, pero no puedo. Aquel día la vida pasó a través de mis ojos un láser que les permitió ver, antes de eso era ciego. Cómo podía pensar de la forma inocente en que lo hacía. 

Todo empezó aquella mañana de trabajo, desayuné de forma habitual y me dirigí a trabajar. En el bus iba acompañado de la multitud de pasajeros normales que suelen ir a esa hora a sus trabajos, pero había un grupo de no más de tres que no parecían somnolientos ni obstinados de tener que ir en aquel bus, y no eran colegiales. me acerqué hasta ellos solo para escuchar disimuladamente lo que decían, a ver si sacaba algo de su alerta. 

Su conversación era alegre, no pasaban dos segundos sin que alguno del grupo se estuviera riendo por algo que dijo su compañero, incluso, se reían de la gente que consideraban chistosa, es más, se rieron de mí, ahora que recuerdo. Aunque no estoy seguro de que se hayan dado cuenta de mi presencia de oyente, pero rato después resultó evidente que así había sido. 

Me bajé en la estación más cercana al edificio donde laboro. Trabajo en uno de esos habituales edificios del centro de las ciudades en una pequeña oficina. El último año me fue muy bien, de allí que haya dejado esos minúsculos cubículos para transladarme hasta una pequeña oficina. A fin de cuentas todo ascenso es inútil, llegar a la cúspide es casi imposible, y ese día me di cuenta de aquello. 

Pues bien, ya no laboro allí, pero está de más decirlo ahora. Caminé hacia el edificio, que no queda a más de dos cuadras de la estación, pero me percaté de una sensación extraña en mi columna, ¡era un escalofrío! Cuando volteé para ver si había sido solo un escalofrío normal o uno de presentemiento me atizaron un golpe en el rostro. Quedé incosciente y cuando me paré me di cuenta de que estaba a oscuras en algún lugar, con mis manos atadas. 

Surgió de un momento a otro la luz en la habitación y se acercó un tipo hacia mí, reconocí al rato que se trataba de uno de aquellos grandulones del bus, me pareció de lo más extraño. -Hemos jodido tu día no, seguro eres un desgraciado fisgón, uno de esos de la poli encubierta- -no soy nada de eso, dejenme salir- 

-No lo creo, hasta que nos digas qué rayos hacías escuchándonos, te gusta escuchar tipos, o verlos, mira que hace tiempo que no lo hago con un hombre- Después de eso sacó su ... para mostrarme que se encontraba dispuesto a hacer cualquier cosa. 

-Solo dejenme ir, no soy un poli, lo juro, sino pueden matarme- Dije.

-No es tan fácil, debes hacer algo por nosotros, así como lo haces por tu jefe, serás nuestra perra- dijo -Si es algo carnal prefiero morir antes que dejarme ;;;- 

-jajajja no, pero ya quisieras. Voy a ser claro, venimos siguiéndote desde hace rato ya, sabemos todo de ti, dónde vives, con quiénes, y el resto. Lo que nos interesa es que trabajas en esas oficinas, allí está un tipo que nos debe dinero por la coca, queremos que lo mates, o sino te violamos. 

-No voy a matar a nadie, sociópatas del carajo- -jajajaja sí que lo harás, o sino ya sabes- dijo tocando mis nalgas- 

Desde ese momento pervertí mi mirada del mundo, un hombre bueno en realidad no es más que uno que vive ausente del mundo, en su mundo irreal rodeado de arcoiris, que falso fue creer que todo era así. 

Espero se puedan imaginar el resto, que es la parte más sencilla. Me dieron C4 y me dirigí al trabajo como si nada, al aprecer cuando uno está incosciente cree que ha sido por mucho, además, esa oscuridad no me ayudó a vislumbrar si era de día o no. 

Ahora mi labor va contra esos que atentan contra la paz ficticia, juro que la prefería a esta angustia constante. 

 


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