Conexión.

Por Tazzia Mayo
Enviado el 02/05/2015, clasificado en Adultos / eróticos
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Fue en una noche, una sola noche… o mejor dicho, unas horas.

Fue así, sin más, ninguna lógica podía explicarlo, nadie que no hubiera vivido algo así sería capaz de entenderlo, y siendo así ¿cuántos eran capaces de vivir una conexión tan intensa, tan pura, tan arrebatadora en su vida?

Él, tenía a alguien que esperaba entre sus sábanas, ella, había dejado mucho tiempo atrás a quien se entrelazaba entre las suyas.

< ¿Qué significaba aquello?>

Hacía mucho que nadie se introducía así en su corriente sanguíneo, en los poros de su piel, en cada sensación que la recorría. Decidió descansar un par de horas hasta que amaneciera. Le imaginó allí, entre sus sábanas, junto a ella, mirándola con esa intensidad en sus ojos que se había adentrado hasta el último rincón de su cuerpo, de su corazón. Sin pensarlo, de manera inconsciente, se sorprendió recorriendo su propio cuerpo, mordiéndose el labio y endureciendo sus pezones.

< Tengo qué parar, esto no tiene ningún sentido>

Consiguió conciliar el sueño, aún húmeda por todas aquellas sensaciones que la imaginación y Sergio habían provocado. Ella no era así, ella necesitaba más, más confianza, más? conexión. Era incapaz de recordar una conexión así, tan rápida, tan intensa, tan arrebatadora. Detestaba no sentir el control de sus sentimientos, de su propio cuerpo al que siempre había enseñado esperar a quien había demostrado merecerlo.

Sin saber cómo, pasaron esas dos horas y abrió los ojos. Aún se estremecía recordando, pero ¿el qué? Mientras sus pensamientos no dejaban de colisionar en su cabeza, encendió el teléfono? Abrió los ojos como platos, ahí estaba, un correo electrónico, su correo. Despacio, descargó esa imagen, su imagen, y antes de verla no pudo sino coger aire, de manera profunda, en el que pareció pararse el tiempo. ¿Decepción, desilusión?? ¿Qué era esa vorágine que la atrapaba? Sí, no era su tipo, < ¡qué sorpresa! ¿Qué esperaba de unos cuentos mensajes -sí muchos-, de una persona que estaba a cientos de kilómetros?

Continuó con su vida, pero tres años después no parecía haber pasado el tiempo. Cuando creía haberle olvidado aparecía, un par de mensajes intensos? como él, un par de palabras que la traspasaban y todo su mundo estaba del revés.

Una noche como cualquier otra salió con sus amigas, flirteó con el chico más guapo, de los que eran su tipo, y se vio comparándole con aquel fantasma que aparecía sin previo aviso. Le llevó a su casa y nada más oír cómo la puerta se cerraba, se lanzó sobre él. Entrelazó su lengua con la suya, imaginando que era él, que eran sus manos las que la recorrían, abrió los ojos? pero en aquella mirada no había intensidad.

< ¿Qué más daba? Él no estaba allí, ni tenía intención de estarlo? debía seguir con su vida>

Le arañó la espalda, subió su camisa estrechando su abdomen contra ella y descubrió cómo, aún siendo un desconocido, también había despertado sus instintos, pensando en él o en otro... daba igual.

Tampoco sabía más de Sergio que una dirección de correo electrónico, una ciudad de nacimiento, una edad? y había sido incapaz de olvidarlo. Con cada pensamiento, con cada reafirmación, sus gestos y sus actos con aquel desconocido que sí estaba junto a ella, se convertían en bruscos? incluso duros. Introdujo su mano bajo el pantalón, estaba claro que le gustaba cómo se comportaba y comenzó a acariciarla, provocando que gritara por su liberación; sin desnudarse, sin buscar ser delicados, sin preguntas, aquel desconocido subió su falda y se introdujo en ella. Un gemido inesperado, agudo, salió de entre sus labios, aún era pronto, aún no estaba preparada, pero? ¿para qué? No la importó, solo sintió, imaginó a Sergio entre sus piernas y disfrutó.

Aquello era nuevo, diferente, quizá normal para otros? pero decidió que de ahora en adelante se convertiría en lo normal, también para ella.

Pasaron los meses y un número desconocido parpadeó en su móvil? ?estoy aquí, ven, no sé cuánto tiempo más puedo esperar a convertirte en real?? No era el corazón, no era su mente, era su pulso acelerado y su inercia quienes marcaban cada paso, quienes se subían al autobús y quienes no podían creer que estuviera a escasos diez minutos de él.

< ¿Qué hago? ¿Cómo me comporto?>

Había vuelto a ser ella, aquella que no sentía normales aquellas sensaciones? hasta que le vio. Se convirtió, sintió cómo aquella chica dura con las ideas claras se apoderaba de ella de nuevo besándole en la mejilla ante la sorpresa de Sergio.

< ¿Qué pensaba, que se tiraría a sus pies, qué me sorprendería como hacía años? No, ahora frente a frente, pondré en práctica lo aprendido estos meses>

Se sentaron frente a otro con una mesa de bar entre ellos. Rieron, se miraron y poco a poco Sergio se iba acercando, iba intensificando su mirada si era posible hacerlo más, colocaba su mano en el muslo tenso de Silvia que no era capaz de relajarse? hasta que lo hizo.

Bajó al baño y se miró en el espejo. Necesitaba respirar, controlar su cuerpo, aquel impulso que la llevaba hacia él como un imán. Mientras intentaba conseguirlo apareció, le vio cerrar la puerta y sin darse cuenta estaba sobre el lavabo. Al fin sentía sus labios carnosos, esos con los que se derretía en cada foto, con cada mensaje suyo, de aquel que a través de una dirección de email se había introducido en ella sin pedir permiso. Sin preguntar. Eran besos apasionados, expectantes tras tantos años. Sergio la rodeó con sus brazos, Silvia rodeó su cadera entre sus dos piernas y sus sentimientos hicieron el resto. Recorrían cada esquina de sus cuerpos, se besaban, se descubrían y Sergio introdujo sus dedos en ella, despacio, sintiendo su calor por él? eso que nunca se había enfriado a pesar de no estar junto a ella.

Silvia no podía controlar su cuerpo, cómo se arqueaba ante él, ante quien a través de una foto no había sido su tipo y tras años, en apenas veinte minutos, había sido incapaz de resistirse. Bajo el pantalón pudo sentir cómo él respondía igual, cómo él? de repente en su mente nada dejó de colisionar, todo se volvió diáfano y se separó, le miró a los ojos y se dio cuenta que aquello no era para ella.

De vuelta a casa, se sintió libre, no se había encontrado con Sergio, se había encontrado con ella misma.


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